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Política
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Actualizado el 25/12/2017
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Mario Fernández, ministro del Interior: “El llamado que haría a mis compañeros de generación es que hay que ir retirándose”

Autor: Marta Sánchez Leiva

El secretario de Estado asegura que no abandonará la DC, pero descarta que una vez que termine el gobierno vuelva a la vida política activa. Dice que ya se debe abrir paso a las nuevas generaciones.

Mario Fernández, ministro del Interior: “El llamado que haría a mis compañeros de generación es que hay que ir retirándose”

El ministro del Interior, Mario Fernández, estaba convencido de que la reciente elección presidencial sería pareja, apretada, donde cualquiera de los dos candidatos, Alejandro Guillier -por la Nueva Mayoría- o Sebastián Piñera -por Chile Vamos-, podía ganar. Por tanto, sentencia, “un resultado tan categórico fue una sorpresa”.

Pero antes de analizar en detalle lo que significa para el gobierno y el oficialismo, incluso para el Frente Amplio, qué implica que el abanderado de la oposición haya ganado la elección con nueve puntos de ventaja, quiere dejar en claro que él no dejará de militar en la Democracia Cristiana, pero tampoco, una vez que termine su papel como secretario de Estado, volverá a tener una vida partidaria activa.

“Terminado el gobierno me reintegro a mis tareas académicas, vuelvo a la vida universitaria y quiero mantenerme exclusivamente en ella. Tengo mi nombramiento de profesor en propiedad en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile desde 1998, y ahí me desenvolveré”, dice. Es más, recomienda a sus pares de generación que ya es tiempo de ir pensando en el retiro.

¿Cuál es la lectura que hace del resultado de la elección presidencial?

Lo que explica el resultado es una diferencia en el agrupamiento político en cada sector. Por un lado, la derecha ya venía unida, incluso antes de la primera vuelta, y en las elecciones del 19 de noviembre tuvo sólo dos candidaturas, lo que es mucho más fácil para incorporar después al candidato que no pase a la segunda vuelta. Y, además, la candidatura de José Antonio Kast se plegó al día siguiente a la candidatura de Piñera. O sea, desde el primer día de la segunda campaña ya estaba unida toda la derecha, mientras que en el lado de la candidatura de Guillier ese proceso fue más lento y menos completo. O sea, había defecciones prácticamente en todas las otras candidaturas.

Que no se plegaron inmediatamente…

O sea, el plegarse no fue algo unánime, salvo Carolina Goic, que le dio altiro el apoyo, y Beatriz Sánchez, que fue unos días después. Ojo, que no me refiero a los partidos, sino al electorado de Sánchez. Este no se sintió motivado para traspasarse. En eso tuvieron razón los dirigentes políticos del Frente Amplio al señalar que ellos no eran los dueños de los votos.

¿El error de origen fue la división de la Nueva Mayoría?

Eso es claramente demostrable hoy día. No sólo por haberse dividido -siempre que una fuerza se divide está más expuesta a perder-, sino que, además, esto trajo consigo la ausencia de primarias. Hoy resulta evidente, por los resultados, que fue un error no haber ido a primarias, porque ésta jurídicamente obliga a juntarse, porque es vinculante. Hoy puede constatarse que no ir a primarias se transformó en una desventaja clara en un doble sentido. Primero, en movilizar adherentes y votantes, aquí la derecha tomó la delantera y la propia Beatriz Sánchez y, en segundo lugar, el nivel de conocimiento del candidato que deja una primaria permitió que Beatriz Sánchez fuera conocida, por ejemplo.

¿Qué otro factor explica esta derrota para la Nueva Mayoría?

La cantidad inesperada de nuevos votantes en la segunda vuelta, que no participó en la primera, cuya composición en términos de preferencia era desconocida y resultó ser favorable a Piñera. Esa fue una sorpresa, porque se estimaba en la Nueva Mayoría que una mayor cantidad de votantes traería consigo más votación para Guillier, y no resultó así.

¿Para el gobierno constituye este resultado una derrota política?

