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Actualizado el 10/03/2017
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Sacerdote de la iglesia ortodoxa griega: “Como cristianos, nos sentimos parte de Israel”

Autor: Pedro Schwarze

Gabriel Naddaf, quien se define como arameo, no como árabe, encabeza desde 2012 un grupo que promueve el enrolamiento de jóvenes cristianos en el Ejército hebreo.

Sacerdote de la iglesia ortodoxa griega: “Como cristianos, nos sentimos parte de Israel”

El sacerdote ortodoxo griego Gabriel Naddaf es una figura tan controvertida como llamativa. Eso porque junto con ser un religioso de la minoría cristiana de Israel, desde 2012 encabeza un grupo que promueve abiertamente el enrolamiento en el Ejército israelí de los jóvenes cristianos.

Gabriel Naddaf, que estuvo de visita en Chile, se define como arameo de habla árabe. Nació en agosto de 1973 en Yafia, un pueblo árabe de mayoría musulmana, muy cerca de la ciudad de Nazaret. Casado y padre de dos hijos (uno de los cuales está haciendo el servicio militar), estudió Teología y Sicología en la Universidad de Haifa y en Salónica. Es miembro del Patriarcado Ortodoxo Griego de Jerusalén, del que fue vocero y juez de su corte.

En esta entrevista con La Tercera habla sobre qué es ser arameo, sobre su llamado al enrolamiento en el Ejército de Israel y sobre la situación de los cristianos en Medio Oriente. “Hay grupos salafistas dentro de la dirigencia palestina que desean eliminar a Israel. Por lo mismo hay una fuerte estampida de cristianos en los territorios. En Belén hoy solo el 2% es cristiano. En Gaza había miles de familias cristianas y ahora solo hay cerca de mil. Hay muchos cristianos que abandonan los territorios palestinos”, sostuvo.

¿Cuál es la situación de los cristianos en Israel?

Lo mejor es visitar y mirar. Para saber lo que pasa en Israel hay que ir y ver cómo viven los cristianos en Israel, en libertad, en democracia y en libertad de culto. Yo puedo andar con este crucifijo colgado por donde quiera. Andar de esta forma, con esta ropa en Irán o en Arabia Saudita está prohibido. La población cristiana en Israel es la que tiene mayor nivel de educación y es exitosa en términos económicos.

¿Por qué usted promueve la integración de los cristianos al Ejército de Israel?

A mí lo que me preocupa es el futuro de los cristianos. Y la mayoría de los cristianos que vive en Israel han nacido en Israel. No son extranjeros en su propia tierra. Por eso tienen el derecho y el deber de retribuir al Estado lo que se ha hecho por ellos e integrarse, sobre todo cuando se habla de una situación de peligro para los cristianos, en el entorno en que están. Por eso creo y siento que es muy importante que ellos tomen el futuro en sus propias manos. También para el Ejército de Israel es muy importante ese sentido de pertenencia y de unidad de la sociedad israelí, y el que vive en Israel participa en él como cualquiera. También hay drusos, beduinos, circasianos, y es muy importante que todos en conjunto defiendan a su país, a su tierra. Nosotros nos sentimos parte de Israel.

¿Qué significa ser arameo?

Es volver a tus propias raíces. Esto es lo que realmente soy. No nací para ser árabe. Mis ancestros nacieron arameos. Después que el Islam llegó hace 1.400 años tomó a todos los cristianos y los obligó a hablar árabe y vivir como árabes. Ser arameo es ser yo mismo.

¿Usted descubrió que era arameo?

Yo crecí en una comunidad árabe y todo el tiempo pensé que era árabe. Hablé árabe, comía comida árabe, tenía todas las costumbres árabes. No me arrepiento de nada de eso. El árabe es un idioma muy rico, muy completo, la comida es muy rica y la cultura árabe es muy amplia. Yo no reniego de nada de eso. Cuando empecé a estudiar en la universidad, empecé a entender que la raíz cristiana no venía de la parte árabe, sino del judaísmo, y que proveníamos de la tribu aramea. Jesús hablaba arameo. Ahí entendí a dónde pertenecía. Y eso fue como una explosión dentro de mí. Entonces decidí emprender este camino y darlo a conocer. Yo era el portavoz del patriarca ortodoxo en Jerusalén y le pedí entonces que necesitábamos hacer algo sobre ese tema, y él me dijo que eso iba a ser tomado como una provocación. Yo me enojé y le dije ¿hasta dónde uno puede renunciar a su identidad? No estuvimos de acuerdo. Hasta que en 2012 comencé a llamar a los cristianos a integrarse y a participar en el Ejército, no como árabes, sino como arameos y a volver a sus raíces y vivir con eso.

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