Traspaso de mando y desafíos para el país

Esta semana han tenido lugar una serie de encuentros entre los actuales ministros de Estado y quienes les sucederán bajo el nuevo gobierno, mediante los cuales se ha dado inicio al traspaso de funciones. Aun cuando estas reuniones tienen un carácter más simbólico que práctico -en general los ministros han explicado a sus sucesores en qué proyectos se encuentra trabajando cada Ministerio, y cuáles fueron sus logros-, han tenido la virtud de transmitir un valioso espíritu cívico, gesto que pone una nota de apaciguamiento en la constante tensión en que parecía vivir el país.
El presidente electo ha planteado que "no venimos con la lógica de la retroexcavadora; venimos a restablecer la cultura del diálogo, la colaboración y los acuerdos", reiterando el compromiso de construir a partir de lo que ha realizado el gobierno saliente. Este propositivo ánimo es concordante con lo que el electorado expresó en las urnas, buscando alejarse de posiciones en extremo ideológicas y poco dialogantes.
Pero en estas reuniones también ha sido posible apreciar las muy diferentes visiones que identifican a cada bloque, y que anticipan que buscar entendimientos será una tarea compleja, en particular en áreas sensibles, como educación -donde las autoridades entrantes deberán hacerse cargo de todos los efectos de la gratuidad- y economía, donde desde ya es posible advertir dos tareas urgentes, como simplificar el sistema tributario y buscar la forma de atenuar los dañinos efectos de la reforma laboral de esta administración.
A pesar del fuerte desgaste que ha experimentado la Nueva Mayoría, las exposiciones que han hecho sus ministros en general dan cuenta de la voluntad de reivindicar este legado, sin mayor ánimo de corrección. En ese afán, el hecho de que restando apenas una semana para que finalice el actual gobierno se insista en el envío de proyectos de ley de gran calado -como el caso de una nueva Constitución, ni siquiera mínimamente sensibilizada con los partidos de la coalición-, o terminar con el Crédito con Aval del Estado, más que una señal de consistencia con idearios políticos, aparece a estas alturas como una forma pertinaz de insistir en dejar "instalado" a como dé lugar un legado, con total desconexión del actual escenario político.
Es indicativo que el ministro de Hacienda, al término de la reunión con su sucesor, haya insistido en que las causas de la desaceleración responden a un contexto internacional adverso para países que viven del comercio exterior, principalmente de materias primas, sin reconocer que el hostil ambiente que se creó en estos años hacia el sector privado generó incertidumbre y desincentivó la inversión. Si este es el diagnóstico que prevalecerá en la futura oposición, hará difícil consensuar los cambios que el país requiere para reactivar con fuerza la actividad. No cabe duda de que el ambiente más favorable que muchos perciben con la llegada de las nuevas autoridades no será suficiente por sí solo para levantar las expectativas, y requerirá de señales concretas en esa dirección.
Con todo, también conviene apreciar los puntos de encuentro que se revelaron esta semana. Entre otras, la protección a los pueblos indígenas, el impulso a la infraestructura, la urgente protección a los menores vulnerados, la defensa de los intereses de Chile en el contexto internacional y la resolución de las listas de espera en salud son materias de amplia convocatoria y donde se debería avanzar con celeridad.
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