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Actualizado el 26/08/2017
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Nuevas cifras del INE revelan los cambios demográficos en Chile

Autor: Paulina Sepúlveda Garrido

El INE publicó ayer las Estadísticas Vitales, que establecen que al 30 de junio de 2015, en el país había 18.006.407 personas. Informe dice que la tasa de fecundidad llegó a 1,79 nacimientos por mujer, la más baja desde 2013 y que en 2015 hubo 6.327 nacimientos menos que en 2014. También muestra influencia de migración y alza de nacimientos de extranjeras, que pasaron de ser el 3,2% del total de alumbramientos en el país en 2014 al 4,6% en 2015. Matrimonios caen 4,8% respecto a 2014.

Nuevas cifras del INE revelan los cambios demográficos en Chile

Fecundidad cae a 1,79 hijos por mujer y aumenta aporte de extranjeros

Chile ha vivido en las últimas décadas una drástica caída en la tasa global de fecundidad (TGF) o el promedio de hijos de una mujer durante su vida fértil. Si en 1960, la TGF era de 5,4, para 1980 pasó a 2,7 y la última cifra del año 2015, habla de 1,79 hijos por mujer.

Es lo que indicó el Anuario de Estadísticas Vitales 2015 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), dado a conocer ayer. La cifra reafirma que volver a la tasa de reemplazo (2,1 hijos por mujer), se ve cada vez menos probable. “Las estadísticas vitales dan una muy detallada descripción de cómo evoluciona la población y cómo crece en términos de nacimientos, defunciones y matrimonios. Podemos saber información de fecundidad, de cómo se distribuye territorialmente, la edad de los padres y madres de quienes nacen”, señala Ximena Clark, directora del INE.

En la actual versión, los nacimientos totales (244.670) bajaron en 2,5% en 2015 respecto a 2014 (6.327 nacimientos menos). La tasa bruta de natalidad (número de nacimientos por cada mil habitantes) pasó de 14,2 en 2014 a 13,6 en 2015.

“Esta tasa corresponde a 2015, es decir, es de dos años atrás”, aclara Ricardo Neupert, observador internacional del Fondo de Población de la ONU. “Este atraso es normal. La mayoría de los países publican sus estadísticas vitales con un atraso de dos años y más, incluso en países desarrollados. La razón principal son atrasos en los registros y la dificultad en compilar, procesar y evaluar una gran cantidad de datos”, explica Neupert.

“La fecundidad ha bajado más de lo esperado”, destaca Guiomar Bay, oficial de Asuntos de Población de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal. Los avances en mortalidad y los cambios en la vida moderna, han hecho que las familias disminuyan su tamaño, “porque la sociedad se estructura de otra forma en un mundo más urbano”, dice.

Menos población en 2050

Para la experta de Cepal, la baja en la TGF es reflejo además de la etapa avanzada de transición demográfica que vive Chile.

Y si bien la caída en el número de hijos por mujer implicará una disminución en la población, ese proceso no es inmediato, advierte Bay: “La población va a disminuir a largo plazo, no es algo inmediato, depende mucho de la estructura por edad de la población. Según nuestras proyecciones, la población comenzará a disminuir en el año 2050”.

La TGF incluye tanto a la población local y la de migrantes. Y en muchos países que están en proceso de envejecimiento, la población migrante puede revertir esa tendencia, resalta la directora del INE.

Y en Chile eso ya se aprecia de forma incipiente. Si en 2014, uno de cada 32 nacimientos fue de una extranjera, para 2015 pasó a uno de cada 22. En 2014 hubo 7.786 nacimientos de extranjeras, el 3,2% del total y en 2015 llegaron a 11.236, 4,6% del total. “En 2016 y 2017 ingresaron más extranjeros, por lo que ese fenómeno de aumento de población por migración se podría estar dando en Chile”, dice Clark.

La caída substancial de la fecundidad está teniendo como resultado una composición por edad de la población que se considera favorable al desarrollo. “Se trata de una pirámide de población con una base reducida (niños y adolescentes), un centro expandido (adultos en edad de trabajo) y un segmento superior aún estrecho (adultos mayores)”, explica Neupert.

