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Actualizado el 25/04/2017
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PDI reconoce alarma entre padres y apoderados por “juego” de la ballena azul

Autor: Cecilia Yáñez

Se trata de un desafío que invita a niños y adolescentes a superar una serie de pruebas, la última de ellas, suicidarse. Policía de Investigaciones dice que ha recibido muchos llamados de apoderados y colegios pidiendo información.

PDI reconoce alarma entre padres y apoderados por “juego” de la ballena azul

Las ballenas son mamíferos que en ciertas circunstancias encallan en la playa: decenas o cientos de individuos que siguen a su líder y terminan varados. Aunque podría ser por estrés o un líder con problemas de ecolocalización, muchos creen que es un suicidio colectivo.

Siguiendo esa lógica, en las últimas semanas, grupos de Whatsapp de apoderados están en alerta por un juego viral al que se puede ingresar por las redes sociales: “El juego de la ballena azul”, “Los 50 desafíos” o “Blue Whale” si prefiere la versión en inglés.

Similar a los juegos de rol, los adolescentes son contactados (por invitación o porque postean su deseo de participar) por un coordinador que les plantea 50 pruebas o desafíos que deben superar. Todo bajo un halo de misterio.

Algunas pruebas son fijas, otras las define el coordinador. Tatuarse una ballena con un cuchillo en el brazo, ver películas de terror por 24 horas, dar dulces envenenados o con drogas a estudiantes más pequeños y por último, suicidarse son parte de los desafíos. No importa si es Twitter, Facebook, WhatsApp u otra red, los mensajes con los desafíos se envían a las 4.20 hora local.

Según versiones de prensa, el juego se habría iniciado en Rusia hace algunos meses. Su creador y varios coordinadores fueron detenidos, pero al ser viral se siguió extendiendo a países de Asia Menor, Europa, México, Brasil, Colombia y ahora Chile. Cientos de casos de suicidios adolescentes alrededor del mundo se están relacionando con el juego.

Ernesto Jimeno, comisario de la Brigada de Cibercrimen Metropolitana de la Policía de Investigaciones dice que en Chile, hasta ahora, no hay denuncias formales (al menos en esta unidad). “Sí nos han llegado correos y llamados de apoderados y colegios preocupados y para saber si es verdad”, dice.

El psicólogo de Clínica Santa María, Raúl Carvajal, cree que puede ser una actividad no muy masiva pero coherente con lo que ocurre hoy. “Las niñas se están cortando más que los niños. Se hacen daño, es una práctica bastante usual. Sienten angustia y prefieren el dolor para aplacar la angustia que no pueden manejar. A eso hay que sumar adolescentes que prefieren participar de un juego de rol como vida paralela, más aún si están pasando por situaciones difíciles. Niños que tienen depresiones profundas que dejan el contacto social y personal, por el computador.

Todos esos aspectos pueden ser caldo de cultivo para ‘juegos’ como el de la ballena”, explica.

Hablar con los hijos

Jimeno dice que han recibido denuncias en contra de adultos que crean perfiles falsos de cantantes o actores y han engañado a niños más pequeños a los que les piden, por ejemplo, fotos de sus compañeras de curso. Por lo mismo, dice, “es fundamental que los padres entiendan que en internet hay riesgos reales y que moderar la exposición que los niños tienen a estas herramientas”. “No hay que creer que por estar jugando en la pieza, está más seguro que en la calle”, dice.

Guillermo Bustamante, coordinador de la Escuela de Comunicación Digital y Multimedia de la U. del Pacífico, cree que lo complejo de las redes sociales es moderar el contenido y saber quién es el responsable. “No hay que demonizarlas. Son útiles para generar iniciativas pero hay que hacer conciencia sobre cómo usarlas bien. Tenemos que educar a los hijos. Si están haciendo el desafío es porque necesitan apoyo”, dice.

Bustamante dice que Facebook, por ejemplo, es como el living de la casa, y como tal, no cualquiera que pasa por la calle puede entrar a él.

Carvajal cree que se deben tener normas claras con los hijos, desde a qué edad se le entrega un celular hasta establecer que el computador es un espacio público cuando tienen 14 o 15 años y por lo tanto pueden ver lo que escribe, con quién se comunica y que éste sea usado en un espacio abierto y no en la pieza; incluso tener acceso a las claves de sus redes sociales.

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