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Política
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Actualizado el 11/01/2017
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PRO: una travesía por el desierto

Autor: Por Emmanuel Ganora

Desde noviembre que un grupo de militantes del Partido Progresista ha ido renunciando a la colectividad de Marco Enríquez-Ominami, fenómeno que se suma al aislamiento político de la tienda y -según la última CEP- a una escasa popularidad del precandidato presidencial.

PRO: una travesía por el desierto

Siendo las 11.00 de este martes, cerca de una veintena de personas se congregó en las afueras del Servicio Electoral (Servel), ubicado en calle Esmeralda, en las cercanías del Parque Forestal de Santiago. El objetivo fue presentar sus renuncias a la militancia en el Partido Progresista (PRO) que lidera Marco Enríquez-Ominami, tras una serie de cuestionamientos que se podrían sintetizar en una carencia de democracia al interior de la tienda.

Realizado el trámite, el grupo leyó un comunicado profundizando en sus razones. En el texto apuntan a la estrategia que ha utilizado ME-O para enfrentar la investigación que lleva adelante el Ministerio Público por el caso SQM, causa en la que el cineasta se encuentra formalizado. “Acusamos públicamente la falta de democracia interna y la negación de los espacios de participación en que ha incurrido sistemáticamente la directiva nacional del PRO referente a temas relevantes a debatir para la construcción de un proyecto político progresista común”, dice el comunicado. “En particular, motiva nuestra renuncia la resistencia a evaluar la fracasada estrategia personal, jurídica y política que implementó la dirección del PRO entre 2015 y las elecciones de 2016”, agrega el texto.

Con esto, los otrora militantes apuntaban a una estrategia utilizada por el PRO para enfrentar las elecciones municipales: presidencializar esos comicios. El esquema no dio resultado: 3,95% de los votos en concejales y dos alcaldes electos.

El castigo electoral, según dijeron los expertos en aquella ocasión, tuvo su origen en la forma como abordó el ex diputado su vinculación al presunto financiamiento electoral irregular. Esto, además de la investigación por el uso de un avión de la empresa brasileña OAS en la campaña de 2013.

Al golpe de las municipales le siguió otra apuesta fallida: iniciar acercamientos con sectores de la Nueva Mayoría y el Frente Amplio -que aglutina a expresiones de izquierda extraoficialista, como RD y el Movimiento Autonomista- con miras a un acuerdo parlamentario. Así, el PRO mantuvo diálogos con el MAS, IC, PC y PPD, tratativas que, hasta ahora, no han tenido resultados concretos.

La respuesta del Frente Amplio, sin embargo, fue rotunda. Esto, pues desde el origen de este referente se definió que no se podía llegar a acuerdo con agrupaciones que fueran cuestionadas por el financiamiento irregular de la política ni que tuvieran nexos con grupos económicos.

Fue este escenario el que alimentó el descontento al interior del PRO. Pasadas las municipales, un grupo de militantes exigió públicamente realizar un congreso extraordinario para “discutir la estrategia política, la institucionalidad partidaria y la política de alianzas”, según difundieron en una carta poco después de los comicios.

A eso le siguió un encuentro entre cerca de 70 militantes críticos y los directivos Patricia Morales y Camilo Lagos, presidente y vicepresidente del PRO, respectivamente. Allí, ambos les informaron que un congreso sólo se realizaría en 2018, después de las elecciones presidenciales. La fecha molestó a los presentes, precisamente porque también querían someter a evaluación una tercera candidatura de ME-O.

El último hito que evidenció el divorcio entre las bases críticas del PRO y su directiva fue una “asamblea extraordinaria” realizada el 12 noviembre en Peñaflor. “En general, invitaron sólo a los fieles a Marco, y la discusión sólo la querían centrar en el tema presidencial, pasando por alto los resultados de la elección municipal de octubre. Prácticamente no hubo autocrítica”, dice a La Tercera sobre este encuentro el ex coordinador general de Jóvenes PRO, Cristóbal Montero. Ocho días después renunció una veintena de dirigentes juveniles y estudiantiles del PRO, entre estos, el propio Montero.

El 2017 se inició con otra noticia ingrata para el PRO. Según la última encuesta CEP, difundida la semana pasada, ME-O logró apenas un 1% en las preferencias presidenciales.

Con todo, las acusaciones contra la mesa del PRO distan de la irrelevancia electoral que evidenció la encuesta CEP respecto de Enríquez-Ominami. “El PRO se transformó en un comando de campaña permanente, donde no había posibilidad de tomar decisiones de ningún tipo. Marco es una figura inamovible y así nadie querrá aliarse con el PRO”, sostuvo ayer Lucy Ovando, ex tesorera del PRO, en las afueras del Servel. “Somos cerca de 100 militantes los que vamos a ir renunciando, los que se suman a casi toda la dirigencia de la juventud del PRO, la comisión programática completa y encargados territoriales”, agregó. Junto a ello, adelantó que se encuentran formando el Movimiento Democrático Progresista, el que está en tratativas con el Frente Amplio para un eventual ingreso a ese bloque. En tanto, parte de la juventud del PRO renunciada realiza diálogos para sumarse al comando juvenil del abanderado del Partido Radical, Alejandro Guillier.

Contactado, Enríquez-Ominami declinó referirse al tema. En todo caso, la presidenta del PRO, Patricia Morales, dijo que “todos los partidos tienen deserciones, es parte natural de los procesos políticos”. Y agregó: “Hemos tenido algunas desafiliaciones en los últimos meses, pero hemos sumado alrededor de 17 mil militantes, gran parte de ellos jóvenes. Es un nivel saludable de recambio. Respetamos la renuncia de quienes hayan decidido emprender nuevos rumbos”.

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