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Actualizado el 19/05/2017
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El mar está ácido

Autor: José Miguel Jaque

El calentamiento global no es el único cambio que está produciendo el aumento de las emisiones de dióxido de carbono. También está generando un cambio del pH del mar que se ha convertido en uno de los temas científicos “de moda” y tiene a varios investigadores chilenos tratando de entenderlo.

El mar está ácido

La acidificación del océano está siendo abordado en las conferencias sobre cambio climático y ha ocupado páginas en revistas como The Economist. Los investigadores coinciden en que es uno de los temas científicos “de moda” debido al potencial impacto que tiene sobre arrecifes de coral y las pesquerías, y algunos de ellos lo llaman “el gemelo igualmente malvado del cambio climático”. El término acidificación se refiere a un fenómeno originado por el aumento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) producido por los humanos: aproximadamente un tercio de ellas han sido absorbidas por los océanos, lo que quiere decir que la cantidad de este gas de efecto invernadero en la atmósfera sería mucho mayor si no fuera por el mar. Una vez que se disuelve en el agua, ocurren reacciones químicas que disminuyen el pH del mar.

Las primeras evidencias biológicas de que algo estaba pasando fueron observadas a principios de este siglo en los corales, que se estaban empezando a blanquear o disolver. Luego se empezó a ver lo mismo en las conchas de los moluscos y hoy el tema está cada vez más instalado como una de las amenazas más importantes para los ecosistemas y especies marinas.

Los investigadores advierten que un error común cuando se habla de la acidificación es asociarla con el cambio climático, porque no están relacionados directamente: “Ambos fenómenos son causados por el incremento de las emisiones de CO2, pero la causa son las emisiones y no el cambio climático”, explica Cristian Vargas, biólogo marino, investigador del IMO y director del Núcleo Milenio MUSELS. Como se trata de cambios químicos, “la acidificación es irreversible y lo que podemos esperar es que aumente”, dice Nelson Lagos, director del Centro de Investigación e Innovación para el Cambio Climático (CiiCC), de la UST.

Lo curioso, dicen algunos investigadores, es que pese a que es un tema relativamente nuevo y complejo, y la gente sabe poco sobre qué significa concretamente, ha despertado interés y gran preocupación. Stefan Gelcich, biólogo marino del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad de la UC, participó en un proyecto internacional donde, en más de 13 mil encuestas, se le preguntó a habitantes de toda Europa por el grado de conocimiento e interés sobre distintas amenazas al océano. “Que la acidificación emerja como un factor de interés público genera la pregunta de cómo estos conceptos científicos nuevos están siendo percibidos y entendidos por la sociedad, pero al mismo tiempo genera optimismo acerca de la capacidad del público de responder a nuevos impactos”, dice Gelcich.

Mariscos acidificados

La gran pregunta que mueve las investigaciones actuales es cuál es la capacidad de los organismos marinos de adaptarse a este nuevo escenario y cuáles serán los impactos económicos sobre las pesquerías y especialmente el cultivo de moluscos que son importantes fuentes de proteínas e ingresos.

En Chile los científicos han mostrado que la acidificación ya podría estar impactando en especies estratégicas, como los choritos, locos y ostiones.

A fines de 2015 en Puerto Montt se realizó un encuentro llamado “El sabor del cambio climático”, donde profesionales de diferentes disciplinas (chefs, biólogos, periodistas, académicos, etc.) hicieron una inusual cata de choritos y ostras. Los comensales debían probar los mariscos en su estado natural y otros que habían pasado por un proceso de acidificación, simulando las condiciones que tendrá el océano en 50 o 100 años más. “Acidificación es una palabra fuerte y algunos invitados pusieron cara de susto. Pero les explicamos que no les iba a pasar nada si comían mariscos así”, dice Valeska San Martín, estudiante de doctorado que está preparando una publicación con estos resultados.

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Curiosamente, algunos comensales prefirieron el sabor de los choritos acidificados, sorprendiendo a los investigadores. “La pregunta principal está respondida: ¿Cambia el sabor? Sí, y en ambas direcciones”, dice Nelson Lagos, quien ha realizado experimentos que muestran que los choritos podrían tener un 30 por ciento menos de carne en condiciones de bajo pH, además de una variación en el color y en el grosor de sus conchas.

