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Actualizado el 14/01/2018
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Dos meses de su derrota:

Andrés Velasco: “El golpe emocional fue fuerte”

Autor: María José O'Shea

Tras días de descanso y reflexión, el ex candidato dice que no va a abdicar en su cruzada por el centro político. A la espera de que el Servel apruebe la fusión de Ciudadanos y Todos, Velasco revela aquí las lecciones que obtuvo de su frustrada apuesta electoral.

Andrés Velasco: “El golpe emocional fue fuerte”

Sabía Andrés Velasco que salir electo senador por el Maule era difícil. Pero si es por los números, se podría decir que la noche del 17 de noviembre pasado la victoria alcanzó a rozarlo: Velasco sacó más votos que cada uno de los miembros de la Nueva Mayoría que salieron electos, pero el nuevo sistema electoral igual lo dejó fuera.
“Eran las reglas del juego”, explica por mail el ex candidato, a casi dos meses de esa noche. Dos meses en que se ha dedicado a reflexionar sobre su propia derrota, pero también en el fracaso de su partido, Ciudadanos, que no logró elegir ningún representante y arriesgó su desaparición como tal. Hoy, y tras haberse marginado del debate por la segunda vuelta presidencial -solo anunció que votaría nulo-, habla de los errores cometidos y de su preocupación por el poco rating que pareciera tener el centro político.

El golpe emocional fue fuerte, ¿se siente repuesto ya?
Fue fuerte, especialmente cuando se llega tan cerca (faltó poco más de 1% de los votos) y al final las cosas no salen como uno quiere. Una campaña electoral es una experiencia emocional muy intensa. No solo al final, sino desde el principio. Doce a 14 horas en la calle todos los días, decenas de conversaciones cara a cara cada jornada, el contacto cercano con los sueños y aspiraciones de muchos votantes, pero también con sus dolores, enojos y frustraciones. Quien participa en una campaña así aprende muchas cosas. Es una experiencia muy linda, pero físicamente muy agotadora. He aprovechado las semanas desde entonces para descansar un poco y regalonear con la familia.

Entonces, no considera un error no haber perseverado -por ejemplo- en una nueva aventura presidencial.

Hace casi dos años decidí, por razones familiares, no ser candidato presidencial en esa oportunidad. En la vida, el único error verdadero es sentirse obligado a hacer lo que uno no quiere.

¿Cómo sigue su carrera política después de esto? ¿Qué planes tiene?

Esta semana se concretó la fusión entre Ciudadanos y Todos, un partido nuevo, de personas jóvenes con muchas destrezas en el mundo digital y con ganas de hacer las cosas de modo distinto en política. Quedamos a la espera ahora de la aprobación de esta fusión por parte del Servel. Con nuestros socios de Todos y con otros grupos y partidos coincidimos en la necesidad de fortalecer el centro político, representar mejor a la clase media, incorporar gente nueva a la política y hacer política de modos novedosos. En eso vamos a seguir. Pero quienes venimos de Ciudadanos también nos estamos dando un tiempo para sacar lecciones de nuestro resultado electoral y evaluar qué debimos hacer mejor. Y también estamos conversando informalmente con mucha gente. No somos los únicos preocupados por el debilitamiento del centro político en Chile.

¿Y en lo profesional?
Siempre me he ganado la vida ejerciendo mi profesión: haciendo clases, investigación académica, consultorías. Me gusta mucho y lo voy a seguir haciendo.

¿Siente que el nuevo sistema electoral le jugó en contra? Usted sacó más votos que otros y quedó fuera del Congreso.

