Cambio de escena

Solemos decir que lo urgente posterga lo importante, cuestión que parece ser una sentencia inapelable en el ámbito de los debates ciudadanos y muy especialmente para la política pública. Pero ya que se trata éste de un fin de semana donde muchos llaman a la reflexión, o quizás simplemente porque tengo un interés particular que expongo y reconozco, es que hoy quisiera referirme a un tema que no a muchos importa y que ciertamente pocos conocen.
Este martes 3 de abril se votará en la Cámara de Diputados el proyecto de ley sobre el Fomento a las Artes Escénicas. Se trata de una iniciativa que ingresó a mediados del año pasado y en la que, junto a otros abogados y buenos amigos, tuve el privilegio de poder colaborar.
Hay aquí un gran esfuerzo por pagar una deuda y otorgar un reconocimiento. Tal como ya ocurrió para el fomento del libro y la lectura, de la actividad audiovisual o de la producción y difusión musical, en el marco de la creación del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio; fueron ahora muchas las voluntades que se congregaron para poder dignificar, visibilizar y masificar el teatro, la danza, el circo o la narración oral, por nombrar las manifestaciones más conocidas. Detrás de esas y otras disciplinas, en las que participan autores, intérpretes y directores, de manera individual o como compañías y elencos, hay un enorme patrimonio cultural y popular que muchas veces obviamos, silenciamos o simplemente despreciamos. En efecto, resulta tan emocionante como también irritante, el constatar que pese a todas las dificultades y cortapisas, esas artes y sus distintas expresiones, siguen vivas y boyantes producto de la inquebrantable pasión de tantos quienes las impulsan y que han hecho de esos bellos oficios su primera y más importante vocación.
Pero la principal razón por la cual me decidí a escribir esta columna, es que fui un privilegiado testigo de cómo, y pese a todas las rabias acumuladas, sus principales protagonistas decidieron abandonar los lamentos y se volcaron de manera colectiva a provocar un cambio. Y todo partió desde abajo, consultando a centenares de artistas y organizaciones, acumulando horas de trabajo y escucha, las que después se tradujeron en una propuesta que supieron defender con rigor y dignidad. Fue así que depusieron sus legítimos intereses y diferencias, actuando como una gran comunidad de personas, actores de su tantas veces criticada democracia, mostrando que los cambios sí son posibles y que se puede transitar de la protesta a la propuesta o -nunca mejor dicho este día- de la denuncia al anuncio.
Y aunque falta camino por recorrer, han dado ya un gran paso, el que muchos esperamos sea reconocido y apoyado en el Congreso.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE
















