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Actualizado el 20/11/2016
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Naturaleza y homoerotismo: José Pedro Godoy desembarca en el Museo de Bellas Artes

Autor: Denisse Espinoza A.

El pintor de 30 años, uno de los artistas mejor cotizados de la escena local y pareja del escritor Pablo Simonetti, exhibe por primera vez en la pinacoteca nacional. Desde el 6 de diciembre mostrará cerca de 50 cuadros recientes, que revelan sus referencias al arte clásico, pero también su obsesión con la cultura pop: el animé, las teleseries, la publicidad y sobre todo, el cuerpo masculino.

Naturaleza y homoerotismo: José Pedro Godoy desembarca en el Museo de Bellas Artes

osé Pedro Godoy (1985) repite varias veces la palabra seducción en esta entrevista. No sólo al referirse a la atracción que quiere provocar en quienes contemplan sus cuadros, sino también en la propia fascinación que siente con el ejercicio de crear una obra. Desde los 20 años está dedicado exclusivamente a pintar, y reconoce que no sabría hacer otra cosa. “Nunca he dejado de pintar más de dos semanas. La pintura me da orden, tranquilidad. Si no vengo al taller, me aburro”, dice.

A sus 30 años, está convertido en uno de los artistas jóvenes más cotizados de la escena local, y si bien su ritmo de trabajo es imparable, no son muchas las ocasiones en que exhibe su obra al público. La última vez fue hace cuatro años, cuando en el MAVI presentó El progreso del amor, una serie de 22 pinturas donde tributó al amor juvenil y al barroco francés – con guiños a obras clásicas de Fragonard y Cézanne -, a través de cuerpos desnudos posando sobre nubes y arcoiris, como si fuesen ángeles, o insertos en frondosos bosques nocturnos.

Esta vez el seductor pincel de Godoy va más allá: plasmando desnudos aún más explícitos y escenas delirantes de parejas teniendo sexo en medio de incendios y autos chocados o eróticas reuniones con hombres enjaulados. Los animales salvajes y las flores tampoco faltan. “Son los mismos temas que he trabajado antes, las relaciones entre naturaleza y artificio; lujo y lujuria; amor y ferocidad, pero llevados al límite. En estas obras fui más exagerado, saturé la paleta, la composición, y le di más valor narrativo a las imágenes. Me interesa ser provocativo, pero en un sentido seductor; aquí hay violencia, pero no para escandalizar. Tiene que ver con ese límite entre lo que es muy incorrecto, pero que se presenta de manera atractiva, seductora”, explica.

Hace tres años, Roberto Farriol, director del Museo de Bellas Artes, lo invitó a hacer un proyecto especial para el ala sur, incluidas dos rotondas del edificio. El resultado se podrá ver desde el 6 de diciembre en Historia violenta y luminosa, muestra que reúne 50 cuadros donde Godoy vuelca todo su imaginario, incluida su obsesión por el cuerpo masculino -con su estilizada mirada gay- pasando por su afición a la cultura pop, que va desde la publicidad, las fotos de moda y las películas de Pedro Almodóvar, hasta el animé y las teleseries.

En la gran obra de la entrada, de 3 x 1,190 metros y titulada igual que la muestra, un hombre desnudo abraza a su amada rodeado de caballos y cisnes; a un lado está el infierno: un extractor de petróleo, hombres y mujeres desnudos o vestidos con ropas sadomasoquistas, un cardenal con la sotana abierta muestra sus genitales, y como telón de fondo hay estatuas griegas doradas, humo y fuego. Al otro costado, el paraíso: la cordillera, los manantiales, los chicos y chicas con sus ropas veraniegas, el cielo azul.

“Para esta exposición vi de nuevo Lady Oscar y la última saga de Los Caballeros del Zodíaco. Y la gran obra que dará la bienvenida a la muestra está inspirada en Doña Bárbara y La Tormenta, dos mega producciones de Telemundo. Me interesa el género melodramático, sus personajes estereotipados, todo se divide entre buenos y malos, al límite de la moral. Y es lo que hago en mis pinturas, exagerar los sentimientos hasta que se vuelve todo un poco ridículo”, dice el pintor quien, más allá de su obra, se ha hecho conocido por su relación con el escritor Pablo Simonetti, con quien suscribió un Acuerdo de Unión Civil en enero pasado y a quien le ha ilustrado las portadas de varias de sus novelas.

¿Además de la televisión tienes referentes en la literatura?

Sí y me gusta leer, y como estoy casado con un escritor y tengo mucho contacto con otros escritores, siempre estoy expuesto a recomendaciones de libros. En ese sentido es súper estimulante la relación con Pablo, porque cada uno se acerca a la obra del otro con un foco súper distinto. Trato de leer de todo, libros de historia, poesía, novelas contemporáneas, biografías. Me gusta mucho Stefan Zweig, quien escribió la biografía sobre María Antonieta; Manuel Puig, Mishima, Truman Capote; en el verano leí La historia del amor de Nicole Krauss y me encantó, también Cumbres Borrascosas, que la leí cuando estaba en la Patagonia, y si hiciera una película de ese libro, lo situaría ahí.

Espíritu adolescente

Esta exposición también marca una década de producción, desde que Godoy comenzó a pintar siendo un estudiante en la Facultad de Artes de la UC, y para celebrarla también lanzará en diciembre un libro monográfico por Ediciones Puro Chile.

Lo cierto es que su trayectoria ha sido afortunada y sin baches. Recién egresado, ganó el segundo lugar en el concurso de arte joven del MAVI, ha expuesto en la Galería Gabriela Mistral, la Sala CCU y Gasco. Y aunque nunca ha tenido un vínculo duradero con ninguna galería comercial, siempre ha vivido de vender sus obras, con precios que van de los $ 80 mil, por sus dibujos en papel, a los $5.500.000, por sus pinturas de gran formato. “No sé cuál es la razón por la que mi pintura se vende. Tengo ciertos coleccionistas que siempre compran mis cuadros desde antes que saliera de la universidad, pero tampoco me interesa pintar con sólo ese objetivo en mente, de hecho no me gusta mucho ir a ferias. He tenido suerte, pero también siento que he trabajado para esto y que así como mi obra vende también puede dejar de pasar”, dice.

La libertad creativa y plástica de Godoy es evidente, y aunque su trabajo puede contener referencias artísticas a fotógrafos como los estadounidense David LaChapelle o Robert Mapplethorpe, su trabajo es honesto y bebe de un imaginario indiscutiblemente personal, donde lo erótico también está representado por la idealización de la juventud y la perfección de cuerpos siempre tonificados y lozanos.

“Esta exposición es un homenaje a las cosas que me gustan, es mi Olimpo personal, los lugares de pertenencia que fui encontrando en la niñez y en la adolescencia, ciertas canciones, series, imágenes que ya daban luces de cómo me sentía. También es mi obsesión por representar al hombre como objeto de deseo. O sea, de chico veía La laguna azul y había algo erótico y heroico para mí en el personaje masculino. No me interesa pintar mujeres, y aunque aparecen en mis pinturas, no son el foco central, porque no es como yo entiendo el erotismo”, concluye.

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