Pepe Auth: “No le veo futuro al PPD… hoy solo hay una disputa burocrática por el poder”

El parlamentario independiente y expresidente del partido realiza un crudo análisis ad portas de las elecciones internas de la colectividad.


Mirando desde afuera esta vez, el expresidente del PPD y diputado independiente Pepe Auth analiza las elecciones internas del partido. El parlamentario es especialmente crítico sobre el escenario y futuro de la colectividad. Asimismo, el experto electoral plantea una encrucijada para el Frente Amplio: si se dispone a disputar la gobernabilidad debe realizar alianzas con la ex Nueva Mayoría a pesar de que en el bloque hay diferencias. También evalúa los primeros meses de la nueva gestión de Sebastián Piñera. “Él está pensando más en su inscripción en la historia que en el fortalecimiento político de su sector”, dice.

¿Serán competitivas las elecciones internas del PPD?
Para nada. Veo una simple disputa de poder, no hay proyectos distintos, incluso, entre dos listas hay una disputa sobre quién es más “girardista” que la otra. No creo que tenga gran significación la elección, aunque lo previsible es que se instale Heraldo Muñoz, que sin duda es lo mejor que le podría pasar al PPD, pero yo temo que el PPD le haga daño a la proyección política de Heraldo Muñoz.

Usted se fue del partido hablando de un socio controlador, por Guido Girardi, no obstante, pese a que no compite, sigue siendo protagonista del proceso, ¿qué genera eso para el PPD?
Lo que pasa es que no le veo futuro al PPD, desde el punto de vista más sociológico. Es decir, terminado el binominal no tiene mucho sentido la existencia de partidos primos disputando el mismo electorado. Al PPD se le cerró el espacio y lo disputa con el PS e incluso a veces con el PC, y la gente siempre preferirá el original a la copia. En el PPD hoy hay solo una disputa burocrática del poder.

Entonces, ¿qué puede hacer el PPD?
El único destino productivo que imagino para el PPD es convertirse en impulsor de una convergencia que genere un gran actor político de centroizquierda. Creo que Heraldo tiene clara esa idea y probablemente los otros también, pero no está en la conversación porque la conversación es de simple poder. Solo hay un festival de vetos mutuos.

Siempre Girardi juega un rol…
Bueno, es lo que hay, como dicen. Controla a la distancia, por eso el desafío de Heraldo, si se convierte en presidente, es de gobernabilidad, tener un liderazgo que afirme su autonomía.

En el proceso interno se ha hablado de renovación, ¿puede ser ese el camino?
Se rebarajó el naipe, este era el momento de la renovación, terminado el binominal, se inició un nuevo ciclo político, se entregaron y se repartieron de nuevo las cartas y el PPD recibió superpocas en su mano. El número de cartas que a cada actor político le tocó es determinante respecto de los próximos 20 años que vienen. El partido que se achicó va a seguir achicándose, el partido que emergió en la nueva repartición va a seguir ascendiendo. Si tú me preguntas a mí, con los ojos cerrados digo que es obvio que Revolución Democrática va a ser más grande en 10 años más de lo que es hoy día y a ojos cerrados digo que el PPD va a ser más chico en 10 años más de lo que es hoy día. ¿Sabe cuál es el problema mayor? Que todos están conscientes de eso y, por lo tanto, ninguno le apuesta de verdad al PPD y eso se traduce en que algunos están dispuestos a hacerle daño a la institución para conseguir pequeñas parcelas de poder.

¿Es una buena idea una federación PPD-PS?
Federación es un primer paso. Lo que hay que hacer es recrear un actor de centroizquierda nítidamente diferenciado de la izquierda radical, con discurso propio, con alternativa propia, con liderazgos propios y que, por supuesto, busque enraizarse en la sociedad.

¿En el mismo mazo de cartas tienen que estar el PPD y el PC?
La política chilena va a experimentar obligadamente un proceso de reingeniería. Hay demasiado actores mal ubicados en las respectivas instituciones. Hay gente del mismo partido que tiene más distancia entre sí que respecto de otros partidos y eso no dura mucho. Creo que el PC va a terminar naturalmente en una opción de izquierda tradicional comunista o neocomunista. Por supuesto, el PC no es el mismo que hace 10años, aunque a veces hay ciertos rasgos atávicos que lo llevan a comportarse de la misma manera como se comportaban con la Unión Soviética.

En esta centroizquierda un poco revuelta ya están apareciendo algunas cartas presidenciales, como el propio Heraldo Muñoz o Máximo Pacheco, ¿qué le parecen esos nombres?
Esta no es una carrera de liderazgos, es una carrera de opciones colectivas. Los liderazgos solo van a prender en la medida en que exista una opción que proyecte gobernabilidad. El fracaso de las últimas elecciones no fue un fracaso personal de Guillier, la gente no encontró que había detrás de Guillier una base suficiente que garantizara una cierta gobernabilidad con algún contenido común. Por lo tanto, el tema central no es la persona, siempre que hay condiciones las personas surgen. Heraldo y Máximo Pacheco son figuras que podrían dar el ancho, pero sin una fuerza política articulada, con programa coherente, con ciertas garantías a la gente, no va poder llegar al gobierno.

