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Actualizado el 18/08/2017
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VIH: La prueba del miedo

Autor: Tania Opazo y Tamy Palma

La alerta que generó el aumento de un 34% en los casos de VIH en Chile entre 2010 y 2016, según el informe Onusida entregado hace algunas semanas, volvió a poner dentro de las preocupaciones a una enfermedad a la que muchos le han perdido el respeto. Jóvenes y no tan jóvenes que ahora buscan en Google, con remordimientos, frases como “contagio VIH”, “test de Elisa” o “test rápido VIH”.

VIH: La prueba del miedo

Las alarmas se encendieron a fines de junio. Un informe de Onusida aseguraba que entre 2010 y 2015 las personas contagiadas con VIH en Chile aumentaron en un 34 por ciento y que nuestro país encabeza el ranking de contagios en Latinoamérica. Días después, el Minsal tuvo que actualizar la cifra hasta el 2016, frente a la Comisión de Salud de la Cámara: el aumento era de un 66 por ciento, pasando de 2.968 casos confirmados en 2010, a 4.927 en 2016.

De acuerdo al organismo, el alza se debe a un mayor número de pesquisas, es decir, a que hoy se están realizando más pruebas de sangre en busca del virus, pero los médicos especialistas discuten si eso basta para explicar el aumento. Coinciden, eso sí, en que más allá de eso el número de casos es alto y hay que tomar cartas en el asunto para que no se dispare más.

En ese contexto, la cifra más preocupante fue la de las personas entre 20 y 29 años, que presentan la tasa más elevada de contagio: 61,6 por cada 100 mil habitantes en ese grupo etario, según cifras del ISP hasta el año 2015. Por cierto, esto no asegura que otras generaciones estén libres de riesgo. El problema es para todos, mientras se tenga más de una pareja sexual, pero está afectando con más fuerza a los jóvenes. Y para muchos de ellos el dato no pasó desapercibido.

Macarena Milad (21) estudia sociología en la Universidad Católica y cuenta que durante las últimas semanas varios de sus compañeros andan pendientes del celular, según ella, nerviosos de recibir la llamada de un número desconocido que les confirme que el test que se hicieron –porque la preocupación los ha conducido a hacerse el examen– salió positivo.

Mientras tanto, en TestVIH, que ofrece un examen rápido para detectar el virus, explican que en el último mes han tenido un alza de 300 por ciento de las horas solicitadas. “Ya lo habíamos experimentado otros años, en las semanas en que el Estado impulsa las campañas sobre este tema, pero claramente las cifras entregadas por Onusida aumentaron el interés por evaluarse. La cifra que también se disparó es la de exámenes de menores de edad desde que en enero se modificó la ley de sida y los mayores de 14 pueden hacerse el test sin autorización de sus padres”, dice Felipe Sánchez, socio de la empresa.

¿Dónde está el condón?

El debate respecto a la epidemia de VIH –tal como la han calificado varios especialistas– que hay en Chile ha, inevitablemente, desencadenado numerosas críticas a las políticas públicas con que se está enfrentando este problema. Desde los casi inexistentes programas de educación sexual para niños y jóvenes a las trabas del sistema que desincentivan la toma del test.

De acuerdo a la última Encuesta Nacional de la Juventud, en 2015 sólo un 40 por ciento de los jóvenes de entre 15 y 29 años declaraba haber usado preservativo en su última relación sexual. Según David Palma, médico y máster en sexualidad de la Asociación Protectora de la Familia (Aprofa), a nivel universitario uno de cada cuatro usa condón permanentemente. El resto, sólo a veces.

Al país, por ejemplo, “ha ingresado el uso de drogas ilegales para tener sexo recreativo con muchas personas distintas. Otro factor es que en la aplicación móvil Grindr (una especie de Tinder diseñado para público gay) hay salas virtuales para tener sexo sin condón”, dice la doctora Claudia Cortés, docente de la Universidad de Chile y directora del Comité Consultivo de VIH/SIDA de la Sociedad Chilena de Infectología.

Por otra parte, el uso más extendido de la píldora anticonceptiva entre las mujeres ha contribuido también al desuso del condón. “Últimamente nos incentivamos a hacernos el test, pero el mayor factor de preocupación para nosotros sigue siendo el embarazo, lo último que uno cree que le puede dar es VIH”, dice Macarena Milad.

macamilad

Macarena Milad

“En mi caso, siempre me he cuidado de no tener guaguas”, cuenta Isidora (24), estudiante de Diseño de la Universidad Diego Portales. Esa protección significa tomar sagradamente la píldora anticonceptiva “pero nunca me he preocupado o tanto del VIH ni de otras enfermedades”, cuenta. “El primer susto me lo llevé hablando con una amiga que me dijo que hacerse el test era importante por un tema de salud, sobre todo si había tenido una época de estar con hartas personas, como me pasó a mí”, cuenta.