Esa diferenciación entre derrota electoral y política es meramente analítica y entiendo que se refiere a lo siguiente: lo electoral es perder por una cantidad de votos, perder una elección, y lo político tiene una perspectiva mayor. Entiendo que se ponga en duda de que necesariamente para el gobierno el resultado de esta elección haya sido una derrota política, pero del punto de vista estricto de su obra está por verse qué pasó con el gobierno en términos de balance. Por ejemplo, veremos con cuánta aprobación termina la Presidenta.

¿No cree que hay una respuesta clara de la ciudadanía al apoyar una candidatura que no está en la línea del gobierno?

Claro, si esto está bien, por eso es una derrota electoral, porque se perdió esa elección, pero como las reformas que el gobierno ha emprendido tienen un desarrollo y un impacto que sobrepasa este tiempo, que se verán después, vamos a ver ahí si hay o no derrota política. Por ejemplo, revisemos el período del ex Presidente Eduardo Frei Montalva. La Democracia Cristiana salió tercera en la elección presidencial de fines de ese gobierno, pero actualmente todo el país reconoce los grandes logros del ex mandatario y todos reconocen que fue un buen gobierno que hasta el día de hoy impacta su reforma educacional, pero en su momento no se valoró.

Cuesta creer que el análisis del gobierno se remita sólo a votos y no a una autocrítica del rol que tuvieron en estas elecciones…

No estoy señalando que no hay una autocrítica, pero ésta tiene que venir cuando termine el gobierno. El gobierno no tiene tiempo para la autocrítica, porque tenemos que seguir trabajando todos los días. Y creo que la autocrítica tiene que ser completa: gobierno, partidos y coaliciones cuando terminemos este periodo. Ahí debe haber una evaluación profunda de qué pasó. Insisto en que después del 11 de marzo tendrá que haber una evaluación de todos, de los partidos, de los parlamentarios y del gobierno, pero, además, del propio comando y de la candidatura, para tomar lecciones verdaderas.

¿Tampoco le provocó al gobierno un remezón este resultado tan categórico, como dice usted?

No, porque nosotros tenemos que seguir gobernando para todos los chilenos.

Pero el gobierno en la campaña de segunda vuelta se la jugó por la candidatura de Guillier. Casi todos los días salían ministros a criticar sus propuestas. Entonces, es difícil creer que no provoque un remezón el resultado…

Este es el único país en que se critica a un gobierno que esté al lado de quienes van a continuar con su obra. Es raro que siendo de la propia coalición no se esté con el candidato respectivo. Pero aparte de eso quiero aclarar con todas sus letras, una vez más, que la segunda vuelta coincidió con la etapa final del gobierno en que las realizaciones, las obras, se van inaugurando y entregando a la comunidad, y la mejor muestra de eso es que las visitas presidenciales a terreno han seguido toda esta semana y seguirán invariable hasta marzo. Nuestra tarea es terminar el gobierno el 11 de marzo bien.

¿Qué significa terminar bien?

Cumplir con todo lo posible de lo que se prometió. Esto va desde lo material, que se ve todos los días, hasta avanzar lo más posible en las reformas que se prometieron al electorado y que se iniciaron en este gobierno. Algunas ya están instaladas, pero hay una agenda bien densa en enero que puede dar como resultado que las reformas pendientes se saquen.

¿Cómo cuáles?

La reforma a la educación: educación superior y universidades estatales esperamos que salgan; está en la fase final de despacho la elección popular de gobernadores regionales y la transferencia de competencias del gobierno central a los regionales.

¿Y cuáles serán los nuevos proyectos que ingresarán al Congreso?

El envío del proyecto de nueva Constitución, el primer cuerpo de reformas legislativas sobre la reestructuración de Carabineros y la modificación de la Ley Antiterrorista.

¿El gobierno no leyó que este resultado electoral a favor de Piñera refleja que las reformas no eran lo que la gente esperaba?

Las reformas se hacen porque son necesarias para el país, no por una motivación electoral inmediata. Y nadie duda hoy que una reforma a la educación era indispensable para Chile. Ahora, si tienen un impacto electoral inmediato, tanto mejor, pero lo más probable era que no lo tuvieran, porque reformas estructurales de este tipo tienen un impacto posterior. Ahora, es cierto también que era necesario permanentemente explicar este punto para lograr comprensión en la gente respecto de la profundidad de las mismas y luchar con reacciones provisorias.

