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Actualizado el 05/03/2017
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Juan Andrés Fontaine: “Todo un cuatrienio creciendo al 2% o menos dejará huellas profundas: desconfianza en el futuro del país”

Autor: Marta Sánchez Leiva

 

Que la prioridad sea construir incentivos para que aumente la inversión y, con ello, se pueda ir fortaleciendo la alicaída trayectoria que muestra el PIB es la propuesta que realiza el ex ministro de Economía del gobierno anterior. Y un instrumento, a su juicio, que se debe utilizar es el sistema tributario, volviendo a la integración plena y bajando la carga impositiva sobre las utilidades de las empresas.

Como Juan Andrés Fontaine no milita en ningún partido político, no enfrenta la disyuntiva -como muchos por estos días- del refichaje. Tampoco es de los que aprovecharán esta ocasión para firmar por alguno, aunque aclara que su domicilio político es conocido y que de todas maneras apoyará en este año de elecciones al candidato presidencial que surja de Chile Vamos.

Usted fue ministro de Economía en el gobierno del ex Presidente Sebastián Piñera, ¿cómo evalúa la relación de él con los negocios? ¿Cree que de volver a ser candidato debiera transparentar aún más esta relación?

El tema de la necesidad de transparencia y de la separación entre la política y los negocios está muy lejos de circunscribirse al ex presidente, abarca a todo el espectro político nacional y está presente también, y de modo mucho más agudo, en la mayoría de las democracias del mundo. Pero una cosa es exigir más transparencia o separación entre política y negocios, y otra muy distinta es hacer de ese tema metralla para una campaña de desinformación y difamación como la que han emprendido contra el ex Presidente Piñera sectores oficialistas.

A su juicio, ¿hay más presión política que hechos concretos?

Como ministro de Economía me tocó impulsar numerosas medidas que eran resistidas por determinados intereses económicos. En ello siempre sentí total respaldo del ex presidente. Las descabelladas denuncias que hemos visto en los últimos días son, creo, maniobras propias de una guerra sucia que el país no se merece.

Fontaine siempre ha estado ligado más al mundo técnico que a la vida partidaria: es ingeniero comercial de la Universidad Católica y actualmente consejero del Instituto Libertad y Desarrollo (LyD). Desde esa posición analiza en esta entrevista con La Tercera cómo se viene 2017 y el rol que deberían jugar las autoridades en un escenario adverso para Chile en materia económica, que amenaza con extenderse hasta el año 2018.

Tras conocerse esta semana los resultados de actividad sectorial y la tasa de desempleo que abarcan el mes de enero, ¿cree usted que sólo es un mes particular o este primer trimestre se avecina más débil de lo esperado?

Faltan aún datos importantes, como las ventas del comercio y la actividad de la construcción, pero es muy probable que el primer trimestre del año sea tanto o más débil que el anterior. En ello confluyen tres factores. Primero, la sostenida pérdida de dinamismo de la actividad no minera (manufacturas, construcción, servicios) a lo largo del año pasado. Segundo, la escasa recuperación de la minería, pese a que se esperaba un repunte. Y, tercero, desde luego factores puntuales, pero muy incidentes, como la huelga de Escondida.

¿El Banco Central tendrá que volver a ajustar sus estimaciones, especialmente de crecimiento, en su IPoM de marzo?

Es algo a considerar. Las proyecciones de los analistas están ya en general levemente bajo el 2%. Pero, claro, es todavía temprano en el año y las cosas pueden cambiar.

¿Cómo será 2017? ¿Se verán los brotes primaverales que espera el ministro de Hacienda?

No se divisan los brotes verdes. Al revés, hay una tendencia declinante muy marcada en la construcción y en sectores de servicios. Hasta ahora, el comercio saca la cara, porque el consumo no ha seguido desacelerando y en ciertos rubros el turismo argentino ha ayudado mucho. Pero me temo que la escasa creación de empleos y los menores ingresos restrinjan el gasto de consumo y frenen más la economía. La deuda de los hogares ha venido creciendo en los últimos años a un ritmo excesivo y, aunque aún no alcanza un nivel crítico, también puede transformarse en una limitante. En suma: estamos empantanados en un crecimiento de 2% o menos y no nos saldrá fácil salir adelante.

