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Actualizado el 24/12/2017
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Visiones cruzadas sobre el Papa Francisco

Autor: Juan Paulo Iglesias, Roma/Italia

A poco más de tres semanas de que el Pontífice inicie su visita a Chile, La Tercera conversó con el creador de Vatican Insider, uno de los periodistas más cercanos al Papa, y con el prestigioso vaticanista del semanario L’Espresso, Sandro Magister, duro crítico del actual líder de la Iglesia Católica. Dos voces reconocidas y contrapuestas que analizan los cambios y objetivos del actual pontificado.

Visiones cruzadas sobre el Papa Francisco

Andrea Tornielli

Director de Vatican Insider: “La resistencia al Papa en realidad proviene de grupos minoritarios”
El vaticanista de La Stampa reconoce que hay resistencia en la Curia a los cambios, aunque opina que aquello no es novedad. “Ha pasado con todos los Papas”, plantea.

Es considerado el periodista más cercano al Papa Francisco. Director de Vatican insider, el más famoso portal de información sobre la Iglesia Católica -dependiente del diario La Stampa-, Andrea Tornielli se reúne todos los meses, al menos una vez, con el Pontífice y habla regularmente con él. Junto a Lucio Brunelli y Stefania Falasca forman un grupo de periodistas amigos de Francisco. En esta entrevista con La Tercera, Tornielli analiza la figura papal en vísperas de su viaje a Chile y tras casi cinco años de papado.

Usted ha escrito varios libros sobre el Papa, lo ha entrevistado y lo visita regularmente. ¿Cuáles son los puntos centrales de estos cinco años de papado?

El punto central es el tema de la misericordia y de una iglesia que sale a encontrar a la gente. Es claro que tenemos que hablar de la reforma de la Curia, pero a mi me llama más la atención una reforma que es más de los corazones, una reforma que llama a la responsabilidad a todos los cristianos, que no es estructural. La reforma tiene una posibilidad de ser aplicada sólo si sube desde abajo e interesa a las personas. Un tercer nivel, es que el Papa en cinco años se convirtió en un líder mundial con una credibilidad muy alta, entonces sus palabras, sus intervenciones, sus intentos por solucionar conflictos han jugado un papel en los últimos años.

¿Cree que ese cambio de mensaje ya impregnó a la jerarquía de la Iglesia o falta por avanzar?

Falta, se necesita tiempo, se necesita una conversión de todos, de los curas, de los obispos. No creo que se haya cumplido, hay críticas, hay resistencias y las conocemos, pero me parece que ese es el verdadero mensaje.

¿En la Curia, ve una coherencia con el mensaje del Papa?

Hay resistencia en la Curia, pero ha pasado con todos los Papas. Todos los Papas han tenido problemas en el interior de la Curia. Eso no es una novedad.

Pero en este caso ha habido incluso advertencias del peligro de un cisma. ¿Ese riesgo existe?

No creo que haya un riesgo de un cisma, pero hay una división. Tenemos que dar un juicio diferente entre la realidad numérica de la resistencia y cuánta de esa resistencia es muy fuerte en los medios de comunicación social, en las redes sociales. Da la sensación que esa resistencia es mucho más fuerte, pero en realidad proviene de grupos minoritarios. Tenemos que distinguir entre los que resisten y están en contra de manera muy fuerte y los que pueden tener dudas, pueden tener críticas, pero saben que el Papa es el Papa.

La mayor polémica surgió con la exhortación apostólica Amoris Laetitia, donde el Papa se abrió a los divorciados vueltos a casar. ¿Cree que esa crítica seguirá escalando?

No lo puedo saber, pero creo que se seguirá discutiendo. Pero algunas cosas ya se han establecido, como por ejemplo que Amoris Laetitia es completamente ortodoxa y lo que el Papa quiere que hagan es un paso nuevo, pero que tiene una razón y una continuidad con las precedentes posiciones de los Papas. Decir que en algunas circunstancias los divorciados vueltos a casar puedan volver a recibir los sacramentos sigue una línea. Juan Pablo II ya lo dijo en 1981 que era necesario un gran discernimiento frente a eso, porque en algunos casos puede haber una responsabilidad menor, dependiendo de las circunstancias.

