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Actualizado el 06/12/2017
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¿Puede un hombre abrazar a una colega?

Autor: Paulina Sepúlveda Garrido

Muchas personas, especialmente los hombres, se encuentran paralizados ante el actual escenario de denuncias sobre acoso sexual. El límite entre lo correcto y lo incorrecto es tan difuso como su conocimiento del tema.

¿Puede un hombre abrazar a una colega?

¿Puede un hombre o una mujer abrazar a un colega de trabajo al saludar? ¿O hacer comentarios de su vestimenta? Son algunas de las preguntas que algunas personas se plantean frente al actual escenario social en el que se conocen cada vez más denuncias de acoso sexual y el piropo es visto como acoso callejero.

Las denuncias de acoso sexual en el mundo han derribado a varios poderosos en Hollywood, en el mundo de la política y los negocios. En Chile también se han conocido casos en universidades, ambientes de trabajo, entre otros espacios, lo que ha llevado a replantearse qué actitudes cruzan la línea del acoso sexual.

¿Qué es el acoso sexual? La Ley 20.005 del Código del Trabajo establece que son “los requerimientos de carácter sexual que un hombre o una mujer realizan a otra persona, sin su consentimiento, y que amenazan o perjudican su situación laboral u oportunidades en el empleo”. Es acoso vertical, aclara la norma, cuando el denunciado es el empleador/a, y acoso horizontal, cuando se presenten entre pares. Sin embargo, la norma dice que si el demandante miente en una acusación de este tipo, el tribunal declara que la demanda carece de motivo plausible y el denunciante está obligado a indemnizar los perjuicios que cause al afectado.

Hipervigilancia

En Chile, el acoso sexual únicamente está definido en el ámbito laboral, resalta la abogada de la Corporación Humanas, Camila Maturana Kesten. En los otros espacios, como colegios, establecimientos de salud, universidades o espacios públicos, no está sancionado. “Las mujeres se encuentran en completa desprotección frente a situaciones de acoso sexual fuera de lo laboral”, detalla. Situación que confirma el último estudio de Corporación Humanas, que muestra que nueve de cada 10 chilenas admite haber sufrido acoso sexual.

El tema se discute. Y el cuestionamiento, especialmente masculino de cómo actuar hoy con las mujeres, responde a que se están visibilizando las expresiones del acoso sexual, lo que antes no se hacía, indica María Francisca Valenzuela fundadora del Observatorio Contra el Acoso Callejero. “El acoso era normalizado y hoy se reconoce como un tipo de violencia y existe esa impresión de que todo es acoso, pero es erróneo”, dice.

Para Gonzalo Soto, psicólogo coordinador desarrollo docente de la U. Diego Portales y experto en masculinidades, el cuestionamiento responde, además, a un exceso de hipervigilancia respecto de los roles y actitudes de género. “Lo que se traduce en una especie de paranoia en temáticas de género, lo que es bueno y sano, en cuanto a que no se permiten conductas de acoso que antes eran legitimadas. Pero existe un estado de alerta que no es claro, porque no todas las personas entienden qué es el género, la cultura patriarcal, el acoso, y en el discurso público todos esos conceptos se mezclan”.

En ese sentido, dice Soto, “que un hombre diga qué bien se ve a una mujer no es un acoso, es una observación. Esa hipervigilancia hace que se lean erróneamente”.

Un proceso similar ocurrió cuando se hicieron públicos temas de pedofilia, “en los que hubo hipervigilancia, pero no todos los hombres son pedófilos, ni todos son acosadores sexuales”, indica Soto.

Se requiere distinguir, además, agrega, la diferencia entre acoso y abuso. El primero, explica, es intimidación de naturaleza sexual, “y el abuso es cualquier actividad sexual entre dos o más personas sin consentimiento”.

Consentimiento y respeto

En el contexto de mayor apertura del tema, dice Valenzuela, es un mito que los hombres y las mujeres no se pueden relacionar. “Las agrupaciones feministas no buscan eso, sino una forma de relacionarse que sea desde el respeto y el consentimiento, es eso no más”, aclara.

Es así como todo se reduce al consentimiento y una forma de relacionarse dónde exista respeto. “Del minuto en que no existe consentimiento, es violencia sexual”, señala Valenzuela.

Sin embargo, lo que se ha visto, dice Maturana, es que en la conversación social se ha generado una trivialización del tema: “No se asimila el acoso sexual callejero y la gravedad que reviste, especialmente para niñas y adolescentes, que son mucho más vulnerables a las agresiones de hombres adultos desconocidos. Y existe una trivialización al decir que ahora las mujeres quieren meter presos a los hombres por los piropos”.

Que los hombres digan no saber cómo actuar con las mujeres, dice Maturana, “es una posición bastante cómoda en vez de abordar la temática del acoso”.

“¿Es tan difícil pedir que hombres y mujeres sean tratados como iguales en todos los ámbitos de la vida? Porque lo que esas interrogantes esconden es una naturalización de dos guiones sociales: por un lado, cómo deben ser y cómo deben comportarse los hombres, siempre sujetos de deseo. Por otro lado, cómo deben ser y cómo deben comportarse las mujeres, siempre como objetos de deseo”, agrega Camila Mella, socióloga de la U. de Chile.

Los hombres, sin embargo, dice Soto, “estamos hoy más alertas a situaciones que usábamos de forma natural y que son machismo, como el piropo. Hoy los hombres se sienten interpelados a ser conscientes de la temática de género y a repensar las prácticas habituales y resignificarlas”.

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