La causa es que las cohortes de mayor tamaño nacidas antes del descenso de la fecundidad están subiendo en la pirámide de población y entrando en la edad de trabajo. “Si en el mercado de trabajo hay oportunidades apropiadas y suficientes estas cohortes pueden estimular el desarrollo. Cuando decrece la razón entre personas dependientes y personas económicamente activas, que es lo que está sucediendo actualmente, se abren nuevas oportunidades económicas y sociales”, destaca Neupert.

Jonathan Barton, investigador del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable, dice que la baja tasa de fecundidad, muestra que Chile se comporta como país desarrollado en su pirámide poblacional. “Así como Italia o Francia, que tienen un gran porcentaje de población de baby boom, tenemos que enfrentar cómo vamos a asegurar a ese gran número de personas de 25 años, que vivan muchos años con buena salud y pensión”.

El periodo con mayor población juvenil en edad de trabajar, se denominado como ventana de oportunidad demográfica, y se considera especialmente favorable al desarrollo socio-económico, a las inversiones en el sistema social y al desarrollo humano, sostiene Neupert. “Esta ventana proporciona el llamado dividendo o bono demográfico en referencia a las oportunidades brindadas por la coyuntura demográfica para aumentar el desarrollo socio-económico y los niveles de bienestar de la población”.

Es importante destacar, sin embargo, agrega Neupert, que la ventana demográfica no es considerada como una variable única ni suficiente para asegurar el desarrollo. Así mismo, el porcentaje de adultos en edad de trabajo no conduce directa e inevitablemente al crecimiento económico. “Por el contrario, si el entorno económico y social son desfavorables y la economía no puede absorber la población en edad de trabajo y capitalizarla, la numerosa población de adultos jóvenes puede transformarse en una carga para los países y puede resultar incluso en levantamientos sociales y conflictos civiles. Esta protuberancia juvenil en la pirámide de población puede tener serios efectos en la estabilidad social y política de los países. El estudio de este tema debería recibir más atención aquí en Chile”, sostiene.

El 40,7% de la población del país vive en la Región Metropolitana

¿Cuánta es la población en Chile? Es la pregunta que quedó pendiente ante la ausencia de resultados del Censo 2012.

El 31 de agosto el INE presentará las cifras preliminares del Censo 2017. “Son resultados generales y preliminares de la hoja operativa de terreno”, explica Ximena Clark, directora del INE. En esa fecha, dice, se darán el número preliminar de personas censadas y en diciembre las cifras oficiales de personas censadas con más detalle como región, comunas, género, edades, entre otros. “Luego esos datos deben considerar la omisión, y de ahí se conoce la población total”, aclara Clark.

Sin embargo, existe otro modo de tener una visión general del número de personas que habitan el país, las Estadísticas Vitales, que en su última versión muestran que la población estimada al 30 de junio de 2015 es de 18.006.407. De ella, el 50,5% es población femenina y 49,5% masculina.

La Región Metropolitana es la que concentra el mayor número de habitantes, con 7.314.176 personas (40,7% de la población total). Le siguen la Región del Biobío con 2.114.286 (11,7%), Valparaíso, 1.825.757 (10,1%) y el Maule, con 1.042.989 (5%).

“Se trata de una estimación de la población total. La cifra del Censo no necesariamente debería ser igual a esa, porque las estimaciones (como las Estadísticas Vitales) ven las tendencias observadas en el pasado, pero pueden pasar otros fenómenos que influyan y no se sabe qué pasará”, explica Guiomar Bay, oficial de Asuntos de Población de la Cepal.

La información que se conozca del Censo, dice Bay, será importante para saber si la migración ha tenido un efecto en la población en Chile.

Chile urbano

El documento del INE indica además que el 87,4% de la población vive en ciudades. Las regiones con mayor cantidad de población urbana son Antofagasta (97,9%) y Metropolitana (97%)

Jonathan Barton investigador principal del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable, señala que Chile tiene una de las cifras más altas de población urbana. “Es una de las más altas de América Latina y en términos comparativos está a la par de América del Norte y Europa”, dice.

Felipe Link, investigador Coes y del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la U. Católica, agrega que Chile es un país netamente urbano. “Tiene una de las tasas de urbanización y concentración en grandes ciudades más altas. Y eso son datos muy importantes, porque presenta como desafío la planificación urbana y las políticas públicas”, sostiene.