Saqué más votos que tres senadores recién elegidos -Elizalde, Rincón y Galilea- y que dos parlamentarios en ejercicio -Zaldívar y Tarud- e igual quedé fuera. Pero no le echo la culpa al sistema electoral. Competí sabiendo cuáles eran las reglas del juego. Lo que sí queda en evidencia es que las coaliciones nuevas de pocos partidos la tienen muy difícil en este sistema. El Frente Amplio es nuevo, pero pudo sumar a varios partidos que no eran tan nuevos, y en ese alcance -en esa “amplitud”, se podría decir- está al menos una clave de su éxito. Ahora, yendo mucho más allá de mi caso, tengo serias dudas de que el sistema electoral haya quedado bien diseñado después de la última reforma. Un objetivo era una mayor proporcionalidad (una correspondencia más cercana entre el porcentaje de votos y de escaños que saca cada partido), pero de acuerdo a varias medidas de proporcionalidad, el resultado del 19 de noviembre fue menos proporcional que el de casi todas las elecciones recientes. Creo que también fue un error agrandar tanto los distritos. La queja más reiterada de los votantes es “hace cuatro años voté por fulano, salió y después nunca más lo vi”. Si eso ocurría ya en los distritos chicos, que un parlamentario podía recorrer de tanto en tanto, ahora será mucho peor con distritos gigantescos. La falta de legitimidad de nuestra democracia se puede agudizar.

Usted partió siendo candidato presidencial, dejó los pies formando Ciudadanos -que tuvo problemas para constituirse como partido-, luego se lanzó a senador y perdió la senatorial. ¿En qué se equivocó o en qué aspectos ha reflexionado que pudo haber hecho de otra manera?
Nos fue mal en esta elección. Ciudadanos se embarcó en un proyecto muy ambicioso: la creación de una nueva coalición de centro, distinta de las dos tradicionales. Siempre supimos que ese proyecto era difícil, pero ha resultado más cuesta arriba aún. Ciudadanos obtuvo 90 mil votos, compitiendo en apenas cinco regiones, pero ese resultado dista mucho de lo que es necesario para echar a andar esta alianza de centro. ¿Qué pasó? Como dije recién, la primera gran dificultad fue montar nuevas coaliciones en el sistema electoral vigente, a menos que se convoque a muchos grupos a esa coalición. Otro elemento fue circunstancial: la decisión del Servel, posteriormente corregida por el Tricel, nos impidió hacer campaña por 60 días y nos dejó sin competir en las regiones Metropolitana y de O’Higgins. En la RM especialmente teníamos varios candidatos fuertes y posibilidades razonables de salir elegidos. Todo eso fue muy duro. Creo que también nos faltó fuerza a la hora de reclutar más candidatos, aprovechando de ese modo todos los cupos posibles en cada lista (los votos al final se suman), y darles más y mejor apoyo a esos candidatos, especialmente en regiones distantes de Santiago. Ahora, los problemas de Ciudadanos y de Amplitud, que se ha autodisuelto, son parte de un fenómeno mucho más grande: el mal resultado de casi todo el centro -o los centros- político en Chile. La Democracia Cristiana levantó una candidatura presidencial que sacó pocos votos y el partido perdió un tercio de sus diputados. El expresidente Lagos, a quien la NM se farreó como abanderado, apoyó a un grupo numeroso de candidatos al Congreso y se perdieron casi todos. Evópoli sacó un buen resultado, pero lo logró teniendo que compartir el paraguas con la UDI más conservadora de Jacqueline van Rysselberghe.
Y ojo, que las dificultades del centro van más allá de Chile. Hay casos exitosísimos, como Macron en Francia y Trudeau en Canadá. A Ciudadanos de España también le ha ido relativamente bien. Pero junto a eso está la desaparición de New Labour de Tony Blair en el Reino Unido, las dificultades del PSD brasileño para volver al poder después de Cardoso, y así suma y sigue. Creo que falta aún para entender por qué hay casos en los que el centro es exitoso y otros en que no lo es.
Frente a la arremetida de los populismos de izquierda y de derecha en todo el mundo, que ofrecen el oro y el moro aquí y ahora, y que a menudo, en otros países, atizan los sentimientos menos nobles, como el racismo antiinmigrantes, a los voceros del centro nos ha costado demostrar que una agenda sensata y gradualista también puede -y debe- ser ambiciosa, emocionante y convocante. El desafío pasa por demostrar que hay ideas distintivas del centro, y no solo una mezcla con gusto a poco de las ideas de la izquierda y la derecha tradicional. Como tantas veces, el problema central es de ideas.

