Natalia Duco: "No permití que la duda pudiese conmigo"

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La atleta chilena más reconocible de las que competirán en Londres desde el viernes, también su opción más poderosa, atiende a El Deportivo desde su refugio español. Serán sus quintos mundiales y llega a ellos, como siempre, con la fe subida, dispuesta a darlo todo.




Su lenguaje es parte de su voluntad. Natalia Duco siempre piensa en positivo. Habla como los ángeles y defiende con pasión su derecho a hacerlo. Un personaje que acepta sin fanatismos su papel en la historia del deporte chileno. Atiende a La Tercera desde León (España), el paraíso de los lanzadores, donde volvió a lograr, casi contra el crono, la mínima para los Mundiales de Londres que empiezan el próximo viernes.

Al final, siempre llega a tiempo.

Sí. Gracias a Dios, sí. He logrado la mínima para el Mundial de Londres. No he tenido tanto tiempo como otras veces. Pero quise creer en mí. No permití que la duda pudiese conmigo. He tenido esa confianza, no me ha pesado.

Fue un año difícil.

Sobre todo por la operación. En 15 años nunca había tenido nada grave y, de repente, me vi obligada a partir de cero. Me resultó muy extraño. No podía lavarme los dientes, no podía lavar un plato y ni siquiera ponerme la ropa. Fue entonces cuando convertí esto en un desafío.

No podemos vivir sin desafíos.

Llevo tantos años en esto... Tengo tan interiorizado esa palabra, la magia de esa palabra. Mi cerebro está entrenado para producirla, para tener paciencia y para no perder ni por un momento la confianza en mí misma.

¿No es bueno dudar a veces?

En el trabajo, no. Al menos, en el mío yo intento ser positiva. Y si tengo una duda que esa duda sea positiva, porque en todos estos años he aprendido que el deporte nunca perdona. Sólo eres útil durante un tiempo y por eso vives al filo de la navaja, porque siempre te parece que puedes hacer todo mejor. Alimentarte, entrenar, cuidarte... Es una manera de vivir.

No parece fácil vivir así.

Para mí, sí, porque todo lo que soy como mujer o como deportista se lo debo al deporte, a la bala.

¿Entonces qué sería de usted sin el deporte?

No sé lo que sería, porque he elegido este camino. Quizás porque debía ser así. Soy de las que piensa que todo pasa por algo en la vida. Si Dios me ha dado este talento, yo tengo el deber de cumplir y de respetar lo que me ha entregado.

¿Cuándo le entregará Dios una medalla olímpica o mundial?

No, no... Eso se gana a golpe de trabajar. O, como dicen ustedes en España, de currar duro y no tener miedo. Y yo no lo tengo. Cada día hago todo lo que está en mi mano. Me entrego al mil por cien y luego tengo esa paciencia de la que hablábamos al principio. Sé esperar mi oportunidad. Todavía es pronto para desesperar.

Hasta ahora ha dado usted una lección de vida.

Estudio psicología precisamente para entrenar mi mente y para observar. Observando también se aprende y yo no dejo de observar a los demás allá por donde voy, sea aquí en España, donde hay más cultura; sea en Cuba, donde le transmiten a una tanta energía positiva, o sea a través de nosotros mismos, los chilenos, que somos un pueblo de lo más aguerrido...

¿Podría retirarse ya?

No, no, ni loca. Aún siento ese fuego interno. Sé que me queda mucho camino por recorrer y que no sería justa conmigo misma si me planteara esa pregunta. No la veo ningún motivo.

Sin embargo, usted ha contestado con motivo.

Sí, porque me siento así y porque no se me ocurre pensar otra cosa. Tengo 28 años y usted mismo, como periodista especializado, debe saber que ésta es una edad ideal para mi deporte. He ganado conocimiento y no he perdido plenitud física, rotundamente no, por eso lo de la retirada no se me ocurre ni pensarlo.

En realidad, usted siempre prefiere contestar que sí.

Bueno, depende de la pregunta.

Todavía no nos hemos imaginado que llega a Londres y gana una medalla mundial.