Chile lleva cuatro años con crecimiento cercano al 2%, ¿de quién es la culpa?

Principalmente, es culpa del erróneo enfoque aplicado por el gobierno de la Nueva Mayoría. Sus reformas han desalentado el emprendimiento, paralizado la inversión, destruido puestos de trabajo asalariado (68 mil ocupaciones menos en los últimos 12 meses), perjudicado la productividad. En vez de priorizar el crecimiento de los ingresos, priorizó su redistribución. Tanto durante la campaña presidencial pasada como durante el gobierno, muchos advertimos que ese error el país lo pagaría caro y que los principales perjudicados serían los sectores más vulnerables, los pobres y la clase media. Desgraciadamente, los resultados han sido aún peores de lo previsto: todo un cuatrienio creciendo al 2% o menos era inimaginable unos años atrás, y esto dejará huellas profundas: desconfianza en el futuro del país, pérdidas patrimoniales, ahorros diezmados, oportunidades de capacitación o emprendimiento desperdiciadas.

¿Hay factores externos que estén marcando este menor crecimiento?

Sin duda. La caída del cobre frenó el auge minero. Pero, por otra parte, nos hemos beneficiado de un petróleo más barato y de tasas internacionales de interés muy bajas. Deberíamos haber aprovechado esas ventajas para hacer crecer la economía no minera. Pero muchas de las señales políticas lo han impedido, porque han desprestigiado la iniciativa privada y recargado a los emprendedores de impuestos y regulaciones. Para una economía como la chilena, los factores internacionales son siempre cruciales y es clave que las políticas internas sean concordantes con ellos. Pienso que el gran error del actual gobierno fue insistir en mantener inalterado un programa que se había diseñado para una economía que -gracias al cobre u otros factores- crecía rápido, cuando ya esas circunstancias no se daban.

Debate monetario

¿Cómo evalúa el rol que ha ejercido el Banco Central en este escenario de inflación controlada con desaceleración de la actividad?

El Banco Central siempre recibe palos tanto porque boga como porque no boga. Hoy se le critica el haber atacado la inflación a fondo cuando el IPC se había escapado al 5%. Pienso que hizo lo correcto: sin alarmarse ni precipitarse ajustó tasas, frenó la expansión monetaria, moderó el alza del dólar y -desde luego- enfrió la actividad económica, para impedir que ello desanclara las expectativas de inflación y nos trajera problemas mayores. Siempre es posible discrepar de la intensidad o velocidad de sus reacciones, pero -en lo grueso- creo que lo ha hecho bien.

La discusión hoy entre los economistas es que el Banco Central debiera incentivar el crecimiento con tasas de interés más bajas y otros dicen que no pasa por la política monetaria, ¿en qué grupo se ubica usted?

Pienso que el Banco Central puede seguir bajando la tasa. Esto es: pisar el acelerador monetario si las presiones inflacionarias continúan cediendo. Hoy, el dólar, los salarios, las alzas de los servicios y la expansión monetaria apuntan en ese sentido. Y habrá que anticipar cómo reaccionan esas variables ante un escenario externo que es sumamente incierto. No creo, en cambio, que sea el rol de la política monetaria incentivar el crecimiento. Al revés, creo que dada la desconfianza reinante hay que ser muy cuidadosos: un paso en falso del Banco Central puede prender con mucha rapidez un voraz incendio inflacionario.

¿A qué cree que se deba que la autoridad no vaya más rápido con sus decisiones? Sólo un consejero ha manifestado ser partidario de recortes de la TPM.

