Nuevas cifras de actividad económica
El contentamiento con mejores mediciones por causas externas arriesga debilitar la concentración en corregir las severas limitantes al progreso del país.

En las postrimerías del gobierno de la Nueva Mayoría reaparece un mayor ritmo de actividad económica. El indicador mensual de actividad económica (Imacec) registró en julio su mejor desempeño del año, con un crecimiento en doce meses de 2,8%.
Gran parte del buen desempeño en dicho mes es atribuible a mayor producción minera, pero también la actividad no minera experimenta un repunte relevante.
Ciertamente esta incipiente reactivación se debe a un mejoramiento importante de las condiciones externas. En lo que va corrido del año el dólar se ha debilitado respecto de otras monedas principales a un ritmo parecido, pero con signo contrario, al que se fortaleció en 2015, cuando tuvo efectos severos para nuestra economía. Con esto, mejoran países emergentes y hay un repunte significativo del precio del cobre (la expectativa oficial se elevó a 2,75 dólares la libra para 2017 y 2018). Junto a mejores condiciones en China y en nuestros socios comerciales, bien puede esperarse una reactivación significativa de nuestra economía. El IPOM presentado el miércoles pasado por el Banco Central pronostica un crecimiento del PIB centrado en un 1,5% para 2017 y 3% para 2018, lo que puede resultar modesto si se mantienen tendencias como las mencionadas.
Las nuevas cifras ya han comenzado a avivar la larga discusión en el país acerca de cómo asignar la responsabilidad por el crecimiento (o falta de crecimiento en los años recientes) entre factores externos, por una parte, y factores domésticos asociados a las políticas del gobierno, por otra. Previsiblemente, el discurso del gobierno está enfatizando el impacto de las condiciones externas, buscando minimizar el rol que malas políticas económicas pudieran haber tenido en el largo período previo de letargo. Pero la explicación del oficialismo es errónea. Los factores externos son una influencia sobre el nivel de actividad, pero también, y en forma más permanente, influye el potencial de crecimiento de la economía, que puede mejorar o empeorar según la calidad de las políticas económicas. Y sobre este potencial, el Banco Central indica en su reciente IPOM que el crecimiento del PIB tendencial se mantiene inalterado en un pobre 3,2% anual, insuficiente para retomar el ritmo de avance en la lucha contra la pobreza y hacia el desarrollo.
Tenemos una recuperación cíclica en gestación, montada sobre un crecimiento de tendencia deteriorado, y que no repunta.
Quienes estudian seriamente el potencial de progreso económico de los países lo ven dependiente de la calidad de las instituciones, y de los incentivos que éstas establecen para motivar el esfuerzo y creatividad de las personas. A este respecto, este gobierno introdujo un gran retroceso en lo que el país había construido. Para retomar con solidez el camino del crecimiento, el país debe abocarse con urgencia a una corrección fiscal, y a la recomposición de la competencia y de los incentivos adecuados para aumentar la productividad laboral, la calidad educacional y una inversión pujante. El contentamiento con mejores mediciones económicas por causas externas, transitorias, arriesga debilitar la necesaria concentración del país en corregir limitantes muy severas a su progreso.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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