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Actualizado el 22/10/2017
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El tránsito de Europa del Este: del comunismo a la ultraderecha

Autor: Valentina Jofré

El creciente apoyo a partidos nacionalistas y euroescépticos en Europa Occidental salpica también a estos países.

El tránsito de Europa del Este: del comunismo a la ultraderecha
El líder del partido Ley y Justicia (PiS) Jaroslaw Kaczynski durante una manifestación en el 35º aniversario de la introducción de la ley marcial en el Three Crosses Square, en Varsovia, Polonia, en 2016.

El creciente apoyo que han ido sumando las fuerzas populistas y de ultra derecha en Europa ha remecido la política del Viejo Continente. Ideas nacionalistas y ultraconservadoras van al alza principalmente en Europa Occidental, como se ha reflejado en los resultados electorales del Frente Nacional en Francia, de Alternativa para Alemania (AfD), y el Partido por la Libertad de (PVV) de Geert Wilders en Holanda. Un fenómeno que también se ha hecho presente en los países de la Europa del Este.

Ante esta situación ha surgido la pregunta sobre cómo los ex países de la órbita soviética pasaron de tener regímenes comunistas a convertirse en un avispero del populismo de ultraderecha.

En general, estos partidos han surgido de movimientos euroescépticos que abogan por una salida de la UE con el fin de concentrar todos los esfuerzos en asuntos locales. Dentro de su ideología nacionalista y conservadora también buscan frenar casi en su totalidad la entrada de inmigrantes a su territorio. De hecho, son justamente los países de Europa del Este los que han impuesto las políticas más restrictivas.

Por ejemplo, en Hungría el partido antisemita, antigitano y antieuropeo Jobbik (Movimiento por una Hungría Mejor) dirigido por Gabor Vona, se consolidó en 2014 como la tercera fuerza política del país, luego de obtener el 20,5% de los votos en las parlamentarias de ese año, cuatro puntos más que en 2010. Aunque no pertenece al Jobbik, sino que al Partido Popular Europeo, el primer ministro Viktor Orbán ha puesto a prueba los límites de la UE. Con sus radicales medidas, como la construcción de una valla contra los inmigrantes, ha instalado la autocracia nacionalista en el corazón de Europa.

En Polonia, el partido Ley y Justicia es la principal fuerza parlamentaria desde 2015, cuando después de ocho años de oposición, obtuvieron 37,6% de los votos. La colectividad aboga por una economía proteccionista, el restablecimiento de la pena de muerte, se oponen al matrimonio igualitario, así como a la legalización de las drogas.

Por otro lado, países como Rumania, Bulgaria, República Checa y Eslovaquia aún muestran una incipiente ultraderecha, que de a poco va sumando apoyos.

Alina Polyakova, investigadora experta en Europa del Este del centro de estudios The Brookings Institution comenta a La Tercera que este tránsito que está experimentando Europa del Este, de gobiernos comunistas a una proliferación de la ultraderecha, no es algo radical. “No creo que sea extremo, para nada, porque durante el periodo comunista había muy poca ideología, era un régimen autoritario. Y lo que estamos viendo ahora es un potencial resurgimiento de ideas autoritarias”, aseguró.

Así, Polyakova sostiene que los partidos comunistas que tuvieron apoyo durante los 90, y que hoy están prácticamente desapareciendo, tenían ideas autoritarias en relación a políticas económicas nacionalistas y proteccionistas. No estaban a favor de mercados abiertos, pero sí de un Estado de bienestar y de programas sociales. Ideas que hoy son, en parte, compartidas por la ultraderecha europea.

“Esta ultraderecha no lo es en el sentido económico. Cuando hablamos de que alguien es de derecha en el lado económico eso significa que son pro mercados abiertos y desregulación, y eso no es lo que estos partidos buscan”, afirma Polyakova. “Están mucho más a favor de una protección económica, un Estado de bienestar para los ciudadanos como ‘Bulgaria para los búlgaros’, por ejemplo”, agrega.

Otra explicación para el apoyo que han comenzado a recibir la ultraderecha por parte de ex votantes comunistas está en el abandono que experimentaron estas personas, principalmente en términos de protección social. Ello podría explicar el 12,6% de la votación obtenida por la Afd en Alemania en las últimas elecciones, que ahora será la tercera fuerza en el Bundestag. “La AfD tiene su mayor apoyo en lo que era Alemana Oriental porque extrañan precisamente eso. Gente que trabajaba en fábricas que cerraron o que tenía trabajos poco calificados. Ellos son quienes suelen apoyar a los partidos que prometen luchar contra la inmigración, políticas de protección económica y líderes fuertes que puedan hacer eso”, dice Polyakova.

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