Toda autoridad monetaria debe permanentemente sopesar el riesgo de sobrerreaccionar con el de ir demasiado lento o detrás de la curva, según la jerga de los operadores financieros. En ello hay siempre margen para discrepar. El riesgo que probablemente ha estado muy presente en las últimas sesiones es el de la reacción externa e interna a un alza de tasas en EE.UU.: es cada vez más claro que la Fed subirá sus tasas pronto -tal vez en su próxima sesión de mediados de mes- y no es fácil para Chile seguir el camino opuesto de bajar tasas. No digo que no pueda hacerse, pero hay riesgos que tomar en cuenta.

¿El diferencial de tasas con la Fed será beneficioso para el país?

Mucho depende del ambiente en que se den los ajustes de tasas. Hasta ahora, hay en los mercados mundiales admirable calma y optimismo. Las cifras de actividad de EE.UU., Europa y China han repuntado más cerca nuestro: las de Argentina y Brasil, también. Entonces, un alza de tasas por parte de la Fed confirmaría que la economía mundial está de alta y nos permitiría a nosotros seguir una política monetaria más expansiva sin mucho riesgo. Pero también es posible -y creo bastante probable- que en EE.UU. la inflación -que ya está levemente por sobre la meta del 2%- empiece a crear malas expectativas. Ello empujaría al alza los intereses de mediano y largo plazo no sólo en EE.UU., sino que en el mundo entero; también en Chile. Si ello ocurre, un giro expansivo por parte de nuestro Banco Central podría terminar causando más inflación que reactivación.

Reestructurar las reformas

¿Qué más se debe hacer para apuntalar el crecimiento? ¿Dónde está el cuello de botella?

El gran desafío es poner nuevamente las inversiones de las empresas en marcha. Sus planes y proyectos están en sus carpetas. El financiamiento en Chile y afuera, vía créditos bancarios, bonos o emisión de acciones también está y en buenos términos, al menos para las empresas más consolidadas. Falta, eso sí, más apoyo a los proyectos de las empresas emergentes y las pymes. Pero lo que más falta es confianza en las reglas de juego, en que los impuestos y las regulaciones no van a extinguir la rentabilidad de los proyectos, en que el empeño de los empresarios va a ser reconocido y valorado. En lo concreto, por ejemplo, creo que será muy difícil reanimar la inversión con una carga tributaria como la que nos dejó la reforma.

¿Cuánto pesa la reforma tributaria de este gobierno en el menor crecimiento? El ex presidente del Banco Central Rodrigo Vergara dijo que dificulta la inversión.

Desde luego que es así. No sé en qué estaban pensando los estrategas del gobierno cuando sostenían que un alza de tres puntos del PIB en la carga tributaria -especialmente sobre las empresas- no dañaría los incentivos para ahorrar, invertir y crecer.

Usted fue parte del grupo que elaboró esta reforma como representante de la oposición, ¿no se previó que habría un impacto en la actividad?

¿Que yo formé parte de quienes “elaboraron” la reforma? ¡Por favor! Refresquemos un poco la memoria: la reforma elaborada por el gobierno y aprobada por toda la Nueva Mayoría en la Cámara Baja, en la práctica, elevaba el impuesto sobre las utilidades no distribuidas de las empresas -esto es, la principal fuente del ahorro en Chile- desde el 20% al 35%. La negociación parlamentaria en que participé, asesorando a la bancada de RN en el Senado, permitió detener esa alza a medio camino: en 27%. Por cierto que estábamos conscientes del daño que provocan los altos impuestos y, por ello, todo el trabajo de la oposición fue para acordar una solución que lograra un mal menor para evitar el mal mayor.

¿Cree que hay que echar marcha atrás? ¿El próximo gobierno debiera realizar una nueva reforma tributaria, volviendo a lo que teníamos antes, o hay que innovar en otros aspectos?