Tras la elección, Ciudadanos también tuvo su quiebre interno. Muchos de los “rostros” se fueron con Piñera, mientras usted dijo que votaría nulo. ¿Qué le provoca pensar que es posible que haya miembros de su partido que estén en el gabinete?
Ciudadanos no tenía candidato presidencial y, por lo tanto, otorgó libertad de acción a sus afiliados. Algunos votaron por Piñera, otros por Guillier, y otros nulo o blanco. Un grupo de personas, en uso de esta libertad, le dio su apoyo a Piñera. Pero esto no es un apoyo institucional de Ciudadanos. La directiva nacional ciertamente no ha tomado esa determinación. En el consejo general de Ciudadanos, al que asistieron más de cien personas, sólo un consejero propuso participar en el gobierno entrante, y esa postura no obtuvo el apoyo explícito de ni uno solo del resto de los consejeros ni de los demás militantes presentes. Una eventual participación de adherentes -a título individual- en el gobierno entrante es útil verla en el contexto de lo ocurrido hace cuatro años. En ese entonces, si bien Ciudadanos no era partido, sí existía como movimiento, y varios profesionales cercanos al movimiento entraron al gobierno de Michelle Bachelet en cargos tan importantes como ministro o jefe de servicio. En ese momento, como ahora, nos pareció importante que el gobierno de Chile contara con profesionales de esa calidad y experiencia. Pero eso, obviamente, no implicó que Ciudadanos entrara al gobierno, o que perdiera la capacidad de expresar su opinión -crítica o no- con total libertad respecto del gobierno.

Quienes han tomado esa opción son los rostros más visibles de Ciudadanos: Santa Cruz, Sichel, Guilisasti… Es evidente la existencia de una fractura.
Al no tener candidato presidencial y tratándose de un partido de centro, era natural que hubiese distintas posturas, cuestión que, por lo demás, no tiene por qué suponer una fractura. Desde que asumimos que no llevaríamos candidato presidencial supimos que existirían distintas opciones frente a la elección presidencial. Así como algunas personas han apoyado al gobierno entrante, otros, como la dirigencia del partido y la mayoría de nuestros excandidatos al Congreso, no lo han hecho. Obviamente, el tener distintas posturas frente a una presidencial genera debate, pero como liberales que somos, no les tenemos miedo a los debates.

¿Por qué usted no compartió ese camino siendo la figura más importante de ese grupo? ¿Cuánto le pesó su historia personal?
No se me pasó por la mente y eso no tiene que ver con mi historia personal. Tiene que ver con mis convicciones. Ocurre que no creo en esa alternativa. Así como no estuve de acuerdo en la alianza de la antigua Concertación con el Partido Comunista, tampoco concibo alianzas con partidos como la UDI y movimientos como el de José Antonio Kast. Sí creo, como muchos otros miembros de Ciudadanos, en fortalecer el centro y generar alianzas con otros movimientos similares, descontaminados de la política tradicional que, junto con respetar las libertades propias de una sociedad moderna, tenga la capacidad de aplicar políticas públicas progresistas, pero con eficiencia y responsabilidad. Puede ser un camino más lento y con menos acceso al poder en lo inmediato, pero me parece que es el más necesario. No creo que Chile de aquí en adelante continúe dividido en dos polos, o al menos no creo que sea lo más conveniente para Chile.

Hay un sector de la derecha que sueña con un acercamiento entre usted y Piñera. ¿Eso es imposible? ¿Por qué?
No creo en los acercamientos entre personas como fórmula política. Esto no es personal. Es político. Y tiene que ver con ideas. Yo sueño con un acercamiento entre las distintas culturas de centro en Chile. Ahí se incluyen las tradiciones socialdemócrata, social-cristiana y liberal progresista, y también la tradición de derecha liberal cercana al centro. Pero también hay en Chile una derecha que, como dijo Vargas Llosa, sigue siendo “cavernaria”. Creo que la pelota está del lado de la derecha para demostrar cuál de estos elementos va a primar. Y el mundo de la derecha liberal tiene que decidir quiénes son sus socios naturales en el largo plazo.

Usted ha tenido conversaciones con Evópoli. ¿Es ese un camino desechado?
Tenemos buenas relaciones personales -incluso de amistad- y celebro lo que han hecho para tratar de sacar a la derecha de esas cavernas de las que hablábamos. Pero conversaciones formales, de partido a partido, no han ocurrido.

Ahora la DC acaba de vivir un quiebre. ¿Qué acercamiento hay con el grupo que lidera Mariana Aylwin? ¿Qué planes hay para representar al centro político?