En este escenario, ¿le conviene al Frente Amplio un pacto electoral con la ex Nueva Mayoría?
En lo electoral es evidente. Si miras la elección parlamentaria, la derecha sacó el 38%, en el que anda más o menos en todas las elecciones parlamentarias, por lo tanto, no creció, no es que haya habido un viraje a la derecha del país, sin embargo, sacaron una proporción muy importante del Congreso producto de que compitieron unidos versus una centroizquierda. Si lo trasladas a una elección uninominal como la de alcaldes y gobernador regional, si no hay acuerdo electoral -porque yo no veo ninguna voluntad ni tampoco posibilidad de acuerdo político opositor en 18 o 20 meses más-, puede ser una catástrofe para la centroizquierda o, al revés, un triunfo categórico del oficialismo.

¿Cómo ve al Frente Amplio en este proceso?
Va a estar frente a la disyuntiva, que no ha resuelto, si su vocación es de madurar una alternativa lentamente, de largo plazo, o se dispone a disputar la gobernabilidad del país. Si se dispone a disputar la gobernabilidad del país, naturalmente tiene que conversar, aliarse, desarrollar estrategia electoral, debe no desear que la derecha avance, etc.

Pero, hasta el momento, en el Congreso, ¿el Frente Amplio lo ha hecho bien o mal?
Desde el punto de vista parlamentario, mi evaluación es extraordinariamente positiva. El Parlamento subió su nivel, lo digo porque bajó la edad promedio, porque subió el nivel educacional y hoy día tienes debates más ricos de los que tenías ayer. No obstante, los veo todavía inmaduros como coalición, no tienen procesos de tomas de decisiones colectivos estatuidos ni desarrollados, tienen diferencias internas relevantes, pero no saben cómo procesarlas todavía. Por ejemplo, ahora se metieron simultáneamente en una comisión investigadora, una solicitud de destitución de fiscal y una solicitud de acusación constitucional y, más allá de la pertinencia o no de cada uno de esos hechos, es cómo llega el Frente Amplio a comprarse cada una de esas iniciativas, y cuando tú les preguntas, no saben. Es decir, normalmente es una iniciativa simplemente individual, que no se procesa y termina imponiéndose. Entonces, yo no veo al Frente Amplio conduciendo su propia política.

En la otra vereda, ¿cree que Piñera ha logrado instalar su agenda?
El gobierno no tiene relato, y eso es bueno, porque el relato que tenía era la reversión de las reformas. Cuando se constituye Piñera como alternativa él era eso, pero luego del resultado de la primera vuelta, que fue escuálido, hace que eso se vaya al clóset. Entonces, te compras reivindicaciones nacionales que han sido impuestas más bien por la izquierda: la gratuidad en la educación superior, la reforma a las pensiones, ahora la igualdad de género. Veo a Piñera hoy día con disposición a construir mayorías distintas de las que sustentaron su victoria, asumiendo, además, que se fue el binominal y que hoy día tienes la posibilidad de geometría variable según de qué tema se trate. La prueba de fuego va a ser cuando tenga que llevar a votación algo con la UDI en contra

O sea, el gobierno de Piñera no es bueno para su sector.
Él está pensando más en su inscripción en la historia que en el fortalecimiento político de su sector. Probablemente él tenga la intención de hacer un gobierno más nacional que un gobierno de derecha.

Pero hay quienes sostienen que por sus primeras acciones, como el protocolo por aborto, Piñera estaba más a la derecha.
Es que ni siquiera lo cambió él, si ni siquiera le consultaron, apenas le consultaron al ministro, porque parece que alguien de la UDI venía con esa agenda y se instaló en la jefatura de gabinete e impulsó una cuestión que después el gobierno, no hizo otra cosa que rebatirla. Santelices celebró la aprobación de la ley de aborto en tres causales en su interpelación. Por otra parte, el empresariado ya pensaba que tenía lista la rebaja del impuesto corporativo y todavía ni siquiera hay consenso para enviar eso al Parlamento, porque sabe que va a rebotar. Tengo la impresión de que Piñera, que hizo un gobierno muy mal evaluado en su momento por la ciudadanía, quiere, fundamentalmente y casi exclusivamente, triunfar esta vez.

Pero Piñera hablaba de una proyección de ocho años…
Lo peor para conseguir ocho años es hablar de que vas a estar ocho años. Creo que Sebastián Piñera está perfectamente consciente de eso, yo no lo veo preocupado a él de la proyección. Lo que sí veo es que está dispuesto a asumir reivindicaciones que no son propias, lo veo más sensible a reconocer que la sociedad demanda tal cosa.

Hay mucho posible candidato presidencial en la derecha, Alfredo Moreno, los Kast, Manuel José Ossandón, el mismo Lavín. ¿Cómo se debe lidiar con eso?
Eso le facilita las cosas, porque mientras el gobierno esté medianamente bien, la disputa de esos liderazgos va a ser por quién está más cerca del gobierno. Por supuesto eso se torna complicado cuando tu nivel de rechazo supera tu nivel de aceptación y, por lo tanto, comienza a ser buen negocio diferenciarse, pero eso ocurre el último año. Lavín es el candidato uno, Lavín al que todos daban por muerto, solo andaba de parranda, y revivió como el ave Fénix, de la manera que él ha sabido revivir intentando sintonizar con la gente. Mientras los otros se dedican a hacer política, él avanza en su estilo y lo ves situado como el único liderazgo de la derecha que tiene considerablemente más aceptación que rechazo. Habrá que ver qué dice la UDI, porque renegó de Lavín, renegó de los problemas concretos de la gente y del proceso de desideologización que empujó Lavín. Ahora es la única alternativa disponible del partido.

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