Manifiesto de Ramón Griffero, director del Teatro Nacional: “Poco a poco se va removiendo la cultura patronal chilena, eso pasó con Herval Abreu”

El conocido director de teatro se encuentra estrenando "La Iguana de Alessandra", su primera comedia.


Estoy por estrenar mi primera comedia. Creo que ese cambio tiene que ver con esta nueva época. Durante el siglo XX nuestro motor era encontrar razones por las que morir. Uno pensaba que estaba bien morir por la religión, por la patria o por la utopía. Ahora eso nos parece absurdo. La pregunta ahora es por qué vivir. Y eso implica más felicidad, más comedia. Eso estoy explorando en esta nueva obra.

Poco a poco se va removiendo la cultura patronal chilena, eso pasó con Herval Abreu. En Chile había una cultura del abuso, donde uno se validaba si es que abusaba del otro. Eso se ha ido quebrando. Se quebró en la Iglesia, se quebró en la televisión y no me cabe duda que también se va a quebrar en el mundo artístico. Es necesario que ocurran estos cambios y haya más denuncias.

Pasé la Guerra Fría en Estados Unidos. Mi padrastro era diplomático de las Naciones Unidas y siempre viajamos mucho. Viví tres años en Washington y me tocó estar en un montón de sucesos históricos. Estuve en la marcha cuando Martin Luther King dijo: “I Have a Dream” y también en los funerales de Kennedy. Recuerdo que en el colegio nos hacían simulacros para evacuar en caso de un ataque nuclear. Todo era muy loco.

Soy de los que trabajan para viajar. Constantemente estoy pensando en mi próximo destino, vivo con las maletas hechas. Es una costumbre que tengo desde niño. Cada año, en vacaciones con mi papá tomábamos un crucero que nos llevaba desde Valparaíso a Génova. Era un viaje de 20 días pasando por distintas ciudades. Mi infancia fue un encuentro constante con otras culturas.

Mi objetivo era formar una resistencia artística en contra de la dictadura. Mis obras en Bélgica tenían que ver con eso, pero me di cuenta que eran para otro público. Cuando llegué a Chile fundé el Trolley, un lugar mítico que reunió a varios artistas de diferentes disciplinas durante los 80. Fue un período de gran creación. Ahí estaban Los Prisioneros, los Electrodomésticos y otros artistas que no tenían un espacio oficial. Generamos un espacio donde la censura no existía y logramos renovar el lenguaje artístico en el país. Me siento muy orgulloso de eso.

El teatro hoy día también es un lugar de resistencia en contra de la cultura de mercado. Nosotros seguimos defendiendo el arte como la búsqueda del saber en contra de una cultura dominada por la farándula y el mercado. No estamos aburguesados ni entramos en el sistema.

Revolución Democrática me ofreció ir a las elecciones por el cupo a senador en Valparaíso. Empecé a militar en 2016 y a trabajar en la comisión de cultura. Un día me preguntaron si podía entrar en campaña. Lo pensé, pero me ofrecieron ser director del Teatro Nacional, así que no lo hice. Ese cupo se lo dieron a Juan Ignacio Latorre, que hoy está en el Senado. Quizás yo pude haber sido senador.

Estudié teatro para aprender a dirigir actores de cine. Ese era mi sueño. Mi primera película duraba 50 minutos y resultó que era muy corta para que alguien la proyectara. Entonces la completé haciendo guiones para teatro. Empecé en esto mezclando las cosas.

Cuando estuve en la Escuela Militar vi cómo degradaban públicamente a dos conscriptos que eran homosexuales. Los encontraron un día teniendo relaciones y fueron duramente golpeados por los soldados. Ellos solo tenían 16 años. Los castigaron y luego los expulsaron. Por suerte, ese Chile feudal se está terminando.

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