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Actualizado el 18/09/2013
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Nacionalización del cobre

Autor: Rodrigo Wagner

Algunos siguen recordando este proceso  como si le hubiese dado frutos al país, cuando Chile debió pagar por esa expropiación con recursos que se podrían haber destinado a programas sociales.

A 40 AÑOS del Golpe Militar, todavía varios recuerdan la nacionalización del cobre en Chile -durante el gobierno del Presidente Salvador Allende- como si hubiera sido una medida económica que le dio frutos al país.

En el recuerdo colectivo se tiende a separar dicha nacionalización de manejos económicos reconocidamente desastrosos, como la macroeconomía y expropiación de algunas empresas que el gobierno no sabía cómo manejar. Incluso hoy, algunos candidatos minoritarios a la Presidencia -hay nueve compitiendo- han repetido que renacionalizar el cobre podría ser una solución para financiar programas sociales. 

Creo que hay una serie de imprecisiones importantes que vale la pena revisar, independiente de la posición política que usted tenga hoy o hace 40 años. Nacionalizar el cobre no recauda recursos adicionales para el Fisco en el mediano plazo, y no sólo porque ahuyentamos inversiones nuevas. Es que en Chile no consumimos casi nada del cobre que producimos, sino que lo exportamos. Eso hace toda la diferencia del mundo, pues estamos forzados a compensar al expropiado. ¿Por qué? Resulta que los acuerdos de inversión definen que si hay una expropiación, entonces se va a un arbitraje. 

Si nos abstraemos un poco, una mina con utilidades descontadas esperadas de US$ 100 millones anuales, y con reservas para 10 años, tendría un valor de US$ 1.000 millones (cien millones al año por 10 años). Eso es justamente lo que pide el arbitraje: que se compense pagando el valor de mercado de la mina. Por eso sólo convendría expropiar justo antes  de  un boom del precio del cobre -que sería una apuesta tipo el “davilazo” de los 90- o si la empresa pública fuera mucho más eficiente; situación que vemos hoy en los datos. 

Chile podría teóricamente desconocer la compensación a precio de mercado, como intentó hacerlo el gobierno de Allende. Pero si hoy no pagamos nos quitan el cobre en el mediano plazo, así de simple. Obviamente hoy no van a invadir la patria como en Panamá -ni a facilitar golpes de Estado como en Chile-, sino que cuando el cobre se exporta y llega a un puerto extranjero, entonces una orden internacional embarga la carga, reservando la venta de ese cobre para pagar a las multinacionales expropiadas, ya sean norteamericanas, chinas o europeas.  Es decir, que si no pagamos nos cobran igual embargando exportaciones. Eso pasó en Perú en la década de 1970, y al final el gobierno peruano pagó. Chile, después de tres o cuatro años, también lo hizo.   

En el neto, finalmente Chile no recaudó recursos fiscales con la nacionalización en los 70. Según dice Noel Maurer -de la Escuela de Negocios de Harvard-, Chile terminó compensando a las multinacionales norteamericanas  como Anaconda  por  más del 100% del valor expropiado, igual que en casi todos los casos similares en el mundo, pues no quedaba otra opción.  

Si bien el gobierno de la Unidad Popular no pagó, los chilenos tuvimos que pagarles a las multinacionales. Aun cuando la retórica fue que “expropiamos”, en la práctica “compramos” el cobre y esos recursos fiscales no se usaron para otras cosas importantes como salud o educación. 

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