Claro que hay que imaginarlo, porque vuelve a ser una oportunidad única: yo quiero estar entre las mejores como he intentado dar siempre. Y si no lo he dado he salido fortalecida porque entendí que ése había sido el error.

Su motivación es digna de dar conferencias.

He estudiado, sí, me he formado para eso. De hecho, en Chile doy charlas motivacionales a empresas, a trabajadores y a niños en riesgo social, que son las que mejor me ayudan a ver la vida tal y como es.

¿Y cómo son esos niños?

Mire, ¿sabe lo que pasa?, en Chile la sociedad quizás está un poco más difícil que en España para la juventud. Los niños tienen acceso virtual a muchas cosas que luego físicamente creen que no lo van a ver nunca, porque sus padres no tienen recursos. Pero yo precisamente intento convencerles de que el hecho de decir 'yo puedo' te puede cambiar la vida. Porque yo misma soy una prueba, yo lo he hecho. Es más, lo hago todos los días.

¿Y los niños le hacen caso?

A mí ha habido niños que me han dicho que no se sentían merecedores de hacerse una fotografía conmigo por ser pobres. Eso se lo he escuchado decir yo con mis propios oídos y te llega al alma, no se te olvida nunca, porque no es justo que un niño te diga eso o que, a sus edades, no piensen que ellos también pueden llegar a la cima.

Nunca se sabe dónde está la cima. El otro día un banquero español, que había llegado a ella, decidía suicidarse.

Vi la noticia, sí. Y, de repente, te quedas… No sé ni cómo explicarlo. Pero al momento medité, me paré a pensar dos minutos y a preguntarme: 'Natalia, ¿te hace realmente feliz lo que haces?'. Porque hay deportistas muy exitosos, que consiguen grandes cosas y que, sin embargo, no son felices. ¿Acaso vale la pena eso? La única manera de ser feliz es estar donde realmente quieres estar. Y yo lo estoy.

¿Qué sentido tienen los casos de dopaje que han vuelto a aparecer en Chile?

Sí, he leído un poco de eso, pero es un tema delicado en el que hay que ser muy fuerte. Las leyes tienen que ser exigentes, pero, a partir de ahí, los demás debemos recordar que los que han cometido ese error son seres humanos a los que tenemos que reeducar, ayudar, en vez de criticar. No se puede hundir a las personas que se han equivocado.

¿Y entonces los que no se equivocan nunca?

No, eso no es así, todo el mundo se equivoca alguna vez. Salir a la calle es exponerte a un error y yo defiendo que un error no te convierte en un criminal. Si en las cárceles se invita a reeducar a las personas que han cometido crímenes, ¿cómo no vamos a hacerlo en la vida real?

¿Cuál es el último error que usted ha cometido?

No sé. Todos los días cometo algún error. No se puede precisar tanto. Es el día a día. Por eso me preocupo de ir caminando para tratar de solucionarlo, de recordar a toda la gente buena que me rodea en Chile o acá, en España… Si la gente nos abre puertas, nosotros no podemos cerrarlas.

¿El periodismo chileno abre o cierra puertas?

El periodismo de nuestro país es un reflejo de cómo somos como sociedad. Si ganas, son muy exitistas, y si pierdes, no te perdonan, te atacan sin piedad. Pero desde 2008, cuando fui campeona mundial juvenil, he tenido tiempo para acostumbrarme a no hacer caso al periodismo, para comunicar lo que pretendo y hasta para hacer amistades dentro de esa profesión. Al final, no todo es blanco o negro.

El siguiente paso es que sea usted la que se ponga a escribir.

Sí, escribir me gusta y no lo descarto. Entre otras razones porque trato de no ponerme ningún límite. Sé que en el futuro se me van a abrir millones de puertas, porque trabajo, estudio, me formo para que sea así y para decir cada día de mi vida 'yo puedo'.

Entonces no hay duda de su medalla en Londres.

No, eso no lo digo yo, lo dice usted…, yo sólo voy a intentar llevar el nombre de Chile a lo más alto, porque creo que es mi deber. En Chile no es como en España, donde hay muchos deportistas de altísimo nivel; aquí somos pocos y eso nos da más responsabilidad, porque sabes que hay mucha gente pendiente de lo que hagas. Y no puedes fallarla.

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