Entre esa conversación y chequear si estaba infectada de VIH, pasaron dos años. Como un grupo no menor de pacientes, no fue directamente a hacerse el test sino que donó sangre y ahí le dieron la respuesta que estaba evitando. “Te sacan una muestra y te avisan. A mí, por suerte, me dijeron que no tenía nada”, cuenta.

Según Rodrigo Blamey, infectólogo de Clínica Las Condes, como sociedad hemos fallado en la educación sexual de los jóvenes. “Hay una educación deficiente, distorsionada, muchas veces sólo basada en los pares y con muy poca información fidedigna y real, lo que los pone en mayor riesgo”. El infectólogo y director del Centro VIH del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, Alejandro Afani, agrega que “los jóvenes se comunican de manera distinta y hacemos campañas anacrónicas con las que no se sienten identificados”.

Pero el VIH no es un problema exclusivo de los jóvenes. Otro grupo donde se ha visto un aumento preocupante de los casos es en las personas sobre 50 años. Si bien son una proporción menor, las tasas de diagnosticados han crecido fuertemente en los últimos cinco años, pasando de 12 a 15 contagiados por cada cien mil habitantes en el grupo de 50 a 59 años, y de cuatro a ocho contagiados en el tramo de 60 a 69.

Horacio Campusano (62) por ejemplo jamás se ha protegido de un contagio. Está separado y, aunque ha tenido parejas circunstanciales, usar un preservativo nunca fue una opción sobre la mesa. “Tú estás pasándolo bien, con un traguito, y sale alguien en el camino. Lo que pasa después, ni lo piensas tampoco”, dice. El caso de Loreto Díaz (54) es distinto: su ex marido le fue infiel, por lo que no haber usado condón con él fue asumir un riesgo que sólo vio al terminar su relación. “Sólo me quedé tranquila porque en los embarazos me confirmaron que no estaba contagiada”, dice.

Loreto Díaz

Loreto Díaz

Los mayores de 50 años “son una generación que no conoció el condón, por lo tanto no lo usan. Además, al ser una población mayor no tienen mucha percepción de riesgo, asumen que esta es una enfermedad de jóvenes, pero no de ellos los adultos”, agrega el doctor Blamey.

El otro factor clave en el relajamiento en torno a la posibilidad de contagiarse del virus es el paso del VIH de una enfermedad fulminante y mortal a un padecimiento crónico. “En los 80 era una heavy epidemia que venía a instalarse y había que tener miedo”, recuerda Boris, ingeniero comercial de 42 años.

Si bien hoy es tratable, el infectólogo Carlos Pérez, de la red UC Christus, explica que no hay que tomársela a la ligera: “que sea crónica significa estar tomando medicamentos de por vida, hacerse exámenes de laboratorios de por vida y si se quiere tener hijos se puede, pero hay que tener varias consideraciones”. Y advierte: “No es menor tener este virus”.

Además, como explica Afani, el 43 por ciento de los pacientes con VIH son diagnosticados en una etapa avanzada de la enfermedad, lo que aumenta dramáticamente la mortalidad. “Muchas personas ni siquiera alcanzan a llegar al tratamiento, se mueren en el camino”, agrega este doctor, quien frecuentemente recibe en su consulta pacientes arrepentidos, que se recriminan haber llegado tan tarde.

Vivir en la ignorancia

Frente a este escenario hay varios expertos que sostienen que las campañas no pueden basarse sólo en el preservativo. “El condón, se sabe y está super estudiado, no sirve del todo, porque la gente no se lo pone”, dice Claudia Cortés. Por esto es clave ampliar el diagnóstico y tratamiento de quienes ya están infectados para que no sigan contagiando a otros. Actualmente, se estima que cerca de un tercio de las personas con VIH en Chile no han sido diagnosticadas y por lo tanto no saben, o no quieren saber, que tienen la enfermedad.

Excepciones, pese a todo, hay. El fotógrafo Gianfranco Gatti (27) tuvo su primera relación a los 18 años y desde entonces se realiza el examen cada seis meses. “Me testeo para ver si es que tengo ETS y hongos, porque tengo una vida sexual bastante activa”, cuenta. “Yo estoy sano, pero el miedo de contagiarse está latente y no creo que muchas personas se cuiden tanto al respecto. Tengo amigos que han pagado por sexo sin usar condón y les da lo mismo. Eso, a mí, me preocupa”, dice el joven.

