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Actualizado el 08/09/2017
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Trap: el sonido de los descreídos

Autor: Mariano Tacchi

Los incidentes del fin de semana pasado en el concierto de Bad Bunny, que terminaron con dos jóvenes muertos, pusieron a este género musical en el mapa. Un estilo controvertido asociado a la droga y la delincuencia que, aunque no es nuevo, ha crecido en el último tiempo, especialmente entre las nuevas generaciones.

Trap: el sonido de los descreídos

Un grupo de mujeres aparece en las afueras del Estadio Monumental, con vestidos de noche y abrigos, comandadas por una que rapea “No me digas más na / son las reglas tienes que gastar / Como en un partido de fútbol / siempre te voy a ganar / pero por ahora nos podemos ir a perrear”. Es Princesa Alba (nombre artístico de Trinidad Riveros) cantando “My only one”, una declaración de amor a Colo-Colo. Pese a que algunos seguidores del Cacique consideraron que la canción era irrespetuosa con el equipo, que a otros no les gustó su actitud, ni la ropa de la princesa y que incluso corrió el rumor de que el video era para un trabajo de un ramo de la universidad -cosa que ella niega- el video que subió en julio se convirtió en trending topic en Twitter y tendencia en YouTube, y acumula cerca de un millón y medio de visualizaciones. “Sabía que iba a ser polémico, primero por el Colo. Segundo, porque no soy el estereotipo de mina rica, soy una mujer normal y nada, la gente se ataca cuando alguien normal muestra su cuerpo en público”, explica Riveros.

Lo que hace Riveros es trap. Un estilo que nació en los 90 en Estados Unidos, pero en Latinoamérica comenzó a masificarse sólo en los últimos años y que hoy está influyendo en la industria, ya que raperos y cantantes pop lo han ido integrando paulatinamente en sus trabajos, entre ellos Kanye West, Beyoncé, e incluso Shakira, que incluye la canción “Trap” en su último disco, un hit que canta a dúo con el máximo exponente del movimiento en Latinoamérica, el colombiano Maluma.

Sin embargo, quien ha suscitado especial interés últimamente es Bad Bunny, el artista puertorriqueño que hace un año publicó su primer tema en Soundcloud y parece ser el próximo Midas del género.

Benito Martínez, nombre real de Bad Bunny, tiene 23 años y es un agradecido del apoyo que Arturo Vidal le da por redes sociales. Todavía no tiene entrada en Wikipedia pero sí colaboraciones con J Balvin y con el mismo Maluma, además de un canal de YouTube con más de tres millones de suscriptores. Es también el principal nombre del Festival Frontera que se realizará en noviembre en Santiago, superando en interés a otros artistas y bandas con mucha más trayectoria como Chico Trujillo o Ana Tijoux. “Realmente estoy consciente de mi posición de que soy uno de los grandes de este movimiento del trap en español, pero yo dejo que el público ponga los títulos”, contó en la conferencia de prensa con la que dio inicio a su gira de siete presentaciones a lo largo del país. El problema es que las dos que se realizaron el fin de semana pasado terminaron muy mal. El viernes, en Ritoque, hubo una guerra de botellazos entre el público después de que cediera una tarima improvisada. El artista tuvo que acortar la presentación e incluso hubo rumores de una posterior balacera en las afueras del local. La noche siguiente fue peor: en medio de la presentación en Espacio Broadway parte del público creyó que se había desatado una balacera, lo que luego Carabineros descartó, y a la salida un asistente borracho atropelló y mató a dos jóvenes.

Camilo Parraguez, conocido en la escena como Camileazy (ex Zonora Point), fue el encargado de abrir el show de Bad Bunny en Santiago y para él, lo que ocurrió esa noche fue un hecho fortuito y sin precedentes. “No tiene relación con el artista, pueden influir las letras o la gente a la que le llegan, pero yo creo que tiene que ver más con el alcohol o con el ambiente de la fiesta”.

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En Chile el arrastre que tiene esta música se hizo visible en julio, cuando se llevó a cabo –sin incidentes esa vez- el Trap Festival, el primero de este tipo aquí, el que fue organizado por la productora La Gira en el Movistar Arena. “Fue una puesta en escena muy riesgosa que levantamos en un mes”, cuenta Sara Ramírez, encargada del evento que trajo a exponentes latinos como Baby Rasta, Noriel, Bryant Myers y Anonimus, entre otros, y congregó a cerca de 12 mil personas.

Según Ramírez, la idea del festival surgió tras ver el arrastre que tiene el género y, en especial en las nuevas generaciones que siguen las canciones de estos artistas a través de YouTube y redes sociales. “Cuando hicimos el estudio de mercado, apuntábamos al público entre 15 y 18 años, pero con la explosión del festival, nos dimos cuenta de que llegaban niños de hasta 10 años”, cuenta.

Parraguez explica que, desde arriba del escenario, el público siempre se ha visto muy transversal, tanto en edad como en clase social. “Los exponentes son más de barrio, te hablan de sus vivencias, de su vida y la gente que lo escucha pasa por algo similar y se siente identificada. Pero la gente que lo consume es de todos los estratos. Además, esta música es de los jóvenes, ¿y qué quieren ellos? Pasarlo bien, ir a fiestas, tomarse un copete, fumarse un pito y pasarlo bien”, explica.

Pero el trap no es un ritmo optimista, es el canto de una generación de jóvenes que no tiene sus esperanzas puestas en el cambio político ni en los discursos morales enaltecedores.