Usted se reúne con el Papa, tiene contacto con él ¿Cómo recibe el Pontífice esas críticas?

Está muy tranquilo frente a lo que ha hecho y a lo que está haciendo. Lo considera como una dialéctica al interior de la Iglesia. Esa no es la novedad en la Iglesia, la novedad son las redes sociales, la posibilidad de que cualquier crítica pueda tener una gran difusión. Esa es la gran diferencia entre lo que está pasando en estos últimos años y lo que ha pasado en los últimos siglos al interior de la Iglesia.

El Papa Francisco viaja en enero a Chile y Perú. Usted que ha participado en varios viajes papales. ¿Hay alguna diferencia entre los viajes de Francisco y los de sus antecesores?

A mi me parece distintivo la forma en que elige los países a los que va a viajar. Llama mucho la atención que no ha ido a Argentina y no ha ido a los países más grandes de Europa y que eligió países más pequeños. En los viajes, lo que se ve más es su capacidad de dar un testimonio uniendo palabras y gestos. Son muy fuertes los gestos.

¿Por qué cree que no ha viajado a los grandes países de Europa ni a Argentina?

Sobre Europa, porque él quiere una relación más estrecha con la periferia y ha ido a la periferia de Europa: Albania, Sarajevo en Bosnia Herzegovina, Armenia, Georgia. Ha visitado países periféricos y donde se están realizando procesos de diálogos. Y en el caso de Argentina, es porque no quiere ser instrumentalizado y sabe que su figura es objeto de divisiones.

En Chile irá a la Araucanía y a Iquique, además de Santiago. ¿Por qué cree que seleccionó esos lugares?

A mi me parece muy claro su cercanía con los más necesitados, su cercanía con los pobres, con los inmigrantes. Al elegir estos lugares nos da su mensaje de cercanía con los que tienen más problemas.

Siempre se comenta que Francisco es un Papa que improvisa mucho. ¿Cree que improvisa o todo está calculado?

Eso depende de las situaciones, pero improvisa en el sentido de que cuando está frente a situaciones o personas muchas veces prefiere no leer un texto preparado desde Roma y siente la necesidad de decir cosas que le surgen desde el corazón después de escuchar a las personas. Necesita hablar como reacción a lo que ha escuchado. Ha pasado varias veces y puede pasar más en países donde él puede hablar tranquilamente su lengua, como es el caso de Chile o Perú.

 

Sandro Magister

Vaticanista del semanario L’Espresso: “Es amigable y sonriente en público y muchas veces serio y duro en privado”
Para el periodista, el Pontífice tiene “una habilidad extraordinaria” y además es “extremadamente calculador”, aunque descarta que se trate de un papado “revolucionario”.

Es la voz periodística más crítica del Papa Francisco. Desde los primeros meses del actual pontificado, Sandro Magister, en sus páginas de L’Espresso y en su blog Settimo Cielo, no ha dudado en cuestionar muchas de las acciones del Pontífice argentino, pese a la amplia visión favorable que existe de él en la prensa internacional. Incluso la decisión de suspenderlo de la sala da prensa de la Santa Sede en 2015 por violar un embargo y publicar anticipadamente la encíclica Laudato Sí fue visto por algunos bajo la óptica de esas críticas. Hoy, con su acreditación normalizada, Magister conversó con La Tercera en la sala de prensa del Vaticano sobre su visión del Papa.

Tras casi cinco años de pontificado, podemos hablar de un Papa reformador. ¿Cuáles son los mayores cambios que ha impulsado?

Yo excluiría que este Pontificado pueda ser definido como revolucionario, porque ha sido más importante el método que los resultados que ha concretado Bergoglio. Los resultados son bastante modestos. Son eficaces desde el punto de vista de la imagen, en el sentido que es un pontificado que ha recuperado rápidamente una imagen positiva en la opinión pública mundial fuera de la Iglesia Católica. En cuanto al interior de la Iglesia, el elemento central de este pontificado es el proceso que puso en acción más que los resultados. Es un Papa al que le encanta decir que el tiempo es superior al espacio y, con ello, pretende decir que los procesos que se desarrollan en el tiempo son los que importan. Utiliza, además, una forma expresiva que caracteriza a su magisterio, la de no ser nunca claro, no ser nunca definitivo, sino abierto a las interpretaciones.

