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Actualizado el 22/12/2016
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Las películas de la semana

Autor: Equipo Cultura

Florence Foster Jenkins, La resurrección de Louis Drax y Sing: ¡Ven y canta! debutan hoy en las salas locales. Aquí las críticas de cine para el arranque de su primera semana en cartelera.

A pocos días de terminar el 2016, tres nuevas películas aterrizan en las pantallas chilenas. La primera está protagonizada por uno de los rostros más queridos del cine: Meryl Streep. En Florence Foster Jenkins, cinta dirigida por Stephen Frears, Streep interpreta a una millonaria socialité neoyorkina que decide ser cantante de ópera sin tener ningún talento vocal. Su esposo, interpretado por Hugh Grant, la apoya y mueve sus influencias para que nadie se ría de su señora. La segunda cinta que debuta hoy en Chile es La resurrección de Louis Drax, sobre un niño que constantemente se encuentra al borde de la muerte: “la cinta mezcla distintos espacios temporales e imaginarios, haciendo navegar al espectador por un misterio donde recuerdos muy subjetivos y realidades a medias confluyen”, explica la crítica, que la calificó como la película más ambiciosa de Alexandre Aja.En tercer y último lugar llega para que los niños un panorama para sus vacaciones, se trata de la película Sing ¡Ven y canta! de los estudios Illumination, sobre un koala dueño de un teatro que está a punto de la quiebra; varios animales audicionan en un concurso de talentos para sacar a flote el negocio, en esta cinta que no conmovió a los críticos de La Tercera: “aquí el corazón de los realizadores está solo en el mercantilismo y no en el entregar una buena historia”.


Florence Foster Jenkins: Un grito en la ópera

Crítica por Rodrigo González
florences-fosterFlorence Foster Jenkins. Dir.: Stephen Frears. Con Meryl Streep, Hugh Grant, Simon Helberg. 111 min. Gran Bretaña, 2016. TE.

Nota: 6
¿Qué hacer con la falta de talento? ¿Cómo esconderla si uno quiere ser el más brillante en un mundo fiero, competitivo y cruel?  ¿Cómo poder ser feliz sin tener dedos para el piano? Algunas de estas preguntas se dispersan en la historia de Florence Foster Jenkins, la nueva película de Stephen Frears, el eficaz director inglés que de vez en cuando supera sus propios límites y desarrolla filmes como Alta fidelidad (2000) o Relaciones peligrosas (1988). Frears, que hizo lo mejor de su vida en los 80 (Ropa limpia, negocios sucios, Susurros en tus oídos)  se fue ablandando con el paso del tiempo y tiene cierta debilidad por  la condescendencia en sus propuestas de gran presupuesto. En Florence Foster Jenkins hay algo de eso, pero ante todo se impone una soberbia explotación de las posibilidades de tres personajes tragicómicos: la cantante que da nombre al título, su compasivo esposo y el pianista que la suele acompañar en los recitales.
Basada en el caso real de la acaudalada heredera y socialité neoyorquina nacida bajo el nombre de Narcissa Florence Foster en 1868, la película circunscribe su historia a unos cuantos meses del año 1944, que es el mismo de la muerte de esta patrona de las artes agasajada alguna vez por Arturo Toscanini y Cole Porter. Sin poseer ninguna condición evidente para dar con la nota necesaria en el momento correcto, Foster Jenkins (Meryl Streep)  cree ser una gran cantante de lírica. Maneja el llamado Club Verdi, una organización de vetustas y empolvadas esposas de millonarios de Manhattan que organiza espectáculos de todo tipo: así como pueden gestionar la venida de la mejor soprano europea del momento también celebran conciertos encabezados por la propia Florence, siempre ayudada por su esposo St. Clair Bayfield  (Hugh Grant), un voluntarioso actor inglés de cuarta categoría.  A Florence nunca le dicen la verdad sobre su desafinación crónica y, por el contrario, el buen St., Clair procura que todas sus amistades y potenciales enemigos se callen la boca. Esto incluye al joven pianista Cosmé McMoon (Simon Helberg), quien la acompaña en su aventura discográfica y en un inminente recital en el exclusivo Carnegie Hall.
Uno de los secretos de esta candorosa película es que sus creadores no se ríen de la protagonista. Al menos, ríen con ella.  He ahí a un director que ama a sus personajes.


La resurrección de Louis Drax: Misterios poco logrados

Crítica por René Martín
louis-draxLa resurrección de Louis Drax. Dir. Alexandre Aja. Con Aiden Longworth, Jamie Dornan, Sarah Gadon. 108 minutos. Reino Unido, EE.UU. 2016. TE +7.

Nota: 4
El director francés Alexandre Aja saltó a la fama con la ultraviolenta Alta Tensión, una cinta tan efectiva en su desarrollo como mediocre en su desenlace. Luego vino Pirañas 3D y ahora llega con La Resurrección de Louis Drax, una historia con aires de fábula infantil, que encierra un misterio de muertes, extrañas enfermedades y amor incondicional.
El joven Louis (Aiden Longworth) es un chico de solo 9 años propenso a los accidentes, pero así como hasta los gatos solo tienen 9 vidas, en su novena experiencia cercana a la muerte parece que su final ha llegado. En coma en un hospital, su caso lo toma el doctor Pascall (Jamie Dornan) quien, de paso, comienza a acercarse sentimentalmente a la madre de Louis, la bella Natalie (Sarah Gadon).
A ratos con aires que recuerdan a la clásica Vértigo (guardando las distancias adecuadas), Aja logra balancear una historia que mezcla distintos espacios temporales e imaginarios, haciendo navegar al espectador por un misterio donde recuerdos muy subjetivos y realidades a medias confluyen. ¿Resulta este tinglado? En un gran porcentaje lo hace, en especial si se considera más como una película adulta para jóvenes sin mucha experiencia en el cine. Porque el misterio y los giros en la historia son bastante simplones y Dornan demuestra una vez más ser un actor limitado y poco empático. A pesar de lo anterior, es la película más ambiciosa en la que Ajá se ha embarcado y, quizás, su resultado más lograda.


Sing ¡Ven y canta!: Cliché Disney sin ser de Disney

Crítica por René Martín
singSing. Dir.: Christophe Lourdelet, Garth Jennings. Animación. 108 minutos. Estados Unidos, 2016. TE.

Nota 3
Los estudios Illumination demostraron con Mi Villano Favorito una marca de fábrica alejada de Pixar y Disney, donde el humor negro y los personajes de moral cuestionable eran las estrellas. Luego vinieron los agotadores Minions, la burda La vida secreta de tus mascotas y ahora entregan la película más Disney de la historia, sin ser Disney. Apelando a lo más tierno y amoroso, recargada de canciones (un par originales y una lista interminable de hits del recuerdo) esta historia de un Koala dueño de un teatro destinado a la quiebra y que organiza un concurso de talentos, es tan majadera en su intento por agradar y ganarse el corazón del espectador a la fuerza que, a ratos, hasta pareciera lograrlo, en especial en su obvio y rimbombante final. Pero esto no descarta el hecho que aquí el corazón de los realizadores está solo en el mercantilismo y no en el entregar una buena historia, un mensaje inspirador y novedoso o algún momento verdadero o memorable.

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