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Actualizado el 11/08/2017
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Los secretos de la Cordillera de Atacama

Autor: Christian Palma

Una travesía junto a investigadores de las universidades de Antofagasta y Católica, que recorrieron, a más de tres mil metros sobre el nivel del mar, la zona de Altoandino. Su fin era destacar el valor de las bondades turísticas cordilleranas de la provincia de Chañaral.

Los secretos de la Cordillera de Atacama
Sector de “La pirámide” cerca la aduana fronteriza.

Cuando los primeros rayos del sol aparecían tras las montañas de la Región de Atacama, la caravana de investigadores de las universidades Católica (UC) y de Antofagasta (UA) ya había dejado atrás el pueblo de Diego de Almagro, a través de la ruta C-13/C-177. Algunos kilómetros más allá, la vía los conectó con Montandon, una abandonada estación de ferrocarriles del ramal Potrerillos/ Chañaral, cuya vía férrea quedó totalmente destruida tras el aluvión de marzo de 2015.

La idea de la delegación era recorrer la mayor cantidad de terreno del Altoandino o Altiplano de Atacama para recolectar muestras de agua y sedimento, realizar censos de fauna, registros fotográficos y evaluar eventuales circuitos turísticos en el marco de los proyectos “Valorización económica sustentable del Altoandino de Atacama” y “Diseño de ruta turística y Plan estratégico de la Provincia de Chañaral”, que el gobierno regional adjudicó a la UA y al Observatorio de Ciudades de la UC (OCUC), respectivamente, través de Fondos para la Innovación para la Competitividad (FIC).

El lugar ofrece rutas de categoría mundial como son las 16 cumbres por sobre los seis mil metros, el volcán Ojos del Salado, lagunas, salares, una gran biodiversidad de microorganismos y una espectacular fauna endémica, entre otras bondades, que, sin embargo, han sido poco exploradas o aprovechadas de mejor manera en términos turísticos.

Esto queda claro apenas se empieza a subir por la Cordillera de Domeyko. Tras 40 minutos de ascenso por una cuesta de buena calidad y a 3.340 metros sobre el nivel del mar se puede apreciar una de las primeras maravillas que ofrece esta ruta, ya conocida como “La Capital Sudamericana del Andinismo”. Se trata del Salar de Pedernales, un mar blanco rodeado de volcanes cuyas cumbres están cubiertas de nieve. Manadas de burros asilvestrados pertenecientes a antiguos caseríos abandonados, grupos de vicuñas y guanacos y zorros culpeo dan más color a un paisaje increíble.

“La idea es justamente poner en valor estos paisajes y construir un relato de cordillera a mar en sus aspectos físicos, naturales, patrimoniales, culturales y humanos para potenciar el turismo como un sector que genera múltiples encadenamientos productivos y empleabilidad”, explica Tomás Gómez, integrante de OCUC.

El equipo liderado por el científico Jorge Valdés, y Ercio Mettifogo, el operador turístico más reconocido de la región, siguió al sur de Pedernales buscando destinos pocos conocidos como son Las Lagunas Bravas, otra de las maravillas de Atacama, pero de muy difícil acceso. Para llegar a estos verdaderos espejos de agua tuvieron que atravesar el llano Pajaritos, subir por la Quebrada del Burro Muerto -ya en la Cordillera de los Andes- y seguir por la Quebrada Azufrera para empalmar con el Llano Las Arenas. La altura se deja sentir con fuerza, pero los paisajes hacen que cualquier síntoma de “apunamiento” quede en segundo plano.

Las fuertes nevazones que hubo previo al recorrido cerraron el paso a la expedición, situación que lejos de desanimarlos los alentó a seguir el viaje hacia el sureste, a través de la Quebrada Panteón de Aliste. La decisión valió la pena, pues la caravana llegó al Salar Piedra Parada donde avistaron una gran cantidad de flamencos, patos y otras aves menores que cohabitan en este ecosistema extremo los que fueron censados y analizados al igual que el agua del salar.

Camino habitual en el Altoandino, llegando al sector Juncal.

Camino habitual en el Altoandino, llegando al sector Juncal.

Ya por sobre los 4.000 metros sobre el nivel del mar, y cerca de la frontera con Argentina, el equipo recorrió la Laguna del Bayo, otro cristal de agua turquesa que puede reflejar todo a su alrededor. Para llegar a ella, los científicos bordearon las laderas de los cerros Piedra Parada, Azufrera de los Cuyanos y el Cerro Plomizo que chocaban con la absolutamente desconocida Laguna del Jilguero, “un pedacito de cielo puesto en la tierra”, asegura Mettifogo.

En esa zona, parte del equipo ascendió al Cerro Plomizo, lugar desde donde pudieron apreciar las aguas verdosas y azuladas de la Laguna del Bayo y la imponente cumbre del Sierra Nevada a más de 6.000 metros.

“Ambos equipos coincidimos en la gran oportunidad de desarrollo turístico y científico que esta zona podría brindarle a la provincia. Si sumamos a lo anterior la riqueza y variedad de recursos naturales y culturales, patrimonio histórico y arqueológico, su relación con el noroeste argentino y su ubicación dentro en uno de los destinos más reconocidos en el mercado internacional como es el Desierto de Atacama, se obtiene un destino con fortalezas de nivel mundial”, aseguró Jorge Valdés.

El Salar de Pedernales y sus alrededores, junto a las lagunas altoandinas Verde y del Negro Francisco, son zonas definidas como Sitios Prioritarios para la Conservación de la Biodiversidad. “En ese escenario, se ha detectado una gran riqueza ecosistémica asociada a las cuencas hídricas endorreicas localizadas sobre los 3.000 metros sobre el nivel del mar, gracias a su biodiversidad en términos de microorganismos y fauna endémica”, complementa el experto.

El sol comenzó a caer con rapidez y diversas ráfagas de viento helado recordaron que buscar un refugio es indispensable para sobrevivir en estos parajes. Mettifogo recomendó seguir al sur hasta la Quebrada del Río Negro, donde instalaron el campamento en las inmediaciones del refugio Termas de Juncal. En ese lugar existen unos pozones con aguas termales a más de 4.000 metros que servirían como ducha cálida al día siguiente cuando la temperatura bordeó -8 grados Celsius.

Río congelado en el sector Juncal.

Río congelado en el sector Juncal.

Luego de un reconfortante desayuno, la expedición llegó al Río Juncalito, que mostraba unos pequeños bofedales apostados al borde del afluente, hábitat de una sorprendente variedad de flora y fauna, principalmente aves de menor tamaño, guanacos, zorros, reptiles y también insectos conocidos como tucu tucu.

La ruta siguió por el interior del Salar de Pedernales hasta El Borax, una antigua mina que aún conserva vestigios de un pasado esplendoroso. La presencia de una gran población de flamencos en los espejos de agua del salar y otras muchas especies de aves hicieron más interesante esta parada. En este punto, los equipos se separaron. La Universidad de Antofagasta emprendió rumbo hacia el sur para continuar su investigación, mientras que el equipo OCUC terminó su travesía por el Altoandino pasando por la localidad de Inca de Oro y luego a Copiapó, para preparar las próximas campañas que seguirán potenciando el uso sostenible del Altoandino como una alternativa viable e indispensable para diversificar la matriz económica de la provincia de Chañaral, históricamente dependiente de la minería y muy golpeada después de los catastróficos aluviones ocurridos el 25 de marzo de 2015.

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