¿Por qué cree usted que ha optado por esa estrategia, es algo deseado?

Es una estrategia deseada, no es el fruto de su incapacidad sino que es algo que él quiere. Si no es claro no es porque no logra ser claro sino porque no quiere ser claro. Está convencido que la Iglesia es un cuerpo tan sólido que puede ser aggiornato solamente a través de este procedimiento.

¿Estos cambios de estilo cómo son vistos al interior de la Curia?

Al interior de la Curia todos notan la diferencia impresionante del Papa mientras está con la gente y cuando está solo y toma decisiones y tiene encuentros. Los dos son muy distintos. Siempre amigable y sonriente en público y muchas veces serio, duro, en privado.

Más similar entonces al cardenal Bergoglio de Buenos Aires

Sí, el Bergoglio argentino. Todos los que lo conocieron en Buenos Aires no tienen en la cabeza un Bergoglio popular. No era popular en Argentina.

¿Por qué cree que ha cambiado?

El tiene una habilidad extraordinaria. Es un hombre que tiene unas capacidades extraordinarias de trabajo y también tácticas. En efecto su imagen está completamente construida sobre el Bergoglio público. El hace gestos que no son casuales, no es un Papa espontáneo, es extremadamente calculador. Una de sus imágenes típicas es cuando sube al avión llevando una maleta negra. La maleta la toma en la bajada de la escalera y la entrega sobre la escalera. La tiene solo para subir la escalera. Es un Papa de una habilidad extraordinaria y sabe muy bien gobernar el funcionamiento de los medios. Aquí también hay un cambio total. En Argentina no daba entrevistas, era muy reservado, aquí da entrevistas a toneladas y a las personas más extrañas.

Pero hay un riesgo en eso.

Sí, hay un riesgo, pero es un riesgo calculado. El pone en la balanza los beneficios y lo que considera elementos negativos y considera que los beneficios son mayores.

Hay quienes también han asegurado que en su estilo hay un componente peronista. ¿Qué opina de eso?

El dato más interesante de este Pontificado es que tiene una visión política bastante clara, porque él la ha descrito en una serie de discursos que ha dado a los movimientos populares. Los movimientos populares son su criatura. Ya se han encontrado tres veces, dos en Roma y una en Bolivia y después hubo un encuentro regional en Estados Unidos y él, en todos esos casos, ha desarrollado una visión política que es típicamente populista, que presupone que en el pueblo hay una inocencia preliminar. El pueblo es el que él cree ver representado en estos movimientos reunidos en un modo aproximativo, pero que reflejan movimientos como los de Porto Alegre, de Seattle, todos antiglobalización, anticapitalistas, que están fuera de los sindicatos normales. El Papa ha apostado por estos grupos. Él hace esas denuncias contra la economía que mata, contra el poder financiero internacional, denuncias muy vagas que logran un consenso fácil. Es algo que no tiene nada que ver con la doctrina social clásica, pero que hace referencia a un cierto peronismo argentino.

Hace algunas semanas, el cardenal Gerhard L. Muller habló de un peligro de cisma en la Iglesia Católica. ¿Cree que existe ese riesgo?

Están relativamente aislados los grupos que se manifiestan contra el Papa sobre este punto, pero son el indicio de una molestia que es mucho más amplia y que de nuevo tiene que ver con el método con el que él introduce una novedad. Una novedad como la comunión a los divorciados vueltos a casar, la introdujo con el sistema de pequeños pasos ambiguos que es su estilo. (En Amoris Laetitia) hizo solo alusiones que fueron interpretadas por los innovadores en términos abiertos y en términos conservadores por los otros, porque se prestaban para ambas interpretaciones aunque todos saben que la intención del Papa es abrir y no cerrar. Todo esto pone en acción algo que antes no existía y que es que hoy en la Iglesia Católica cada uno hace lo que quiere y el Papa Francisco está convencido de que así las novedades entran.

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