Gianfranco Gatti

Alejandro Afani explica que un paciente diagnosticado y en tratamiento deja de contagiar. “A nivel país podrías contener la epidemia de VIH con medidas de prevención. Le echan la culpa a los inmigrantes, pero eso no tiene sentido. Nosotros más que importando estamos probablemente exportando VIH”, dice.

Martín Rojas (24), profesor de castellano, nunca ha tenido una pareja estable y tiene encuentros sexuales frecuentemente con distintos hombres, a los que conoce muchas veces a través de Grindr. Allí, la pregunta sobre el VIH no está ni cerca de ser obvia. Ni por chat ni en persona, Rojas indaga sobre enfermedades de transmisión sexual. “Con el tiempo me he puesto más irresponsable. Lo cierto es que el tema del examen ha estado dando vueltas en mi cabeza desde que salieron las nuevas cifras, pero por lata no me lo he hecho”, confiesa y agrega: “creo que prefiero vivir en la ignorancia y no saber si es que tengo VIH o no”.

El temor es un hecho, y la principal forma de enfrentarlo que sugieren los expertos es hacer más rutinario este test, incorporarlo como algo normal, sin hacer muchas preguntas, “porque ahí es donde se enreda la cosa”, dice Carlos Pérez, quien agrega un dato impactante: el 1 de diciembre pasado, para el Día Mundial del Sida, la red UC Christus ofreció 1.500 test de Elisa gratis y sin preguntas de por medio en sus laboratorios. Sólo había que solicitar el test y firmar el consentimiento. El resultado fue que los tests se acabaron en cuatro horas.

El test de Elisa es el test de sangre que tradicionalmente se ha ofrecido para detectar el VIH. Se debe realizar en un laboratorio clínico, donde se le extrae sangre a la persona, la que es procesada en búsqueda del antígeno del virus, llamado p24.

Los procedimientos establecidos por el Minsal para realizar este examen son bastante engorrosos: si el paciente no va derivado con una orden médica sino por iniciativa propia, un tecnólogo médico en el banco de sangre debe realizarle una consejería previa a la toma de la muestra (que involucra entre varias cosas indagar sobre conductas sexuales de riesgo). También se debe firmar un consentimiento informado que deja establecido que el test es voluntario y cómo desea ser contactado el paciente en caso que se requiera una nueva muestra si el examen sale reactivo al antígeno.

En caso que el examen sea reactivo, aún queda un largo camino por delante: el test se repite varias veces con la misma muestra que, de continuar siendo positiva, se envía al Instituto de Salud Pública (ISP) para confirmación. Si el ISP reconfirma el estudio se cita nuevamente al paciente para tomar otra muestra que confirme la identidad de la persona asociada a ese test. Finalmente, si vuelve a confirmar definitivamente un diagnóstico positivo, se informa personal y confidencialmente a la persona, se le hace otra consejería y se le deriva a su médico. Si no hay un médico tratante, se activa el sistema GES y se le deriva al paciente de acuerdo a su prestador de salud.

“¿Se imaginan a los muchachos de 18 o 20 años acudiendo en masa al consultorio a hacer todo esto?”, por supuesto que no, dice Alejandro Afani.

Por eso la Sociedad Chilena de Infectología está promoviendo distintas estrategias para ampliar el testeo, una de ellas ha sido incorporar el test rápido al sistema de salud, la venta de exámenes libres en las farmacias y “estrategias para llegar a la gente sin que existan todos estos pudores, temores y prejuicios que hay con la normativa actual”, agrega Rodrigo Blamey.

Actualmente, el Minsal evalúa abrirse a permitir la venta de test rápidos para VIH en las farmacias, pero algunos creen que hay un riesgo en esta estrategia, porque al no existir consejería es menos probable que frente a un resultado positivo la persona se someta al tratamiento y le informe a sus parejas sexuales de su diagnóstico.

Más sencillo es el procedimiento en los laboratorios privados como TestVIH, que opera desde hace cuatro años en Chile y que realiza un examen para indagar el contagio de VIH, sífilis y hepatitis B cuyo resultado se entrega en 15 minutos.

Allí a cada paciente que espera lo llaman por separado a una oficina, en la que una mujer les pregunta cuál de los tres exámenes quiere hacerse. A los que piden VIH, se les explica que sólo tiene sentido hacerse el test transcurridos veinte días tras el encuentro sexual que presenta una situación de riesgo, porque antes que eso es probable que el organismo, aun cuando esté infectado, no haya desarrollado el anticuerpo que el procedimiento detecta. A la encargada también le toca contestar llamados, como el de un hombre que le pregunta agitado si es necesario que repita el examen y qué tan fiable es el resultado que obtuvo esa misma mañana.

