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Actualizado el 08/02/2013
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Fluir en la bicicleta: el placer de andar en dos ruedas

Autor: La Tercera

A la hora de buscar un objetivo, las personas muchas veces no sienten el esfuerzo y parece que el cuerpo se deja llevar.

Fluir en la bicicleta: el placer de andar en dos ruedas

Cada pedaleo constituye un movimiento mecánico ejecutado por el ciclista, la suma de ellos origina el desplazamiento, la frecuencia genera la velocidad y la fuerza produce la potencia. Luego, todo se traduce en recorrer una cierta distancia en un tiempo determinado, con el consecuente gasto de energía. Si es un paseo, una carrera o trasladarse dentro de la ciudad, la acción de andar en bicicleta puede llevar a un estado de flujo o estar “en la zona”. 

Quizá sin saberlo, esta es una de las razones por la cual las personas andan en bicicleta y sienten casi una adicción. Cuando el deportista o ciclista “fluye”, tiene una sensación de estar poseído por un alto grado de concentración activa, absorción total de cada movimiento, superación del ego y llegada a un punto cúlmine que hace desaparecer los problemas y la noción del tiempo. La experiencia de flujo requiere de una perfecta y equilibrada integración de cuerpo y mente.

El deporte permite usar el cuerpo para alcanzar un placer físico y mental máximo; es decir, una experiencia óptima o de trascendencia que va más allá de ganar una carrera, de lo bien que nos hace para nuestro organismo, del logro económico o de ser reconocidos. Una salida solitaria o en grupo puede “elevarnos” y hacernos sentir “en la zona”. En ese momento, la atención es tan eficiente que la mente y el cuerpo actúan juntos como una sola unidad integrada en un piloto automático. Y eso nos hace sentir bien… fluir.

Llegar a este estado durante una actividad deportiva permite una eficiente integración de funciones conscientes e inconscientes, que confluyen en una mejor coordinación motora, sensación que es descrita como algo que no requiere un esfuerzo ni atención especial a pesar de alcanzar un máximo rendimiento. “Es el esfuerzo sin esforzarse”, como describe el sicólogo deportivo John F. Murray. En una cuesta podemos pedalear por varios minutos (incluso horas), estar sufriendo de dolor en las piernas, pero sin embargo el placer de llegar a la cima es más fuerte y nos hace olvidar el dolor, a veces incluso aceleramos aún más para pillar a alguien o dejar atrás a otro ciclista.

 

La neurobiología y psicología indican que la experiencia de flujo estaría al alcance de todos los seres humanos y no depende de lo que se haga, sino más bien de cómo se realiza una actividad. Sin duda que la bicicleta es un medio para lograr ese estado de flujo. Los invitamos a seguir pedaleando para encontrar ese momento donde fluimos, donde el mundo se paraliza y la bicicleta y hombre se unen.

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