Los choritos de Chiloé, con los que trabajó Valeska, tuvieron peor desempeño en sabor y los datos preliminares –porque actualmente los está trabajando – indican que la acidificación podría tener un efecto negativo en algunos atributos nutricionales, como ácidos grasos, proteínas y vitaminas B12.

Es sorprendente que el cambio climático pueda afectar el sabor de los alimentos que uno ve todos los días en la cocina”, dice Frederic Emery, jefe de Gastronomía de la UST de Puerto Montt.

Hasta ahora toda esa información está basada principalmente en estudios en laboratorio, y todavía existe poca evidencia sobre su efecto en el medio natural. En ese plano, cobra relevancia una reciente publicación de Cristian Vargas en Nature que dice que existen diferencias de las condiciones ambientales a lo largo de la costa chilena que podrían llevar a distintos efectos de la acidificación en organismos marinos que se distribuyen en nuestra costa.

Salvando a Nemo

Uno de los estudios más conocidos sobre el efecto de la acidificación en las especies es de Phillip Munday, investigador de la Universidad James Cook en Australia, quien utilizó al pez payaso para sus experimentos, especie conocida por la película Buscando a Nemo. Munday concluyó que con la disminución del pH que se podría dar antes de que finalice este siglo se verían afectadas ciertas capacidades de los peces, como oler, oír y escapar a depredadores.

Miles de kilómetros al este, en la Cuarta Región de Chile, Patricio Manríquez, del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (Ceaza), investigó algo parecido en el loco, especie que usa señales químicas presentes en el agua para detectar la ubicación de sus presas y depredadores. En uno de sus experimentos, el investigador mantuvo a esta especie por cerca de 50 días con el pH actual del agua de mar y con el que tendrá en unos 100 años, y llegó a conclusiones parecidas a las de Munday: en agua ácida, el loco pierde la capacidad de reconocer la presencia de un depredador como la jaiba o la estrella de mar.

Sin embargo, en otras mediciones Manríquez descubrió un efecto positivo. Los locos protegen las partes duras de su cuerpo con la concha y si se desprenden desde las rocas deben necesariamente volver a su posición para no quedar a merced de sus depredadores. En un experimento similar al anterior, Manríquez descubrió que los que habían sido mantenidos en aguas más ácidas podían volver a la posición normal más rápido. “Creemos que esto se debe a que están más estresados y, por lo mismo, más alertas”, explica el investigador y agrega: “Las consecuencias de tener un agua con pH más bajo no siempre son negativas”.

Al igual que con los choritos, los experimentos de Manríquez en locos y erizos indican que crecen menos en aguas acidificadas.

¿Qué se está haciendo?

El ministro de Medio Ambiente, Marcelo Mena, explica que la protección de los océanos es prioritaria para las autoridades y prueba de ello es que en septiembre se desarrollará en el país la conferencia mundial de áreas protegidas marinas, Impac4, pero agrega que todavía no existe una evaluación del impacto económico de la acidificación en la acuicultura o pesca porque aún se necesita mayor conocimiento científico. Agrega que en la actualidad se está trabajando en modelos de predicción de cambios en la biodiversidad marina donde está incorporada la problemática del cambio climático y se está creando una red nacional de monitoreo y análisis de la biodiversidad, donde se consideran posibles cambios climáticos futuros. Por su parte, en la Subsecretaría de Pesca consideran que la acidificación del océano “es uno de los factores que amenaza directamente la producción acuícola y está alterando profundamente los ecosistemas marinos no sólo en Chile, sino a nivel mundial”.

Los investigadores explican que en la actualidad hay cuatro boyas que están midiendo el pH de las costas chilenas: dos en Chiloé, otra en Tongoy y una más en la boca del Itata, todas a cargo de los centros de investigación Musels y CR2.Además, hace dos años un grupo de cerca de 30 científicos de la región se reunió en Concepción y creó la Red Latinoamericana de Acidificación del Océano (Laoca), para establecer acciones conjuntas para enfrentar la amenaza. Lagos y Vargas, quienes forman parte de ella, desearían que hubiera un mayor compromiso de la industria. Si bien existe una preocupación incipiente por los distintos estresores que actúan sobre el océano -acidificación, contaminación, temperatura-, ellos dicen que la acidificación no está en la lista de prioridades pese a los efectos iniciales que se han demostrado. “Es como lo que ocurrió con el virus ISA en los salmones: hasta que no se mueran, no es tema. Esperamos que eso cambie”, dice Vargas.

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