Celebro el coraje de Mariana Aylwin y de todas esas personas para tomar una decisión que tiene que haber sido muy dura en lo personal. Para mujeres y hombres que militaban hace décadas en la DC, que la habían representado en el gobierno y en el Congreso, constatar la falta de voluntad de la DC para defender sus propias ideas y, por lo tanto, decidir alejarse, fue indudablemente difícil. Creo que este grupo, junto a otros, tiene que jugar un papel clave en la reconstrucción del centro. Pero también quiero ser respetuoso de sus tiempos y procesos. Habiendo recién abandonado la casa familiar de toda una vida, es natural que se tomen un lapso para decidir qué quieren hacer y dónde van a echar raíces. Y por nuestro lado, en nuestro partido recién fusionado, cualquier diálogo de este tipo, con cualquier grupo, lo haremos con la mejor disposición y del modo más institucional y ordenado.

¿Qué interpreta usted de la presidencial y qué expectativas tiene del gobierno de Sebastián Piñera?
Como a todo chileno con el corazón bien puesto, quiero que al gobierno recién elegido de mi país le vaya bien. Pero hay dos cosas que me inquietan. Primero, espero que el ánimo refundacional del gobierno saliente de Bachelet no se le pegue al gobierno entrante de Piñera. Ya algunos dicen que se inaugura una nueva etapa histórica, que es un realineamiento sin precedentes, que Chile Vamos va a gobernar por al menos ocho años, etc. Eso suena peligrosamente parecido a lo que decían los voceros de la Nueva Mayoría: que Chile había cambiado y que ahora las ideas de la Nueva Mayoría eran las ideas de Chile. Lo decían hasta el mediodía del 17 de diciembre. La grandilocuencia rara vez ayuda en política. En Chile ya hemos visto películas de este tipo y suelen no terminar bien.
Segundo, los líderes de la derecha parecen creer que basta que ellos gobiernen para que se desate el crecimiento económico. Eso, obviamente, no es así. Hay proyectos que han estado a la espera del resultado de la elección, y el precio del cobre está afirmándose en el extranjero, por lo que el 2018 con alta probabilidad verá un repunte de la inversión y el crecimiento. ¿Y después? El crecimiento de la productividad ha sido mediocre en Chile por casi dos décadas. La diversificación de las exportaciones se estancó incluso antes. ¿Qué hará el equipo de Piñera al respecto? No parecen haberlo pensado mucho, más allá de ciertos mantras sobre la importancia del crecimiento. Su primer gobierno no se permitió grandes errores macro, pero tampoco se gastó capital político en ninguna gran reforma estructural pro productividad y pro crecimiento. ¿Será distinto esta vez? Está por verse.

¿Qué análisis hace de la situación de la Nueva Mayoría?
Así como la Concertación fue de las alianzas políticas más duraderas de la historia de Chile, parece que la Nueva Mayoría será de las más breves. Hizo un diagnóstico errado -los chilenos querían arreglar su casa, no echarla abajo y construir otra- y sobre esa base errada llevó a la práctica reformas de dudosa factura técnica. Marginó al centro y para la DC la política de aceptar las reformas, pero con “matices”, terminó imponiendo costos electorales que hoy día son obvios. La Concertación logró la colaboración del centro y la izquierda moderada. La Nueva Mayoría terminó por hacer imposible esa coexistencia.

Ayer se conoció una entrevista que revela que el Banco Mundial habría manipulado la posición de Chile en el ranking de competitividad mundial, perjudicando los gobiernos de Bachelet. ¿Qué tan grave es esta afirmación?  ¿Tuvo dudas alguna vez de esta medición, considerando que usted ministro de Hacienda del primer gobierno de Bachelet?
No está para nada claro qué ocurrió. Parece grave, pero se necesitan más antecedentes. Si la metodología se cambió para todos los países, entonces puede ser errado, pero no constituye manipulación. Si los datos que se entregaron desde Chile eran erróneos, entonces es otra cosa.

¿Habrá Velasco 2022?
Chile acaba de elegir un nuevo presidente y yo -en lo personal- acabo de perder una elección. Me parece surrealista estar conversando quién será o no candidato en cuatro años más.

 

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