Creo que hay que aliviar la carga tributaria sobre las inversiones. Veo bastante consenso en la necesidad de simplificar y volver a la integración plena en el sistema tributario. Todo eso me parece bien. Pero no apunta, creo, al fondo del problema: lo que hay que buscar es cómo reducir la carga tributaria sobre las utilidades de las empresas. La tasa de 27% que tendremos a partir del 2018 es demasiado alta para nuestras empresas: es mayor que la media de la Ocde. En EE.UU., el Presidente Donald Trump se propone reducir esa tasa desde 35% a 20% o 15%; en Francia el candidato centrista Macron plantea bajarla de más de 30% a 25%; en el Reino Unido, para impulsar la inversión post Brexit se ha pensado en 15%. El desafío es hacerlo sin comprometer la salud de las cuentas fiscales y ello requiere gradualidad en las rebajas y fuerte crecimiento económico.

¿Y la reforma laboral también debería sufrir cambios?

Aquí están los dos temas cruciales que inevitablemente habrá que revisar. Ya expliqué lo tributario, y en lo laboral hay que modernizar el mercado y flexibilizar las jornadas de trabajo para mejorar la participación femenina, juvenil y de la tercera edad.

Siguiendo en este tema, ¿la extensión de la huelga de Escondida qué consecuencias puede traer para el crecimiento?

El Imacec de febrero-marzo y el PIB del primer trimestre estarán muy influidos por la paralización de una empresa que representa cerca del 2% de la economía nacional. Pero más allá de ello, el caso ejemplifica el daño económico y social que pueden ocasionar las huelgas duras y prolongadas. Lo paradójico es que la reforma tributaria aprobada -que entra en vigencia el próximo mes- apunta a hacer la huelga potencialmente aún más dañina, y así presionar para mayores aumentos de salarios.

¿Debería hacer algo el gobierno en este conflicto? ¿Qué?

Asegurar el orden público, minimizar efectos sobre terceros, estar disponible para mediar.

El peligro de un período electoral

En un año de elecciones con bajo crecimiento, ¿cuál es el mayor temor?

Confío en que la administración fiscal será seria. Un año electoral podría prestarse para aprobar leyes populistas que, por ejemplo, significaran gran gasto fiscal a futuro. No creo que ello ocurra: pese a sus zigzagueos, destaco y celebro el compromiso del gobierno con la disciplina fiscal.

¿Cree que el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, tendrá que sacar la billetera para responder a esta presión política?

No.

¿Cuál debería ser el rol de la política fiscal?

Hoy, lo más importante es convencer al mercado de que la deuda pública no se nos va a disparar. Ello implica rebajar y contener el déficit estructural, y exige austeridad en el gasto público. El próximo gobierno tendrá que atacar de raíz el derroche, la burocracia y la ineficiencia.

¿El ministro Valdés se está jugando en esta etapa mantener la clasificación de Chile de las agencias internacionales?

Desde luego, sería una mala noticia que perdiéramos la excelente nota crediticia que logramos conquistar a lo largo de varios gobiernos. Ella se basa tanto en nuestra capacidad de crecimiento económico como en nuestra disposición a la disciplina fiscal. Desgraciadamente, ambos atributos se han puesto hoy en duda.

Mirando el año 2018, ¿qué es lo primero que debería hacer el nuevo gobierno para impulsar el crecimiento?

Como ya señalé, el desafío es levantar la inversión y con ello los buenos empleos y la productividad. Además de aliviar la carga tributaria, creo que hay que podar la jungla regulatoria y burocrática que ha maniatado el dinamismo empresarial. Ahora, soy un gran creyente en la capacidad de los agentes económicos, emprendedores, empresarios, de adaptar sus expectativas si ven un gobierno que da señales positivas. En consecuencia, si hay a partir del próximo año un gobierno que da señales pro crecimiento económico, pro inversión, pro emprendimiento e innovación, creo que rápidamente se echarán a andar los engranajes de la economía y veremos un crecimiento económico mucho más fuerte que el que hemos visto hasta ahora. Dicho eso, tengo una preocupación importante: cuál será el ambiente económico mundial en ese momento, porque dadas las señales de Trump, la incertidumbre política que se está viviendo en Europa y los problemas que tiene China, me hacen pensar que el desafío que tendrá el próximo gobierno será hacer crecer la economía con vientos en contra por parte de la economía mundial.

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