Eugenio Rivera

Eugenio Rivera

Fundación Chile 21

Opinión

De matices y liderazgos

02 de Abril de 2018/SANTIAGO El Presidente de La Republica, Sebastian Piñera realiza un punto de prensa al termino de la reunión de Comisión de Infancia impulsada por el Gobierno, en el Palacio de La Moneda. FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

Llamó la atención la virulencia con que la presidenta de la UDI rechazó la solicitud de renuncia al director del Museo Histórico Nacional, acusando a la ministra de Cultura de querer borrar la historia. Es una crítica dirigida al Presidente de la República, pues es poco probable que tan drástica decisión haya sido tomada sin su conocimiento. Llama también la atención la iniciativa del senador Chahuán de crear una Federación Social Cristiana, que si bien puede atraer al centro político, puede constituirse en una fuente adicional de divisiones en la derecha. Junto a estas expresiones políticas críticas se han observado descoordinaciones y “desprolijidades”, como son la dictación del Protocolo referido al fin del embarazo en tres causales (que el Presidente no tuvo la oportunidad de analizar), los ruidos en el Ministerio de Hacienda (la forma en que se anunció el mayor déficit estructural, la polémica en torno a los “gastos comprometidos” versus “presiones de gasto”, donde Larraín parecía no haberse dado cuenta de que el gobierno buscaba un amplio diálogo con la oposición, y el confuso financiamiento del viaje a Harvard que afecta su liderazgo en el equipo económico), y las recordadas frases del ministro de Educación.

Si bien estos hechos admiten una explicación facilista, como que “el gobierno recién comienza”, “que se trata de problemas menores”, lo cierto es que representan “matices” demasiado tempraneros para minimizarlos. Ellos remiten a diferencias de memoria histórica y respecto de valores. Además, aunque las diferencias en lo económico no aparecen todavía (quizás por la falta de iniciativas legislativas y administrativas), es probable que ganen relevancia cuando Ossandón vea que se empiece a desdibujar su presencia pública. El problema de fondo es que este cúmulo de dificultades deja traslucir las dificultades de Piñera para establecer su liderazgo, más allá de haber logrado constituirse en la mejor carta para desplazar a la Nueva Mayoría. Aunque no ha renunciado a su rol de jefe de coalición como lo hizo Bachelet, no parece disponer de la ascendencia política suficiente para evitar las dificultades descritas.

Respecto de la oposición, es compartido el diagnóstico de que se encuentra en el peor momento de las últimas décadas. No obstante, hay señales de vitalidad. Pudo imponer su mayoría en ambas cámaras del Congreso. Luego ha dado pasos importantes, como lograr revertir el protocolo sobre la ley de fin del embarazo, la designación del embajador en Argentina y cuestionar el viaje a Harvard. Al mismo tiempo, aparecen en el horizonte las dificultades para construir un proyecto que sirva de base a una candidatura potente en el 2021: mientras algunos dirigentes destacan como principal déficit del gobierno anterior la falta de atención al crecimiento (pese a que sin contrarreforma tributaria la economía creció en 4,6% en marzo), asumiendo como propias las críticas de la derecha, en un seminario del Partido Socialista (PS) dirigentes de esa organización coincidían con representantes del Frente Amplio en la necesidad de levantar un proyecto antineoliberal, cuestión que parece refrendarse con una primera reunión del PS con Revolución Democrática.

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