Las reformas tampoco le gustaban al Frente Amplio, que quería algo más profundo, y a sectores más de centro, que no querían algo tan radical…

El desacuerdo cubría todo el espectro. Entonces, la persistencia de esa valoración tan múltiple de las reformas explica también, en gran parte, la votación del Frente Amplio y explica también que una parte de los votos de Beatriz Sánchez inevitablemente hayan terminado votando por Piñera, porque es inexplicable aritméticamente que ello no ocurriera.

¿Cuál es su opinión del Frente Amplio?

Ya he dado mi opinión. Primero, hay que verlo como un rasgo positivo del sistema político chileno que surja una fuerza predominantemente joven tan poderosa. Segundo, el FA significa un toque de atención para los demás partidos, especialmente del mundo de la centroizquierda.

¿Un toque de atención para qué?

Es un toque de atención para su renovación interna. Ahora, esto vale para todos los partidos, desde luego. Hay una señal de renovación de la política chilena que hay que tomar en cuenta muy seria y positivamente. Creo que los jóvenes políticos en Chile tienen un gran potencial. Veo muchos jóvenes líderes prometedores y prometedoras.

¿No sería raro ver en las próximas elecciones que sus protagonistas sean estas nuevas generaciones?

No, desde luego que no. Ya en la elección de senadores, donde se requiere más edad, vamos a tener gente de esta horneada, y en una de esas en la elección presidencial.

O sea, la generación donde están usted, Ricardo Lagos, ya es tiempo de que se abra para dar paso a estas generaciones…

Ya estamos pasaditos. Uno en política nunca se muere, pero hay que tener el sentido de que cuando se pasa de la edad madura ya hay que ir retirándose, ese sería el llamado que haría a mis compañeros de generación: hay que ir retirándose.

Volviendo a la reciente elección, ¿de quién es la responsabilidad del mal resultado?

La primera responsabilidad en toda elección es de la campaña misma, o sea, de los partidos y de la candidatura. Además, hemos visto que el propio candidato tuvo el coraje de asumir inmediatamente su responsabilidad al día siguiente de la elección, y ya los partidos han empezado con sus debates internos y el gobierno lo hará cuando termine. Ahí verá cuál es su balance.

Hay voces que plantean que la Presidenta Bachelet debería haber tenido un liderazgo político mayor para aunar a la Nueva Mayoría…

Esa es una crítica completamente injusta, porque en su momento, ya después de la elección municipal, a fines del año pasado, en una cumbre que hubo en noviembre de la Nueva Mayoría, quedaron delimitadas las áreas en que se iban a mover unos y otros: el gobierno se dedicaba al gobierno y los partidos, a sus candidaturas y sus coaliciones. En ese momento todavía no había separación. Por lo tanto, no se puede hacer ningún reparo de liderazgo político de la Presidenta en materia de la coalición de gobierno visto desde el punto de vista electoral. En lo que sí hubo y hay liderazgo de la Presidenta es en la Nueva Mayoría como coalición de gobierno, y ha sido un muy buen liderazgo, pero en materia electoral y partidaria quedó claro que ese es un problema de los partidos políticos.

¿Es como echarle la culpa al empedrado?

No es echarle la culpa a nadie, hay que ver bien dónde se juegan los roles no más, y en ese rol no hay reparo alguno. Es cuestión de verla cómo va cumpliendo su tarea todos los días. La coalición de la Nueva Mayoría se mantuvo en el gobierno justamente por el liderazgo de la Presidenta. Donde se dividió fue para esta última elección.

¿Le hubiera gustado ver a una DC liderando este proceso electoral?

Como ministro de Estado no quiero involucrarme en la discusión partidaria y sólo quiero recordar, como ya lo señalé en este mismo diario, que por un Chile más justo es necesario un partido cristiano de vanguardia.

¿Eso qué implica?

Ir adelante, no en el medio ni en un lado ni en el otro. Entré a la Democracia Cristiana cuando nuestro grito de batalla era: “Juventud chilena, adelante”. Eso es lo que quiero para mi partido.

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