Ernesto Águila

Ernesto Águila

Analista político

Opinión

Vuelco español

rajoy
Mariano Rajoy junto al socialista Pedro Sánchez, en julio de 2017.

Que la fortuna gobierna una parte importante de la actividad política (la mitad, diría Maquiavelo) se podría ejemplificar con lo sucedido en España con la caída de Rajoy y el ascenso del socialista Sánchez como nuevo primer ministro. Diez días antes de su caída, Rajoy celebraba la aprobación de los presupuestos gracias a los votos del nacionalismo vasco (PNUV) y se aprestaba a gobernar por otros dos años. No contaba con que un fallo por casos de corrupción (caso Gürtel) creara la coyuntura para que una audaz moción de censura, lanzada por el presidente del PSOE, encontrara un terreno fértil en Podemos y en toda esa compleja geografía nacionalista y/o independista catalana y vasca, quienes sacaron cuentas y concluyeron que estarían mejor con Sánchez que con Rajoy, o que era imposible estar peor que con Rajoy.

De esta forma el PSOE gobierna nuevamente España con solo 85 de 350 diputados y lejos de los 180 que votaron la moción de censura. ¿Es viable un gobierno con este nivel de apoyo? En apariencia no, pero el sistema parlamentario español requiere que una moción de censura signifique de manera automática una mayoría para un nuevo líder -moción de censura constructiva- por lo que no solo se necesita tener los votos en contra de alguien sino, en el mismo acto, tenerlos a favor de otro y no se ve fácil una mayoría ni un líder alternativo a mediano plazo.

Sánchez tenía poco o ningún margen para equivocarse. Su primera prueba era el nombramiento de su gabinete y acertó. Si antes el cambio de la realidad debía simbolizarse, pareciera que hoy los símbolos pueden dibujar la realidad: once mujeres de un gabinete de diecisiete ocupando los cargos principales, como poderosa señal al movimiento feminista que se expresó en España el pasado 11 de marzo; un par de jueces como señal de probidad y seguridad; un ministro de Relaciones Exteriores europeísta, catalán pero contrario al independentismo de Cataluña; algunos guiños federalistas, medioambientales y territoriales. Y como corolario: un astronauta.

Sánchez ha logrado, hábilmente, abrir un margen para gobernar, pero no le será fácil. Podemos presionará desde la izquierda por más profundidad en las reformas sociales; el PP denunciará como traición cualquier concesión para encauzar el tema catalán; Ciudadanos blindará el centro político y acusará al PSOE de izquierdizarse; la mayoría nacionalista e independentista catalana con seguridad se decepcionará muy rápido de lo que pueda ofrecerle Sánchez.

Seguramente de aquí a un año habrá nuevas elecciones en España. El PSOE ha encontrado una insospechada oportunidad para volver a gobernar y revalidarse, pero el futuro de un proyecto progresista en España requiere de un entendimiento entre socialistas y Podemos. Es una cuestión aritmética, no solo de gusto. Con todas sus precariedades se abre un impensado y expectante año para la izquierda española.

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