La mujer le explica pacientemente que no es necesario que se haga otro test. Le dice que recuerda su historia –tuvo relaciones sin protección con una mujer a la que le pagó por tener sexo– y que se quede tranquilo. El resultado es confiable, agrega y luego corta.

Luego de la explicación, las personas deben esperar su turno para pasar a una segunda sala en la que tras un pinchazo leve en el dedo índice de la mano izquierda les toman una muestra de sangre que se esparce en un dispositivo que, tal como un test de embarazo, minutos después mostrará con una raya que no tienen VIH, o con dos, que sí son portadores del antígeno del virus.

17 de Agosto del 2017 fotografias a Test VIH para suplemento Tendencias por aumento de esta enfermedad en el untimo periodo. Santiago, Chile. Foto: Luis Sevilla Fajardo

¿Qué es el VIH / SIDA?
*El VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) es un virus transmisible que ataca y destruye en forma progresiva al sistema inmunológico, atacando a los linfocitos (Células T o CD4) que son los directores de nuestro sistema de defensa.
*En algunos casos, con el paso del tiempo el VIH que se encontraba latente dentro de los linfocitos se activa y los ataca. En una etapa avanzada esto provoca sida (Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida), lo que significa que el sistema inmune se ha debilitado demasiado, haciéndolo susceptible a contraer infecciones o enfermedades que dañan la salud de la persona.
*Ser portador de VIH (o VIH positivo) no es lo mismo que tener sida.

¿Cómo se contagia?
*Puede ser transmitido de una persona a otra a través de fluidos como la sangre (que contiene la mayor concentración del virus), el semen, secreciones vaginales y leche materna. Las principales formas de contagio son:
*Relaciones sexuales (sexo vaginal, anal y oral) sin barreras de protección con una persona infectada.
*Compartir jeringas, agujas y/o cualquier elemento punzante sin esterilizar donde pueda haber sangre infectada. También a través de lesiones abiertas, heridas o cortes en la piel y transfusiones de sangre sin controles sanitarios adecuados.

Tratamiento
*Hoy existen tratamientos antirretrovirales que, bien administrados, mejoran la calidad de vida y la sobrevida de los pacientes con VIH. Por esto, al VIH/SIDA se le considera hoy una enfermedad crónica y tratable, pero sigue sin tener cura ni vacuna.
*En Chile, los Tratamientos Antirretrovirales (TARV) para el VIH constituyen una garantía GES-AUGE, asegurando su acceso a personas de cualquier edad.

EL TEST
*Elisa: Es un examen de sangre que busca un anticuerpo contra el virus y un fragmento viral llamado antígeno p24. Para la toma de muestra no se requiere de ayuno, pero se aconseja no consumir grasas las 24 horas anteriores al examen.
*En el Hospital Clínico Universidad de Chile el examen tiene un valor de $ 18.750, que disminuye según el plan de isapre y llega a $ 6.880 con Fonasa nivel 3. En el Hospital Clínico San Borja es gratuito para los usuarios de Fonasa. Las personas que se realizan el test deben firmar un consentimiento informado donde se establece que el examen se realiza de forma voluntaria y que el resultado es privado.
*Test rápido: Hay tests que con una pequeña muestra de sangre que se extrae con el pinchazo de un dedo (como cuando se miden los niveles de glucosa en los diabéticos), pueden detectar el antígeno en 15 minutos. Es ofrecido por instituciones privadas y cuesta en promedio 20 mil pesos.

PREVENCIÓN
Condones (masculino y femenino)
*Los condones se venden en farmacias y supermercados. Se pueden encontrar en cajas de tres unidades (su precio parte en los $2.490 en versión normal). En los supermercados no hay tanta disponibilidad como en las farmacias, porque se los roban con mucha facilidad, cuentan en una cadena. En 2015 la Organización de Consumidores y Usuarios de Chile (Odecu) encargó al laboratorio IDIEM de la Universidad de Chile un estudio comparativo de calidad de preservativos masculinos de látex. Las marcas Trojan, IPPF y Simicondón se ubicaron en los puestos más altos de calidad, mientras LifeStyle, que tiene la mayor presencia en el mercado, ocupó el séptimo lugar en seguridad.
*En el mercado también está disponible el condón femenino, pero es bastante menos popular y su valor más alto. En la tienda Japi Jane la caja de tres unidades cuesta $ 7.990 y dicen que no es un producto muy solicitado.

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