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Actualizado el 07/04/2017
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¿Cómo es vivir en un “gueto vertical”?

Autor: P. Yévenes, M. Miranda y A.Vidal

Filas en los ascensores, escuchar la television del vecino, cortinas cerradas todo el día y cero áreas verdes: así es habitar en un edificio con 24 departamentos por piso.

¿Cómo es vivir en un “gueto vertical”?

“No hay áreas verdes para los niños. El único espacio común es el de los estacionamientos. Los ascensores siempre fallan, hay tres y quedamos solo con dos, sobre todo en la hora punta, tipo 6 de la tarde hay filas. Hay gente que vive en el piso 23 o 24, y ha tenido que esperar hasta una hora de repente”. Así describe Jober, residente peruano, la rutina en el edificio Alameda Urbano de Estación Central, uno de los “guetos verticales” denunciados por el Intendente Claudio Orrego.

Jober vive hace dos años en el edificio, junto a su hija y su esposa, y dice que la principal ventaja del barrio es la cercanía de Alameda y la locomoción, pero la calidad de vida al interior del edificio no es la mejor: “La zona es segura, pero el espacio en sí no me gusta, entonces estoy estudiando para más adelante juntar dinero y comprar una casa”, afirma.

El edificio, ubicado en Las Rejas 65, cuenta con dos torres de 24 pisos de altura, pero solo 22 corresponden a áreas habitadas. En cada piso hay 24 departamentos, lo que suma 528 inmuebles por torre. Hay departamentos de 20 a 40 metros cuadrados, y sus valores estimados van desde las UF 1.096 a UF 2.200. Sus habitantes cuentan con tres ascensores y doce máquinas en el servicio de lavandería. Pero esto es solo la primera parte porque el “megaedificio” considera cuatro etapas más que, según el intendente Orrego, cuando finalicen superarán los seis mil departamentos.

Camila vive en el piso ocho hace seis meses y la adaptación al espacio no ha sido sencilla. Dice que al haber tanta gente en un piso se escucha hasta el ruido de la televisión en los departamentos vecinos. “Hace algún tiempo se pusieron súper jodidos. Para el Festival de Viña, estábamos con la tele fuerte, viendo a Mon Laferte, acompañados de un amigo más, y nos vinieron a reclamar que le bajáramos el volumen a la tele”.

Camila cree que cuando la segunda etapa del proyecto comience a ser habitada, la situación se pondrá peor. “Cuando llegue gente a la torre de al lado va a ser desastroso. Al supermercado que está cerca acá va pura gente de aquí, y se desabastece todos los días”.

Alex habita en el piso 18 del mismo inmueble hace dos años, y cuenta que le tocó la suerte de estar en la torre oriente, donde tiene luz y vista a la calle, sin embargo una de sus familiares vive en la torre poniente y “allí no le llega luz natural y en el invierno es muy frío. Además, como están construyendo la otra etapa el ruido es permanente. Ella dice que cuando habiten esas torres tendrá cero privacidad”.

La convivencia en el entorno del edificio tampoco resulta fácil. Vecinos de casas aledañas, como Carlos Cares, quien vive en el barrio hace más de 45 años, cuenta que este proyecto “nos cambio la vida. Antes aquí era muy tranquilo. Los niños jugaban en el pasaje, pero ahora no se puede porque transitan muchos autos”. Y ese no es el único inconveniente, pues Cares asegura que “la gente del edificio se estaciona todo el día en el pasaje, pese a que está prohibido hacerlo”.

Javiera Hernández, que también vive en el sector, afirma que “muchas veces el camión de la basura no ha podido pasar porque dejan los autos en la pasada y los basureros han tenido que sacar a pulso las bolsas para echarlas al camión”.

Desde el Colegio de Arquitectos, aseguran que estos casos generan una interrogante clave y que debe dirigirse a “los profesionales que diseñan, construyen o autorizan estos proyectos: ¿vivirían ahí?. Este tipo de edificios son el resultado de la ausencia de normativa, de técnica y de ética”, señala Alberto Texido, vicepresidente del gremio.

Texido asegura que pese a estos ejemplos, en los últimos años ha habido avances para regular la construcción de edificios. El último es la Ley de Aportes al Espacio Público, promulgada en octubre del año pasado, y que exige que las inmobiliarias realicen mitigaciones viales y de acceso al transporte público cuando desarrollan proyectos.

Pese a esto, el académico apunta a una “normativa general que involucre a todas las comunas y que establezca los parámetros para construir pensando en una ciudad con mayor armonía arquitectónica”.

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