Sexo, drogas y lujo
Noisey, el canal de música de VICE, documentó la escena del trap en el documental Atlanta, ciudad donde este nació a comienzos de los noventa muy vinculado al tráfico y consumo de drogas. El trap es parte de la jerga que alude a los lugares donde se vende droga de manera ilegal y es el rap que surgía en esas esquinas donde el mismo traficante era a la vez el “trapero”.
El ritmo está influenciado por lo electrónico, e inicialmente incorporaba el uso de bases y los sonidos bajos, utilizando instrumentos de percusión y sintetizadores, además de distorsionadores de voz, todo esto buscando un sonido sicodélico. Las letras retratan las vidas en esas zonas y barrios, y hablaban, sin duda, de droga, y también de guerras, pandillas, excesos, dinero (sobre todo de ganar dinero), mujeres, lujos y las dificultades que hay para salir de ese mundo. “El trap es una trampa. Es lo que es, una trampa que te atrapa, tiene que ser una trampa”, decía en su primer capítulo el actor Curtis Snow, protagonista de Snow on da Bluff, un drama-documental sobre los dealers de los barrios pobres.

“El trap, en todo el mundo y también en Chile, cuenta las historias de los desplazados, de jóvenes con realidades super duras, en donde el tráfico de drogas y las armas y la violencia están muy presentes; entre el público que asiste a esos shows también hay personas que son parte de ese mundo”. Explica Maximiliano Jiménez, director de Trap Dealers, el web show del sitio Pousta que muestra a los exponentes chilenos de este estilo y que está próximo a estrenar su segundo ciclo.

“Haciendo la primera temporada, conocí las historias de muchos artistas y sus realidades, con amigos baleados, familiares presos, etc.”, cuenta.

Gianluca Abarza, quien sólo usa su nombre de pila en la escena, está más apegado a una raíz electrónica del trap y, entre otras cosas, es quien apadrinó a Princesa Alba. Cuenta que mucho de este tipo de música tiene que ver con la ostentación del lujo. “Una de sus bases actuales es ser directo en cuanto a que el cantante quiere ganar plata por la música, eso no es secreto, cada quien lo dice como quiere”, explica.

“A diferencia de otros estilos que son denunciantes, el trap dice que estás en esto, que tienes monedas y tienes minas. Te habla del dinero y puedes tenerlo o no tenerlo. Si no lo tienes, vas a hablar de que quieres plata y si la tienes, contarás eso. Mientras que otros estilos niegan el dinero, acá no se elude eso. ¿Quién no quisiera tener mujeres y lujos?”, comenta Parraguez y agrega que parte del estilo es “decir la dura, sin mucho preámbulo, sin tapujos. A algunos todo esto les puede parecer vulgar, pero ¿qué no es vulgar hoy en día?”.

Chilean Trappers
Desde los años noventa hasta ahora este ritmo ha ido cambiando y sobre todo diversificándose. “El trap da espacio para que uno pueda hacer uso de cualquier estética, y en cada país se puede ver esto de distintas formas; es muy abierto en ese sentido”, explica Gianluca.

El Trap Festival, por ejemplo, se enfocó en artistas de la vertiente que mezcla rap con reggaeton, mientras que muchos exponentes de la escena nacional se apegan al estilo clásico traído de Atlanta, tanto en su fondo como en su forma, es decir, las cosas se dicen como son y de forma explícita, aunque sean temas ligados a la droga o el sexo. Las líricas de los nacionales están vinculadas principalmente a la calle, a las experiencias que han vivido en ella y cómo han sabido adaptarse a ella, generalmente como formas de aceptación, pero sin dejar de lado el tema del dinero, los lujos, las mujeres –u hombres- y el consumo de estupefacientes. Un ejemplo, la canción DMT de Nación Trizzy: “Money, fiesta, vino, Fendi / eso es lo que quiere ella / eso es lo que quiero yo”.

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“El trap es una respuesta frente al sistema que quiere verte trabajando para alguien”, dice Esteban Cisterna, conocido arriba de los escenarios como Young Cister, quien empezó a coquetear con este estilo en 2013 en Quilicura. “Está en las poblaciones y barrios bajos, jóvenes que viven en el círculo de la delincuencia y las drogas, que tienen ese sentimiento de querer salir adelante con sus familias y poder vivir algún día en paz”, agrega.

Así mismo, Cisterna cuenta que “El trap nacional está dando mucho que hablar”. El músico explica que la escena comenzó a crecer explosivamente hace dos años, cuando los propios seguidores de los artistas comenzaron a organizar fiestas en las que dominaba este ritmo. “Ahora hay fiestas cada fin de semana en espacios totalmente llenos, con artistas que tienen fans y seguidores en sus redes sociales, y no solo en Santiago, en regiones también”, cuenta.

La mayoría de los exponentes locales –al igual que Maluma o Bad Bunny- no superan los 30 años y han encontrado en YouTube y Soundcloud el espacio para mostrarse antes de llegar a los escenarios. “El trap chileno no se diferencia mucho del rock o el indie chileno, también es una escena, en muchos sentidos, precaria, que busca profesionalizarse y en donde el ‘hazlo tú mismo’ juega un papel importante”, explica Jiménez.

Sin embargo, para Cisterna todavía sigue siendo poco conocido. “Las personas muchas veces hablan sobre el movimiento, generalizando a todos como si fuéramos lo mismo que está haciendo Puerto Rico, lo que es totalmente erróneo. En Chile aún es underground, tiene mensajes distintos a lo que se trae desde afuera y no es una ‘moda’ pasajera como muchos lo han tildado. El trap es un estilo de vida”.

 

La playlist del trap chileno

DMT – Nación Trizzi


Ganar – Gianluca


Un Millón – Camileazy


Little King – Young Cister


K.B.H.M. – Pablo Chill-e


My Only One – Princesa Alba


Italo Noli – Marlon Breeze

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