Se aprecia además una tendencia a la concentración urbana y metropolitana. “Se mantiene el peso histórico de la RM, pero también está el crecimiento de otras regiones con magnitudes de más de dos millones de personas y que históricamente eran ciudades intermedias”, dice Link.

El modelo tradicional de gente moviéndose a Santiago ha bajado y crecen ciudades intermedias como La Serena, Coquimbo, Temuco, Puerto Montt y Puerto Varas, dice Barton. “Sería muy atractivo aprovechar este momento y ver cómo descentralizar el país, en los próximos 10 años habrán más regiones metropolitanas en el país”.

Mortalidad infantil y neonatal llega a su nivel más bajo

Otra realidad evidenciada por el Anuario de Estadísticas Vitales 2015 fue la reducción de la tasa de mortalidad infantil y neonatal.

La primera (defunciones de menores de un año por cada 1.000 nacidos vivos), que en 2015 llegó a 1.683 menores, pasó de 7,2 en 2014 a 6,9 en 2015. La mortalidad neonatal (menores de 28 días fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos) pasó de 5,2 en 2014 a 5,1 en 2015.

Juan Pablo Miranda, neonatólogo de la Sociedad Chilena de Pediatría (Sochipe), explica que para Chile esta pequeña reducción tiene un costo muy alto y significativo. “Se explica por la vacunación, mejor nutrición, acceso a atención primaria y manejo en unidades de cuidados intensivos”, dice.

Con la despenalización del aborto, cree que la mortalidad se reducirá un poco más, porque los niños con malformaciones neurológicas o cardiológicas, que hasta ahora nacían, morían a las pocas horas o días. “Junto con los prematuros extremos, son los que más contribuyen a la mortalidad neonatal”, explica. Así, agrega, Chile se acercaría a los países OCDE. Francia, por ejemplo, donde se practica el aborto terapéutico y libre, en 2014 tenía una tasa de mortalidad infantil de 3,3. Reducir la cifra, señala Miranda, también pasa por tener más neonatólogos en las unidades de cuidados intensivos.

Defunciones en el país

En 2015, en el país murieron 103.327 personas, 1,3% más que en 2014. Respecto de las causas, el director del Centro Avanzado de Enfermedades Crónicas, Sergio Lavandero, explica que las nuevas cifras siguen ratificando que las enfermedades crónicas son las más relevantes, realidad que no solo enfrenta Chile sino el resto del mundo. “En casi todos los países, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte. En Chile, el cáncer se está acercando porque el envejecimiento es también un factor de riesgo, pero por ahora sigue en segundo lugar”, dice.

Chilenos se están casando cada vez más tarde

Al inicio de los 90 se registraron cerca de 99 mil matrimonios, cifra que fue reduciéndose paulatinamente hasta llegar a poco más de 60 mil en 2010, cuando la tasa de nupcialidad estaba en 3,5 matrimonios por cada mil personas. Aunque en 2011 se llegó a un peak de 3,8 nupcias por cada mil personas (64.768), en los años siguientes la cifra ha oscilado y en 2015 alcanzó el menor nivel del quinquenio: 3,4 matrimonios por cada mil personas. Se trata de 61.744 enlaces (169 diarios), 4,8% menos que en 2014.

Y se casan más tarde. La edad media del primer matrimonio pasó de 27 años en las mujeres, en 2002, a los 33 en 2015. Los hombres pasaron de los 30 a los 36.

Juan Carlos Oyanedel, sociólogo y académico de la U. Andrés Bello, dice que la postergación del matrimonio -y la baja en la tasa de natalidad- está relacionada con el alza de la escolaridad femenina y su mayor participación laboral. “Eso se traduce en una disminución de hijos por mujer, y en mayor tiempo para la nupcialidad, porque la gente se va a vivir juntos antes”, indica.

Hombres y mujeres hoy se casan, en promedio, nueve años más tarde de la edad a la que lo hacían a mediados de los 80, cuando pasaban de la casa de los padres a la casa conyugal. Hoy cuesta más asentarse y eso tiene consecuencias para el matrimonio y la descendencia. Según un estudio del sociólogo José Olavarría, en 1990 el 6,3% de las parejas en Chile convivía, cifra que subió al 15% en 2011.

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