Tod@s, todxs o todes: ¿Qué debo decir?

A pesar de las críticas de los académicos, el lenguaje inclusivo en temas de género se está normalizando cada vez más en empresas, colegios y organizaciones. Desde el “todes” para integrar a la comunidad transexual hasta la eliminación de palabras que impliquen una preferencia. Una nueva forma de hablar y escribir está naciendo.

“Tomad y comed todos y todas de él, porque este es mi cuerpo, que será entregado por muchos y muchas de ustedes, por hombres y mujeres de todos los tiempos, para el perdón de nuestros pecados”.

De manera particular -y poco probable en cualquier otro lugar cristiano- se bendicen el pan y el vino todos los domingos en la Iglesia de la Comunidad Metropolitana.

Ubicada en pleno centro de Santiago, no es un templo común y corriente. De partida, no tienen ningún tipo de relación con el Arzobispado de Santiago ni han sido reconocidos de manera oficial por el Vaticano. Se definen como una comunidad cristiana ecuménica, es decir, que han decidido aceptar todo tipo de corrientes cristianas y, por ello, representar a la población LGBTI.

El cambio de sexo de uno de los integrantes de la comunidad durante el año 2016 hizo que todos se dieran cuenta de la necesidad de usar un lenguaje inclusivo. Ahora, las misas empiezan con un: “Bienvenidos a todas, todos y ‘todes’”.

“Dios es padre y madre a la vez. Reconocer esa diferencia que existe en el discurso, en la homilía, en los documentos oficiales. Eso como un comienzo para construir este lenguaje”, dice Eric Mellado, quien es coordinador de la Pastoral por la Diversidad Sexual (Padis).

Ellos -a diferencia de la Comunidad Metropolitana- sí son un grupo reconocido por la Iglesia Católica chilena, con 40 personas que son acompañadas por sacerdotes jesuitas desde el 2010.

De manera más lenta y por iniciativa de sus miembros, han sido el primer grupo reconocido por la Iglesia en Chile que ha avanzado por un cambio en la manera de comunicarse. Según cuentan sus integrantes, en Padis han optado por usar conceptos neutros, sin distinción del género masculino y femenino al momento de dirigirse a toda la asamblea. Aunque algunos sacerdotes y monjas han aceptado este cambio, por ahora es imposible pensar en este uso de lenguaje en las ceremonias oficiales, como la misa, casamientos o bautizos. Para eso falta una discusión mayor.

“Deberíamos avanzar en reconocer que en una asamblea hay hombres y mujeres, hablando del lenguaje, del escrito, del documento. Deberíamos hablar de personas, de raza humana, no de hombre o mujer”, asegura Mellado.

Según pudo averiguar Reportajes, existen otras parroquias en Chile que han cambiado la forma de comunicarse para ser más inclusivos con sus creyentes. Sin embargo, sus miembros no quisieron hablar por temor a tener problemas con sectores conservadores de la Iglesia.

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En Chile, el uso de un lenguaje que incluya lo masculino y femenino es una iniciativa relativamente nueva. Organizaciones feministas y a favor de la diversidad sexual fueron los primeros grupos en utilizar una nueva alternativa al castellano común a principios de esta década. Principalmente fue una herramienta pensada para escribir en redes sociales. Estos grupos empezaron a utilizar el arroba (@) y la equis (X) para eliminar los géneros de cada palabra. A partir de estas iniciativas personales, otras organizaciones se abrieron a implementar esta nueva forma de hablar y escribir.

En 2013, el Servicio Nacional de la Mujer difundió el primer manual de lenguaje inclusivo de género. Luego, el Ministerio de Educación en el 2015 y el Consejo de la Cultura durante el 2017 escribieron sus propios instructivos donde recomiendan el cambio de ciertas palabras por otras de carácter neutro en todas sus comunicaciones.

En septiembre del año pasado, llamó la atención un mensaje en la cuenta de Twitter del Ministerio de la Mujer, que llamaba a “Compartir la pega en las Fiestas Patrias y Matrias”. Dicho mensaje fue criticado por algunos sectores. “¿Hasta cuándo desafían el sentido común? Las diferencias entre hombres y mujeres no se resuelven cambiando el lenguaje”, escribió en la misma red social el entonces candidato presidencial José Antonio Kast.

Pese a esto, en el gobierno insistieron en esta nueva manera de expresarse.

En el Mineduc cuentan que durante el año pasado realizaron una campaña en distintos colegios para seguir fortaleciendo el cambio. De todas maneras, la iniciativa no fue muy ambiciosa, incluía videos virales y no contaba con un gran presupuesto.

Al mismo tiempo, pero de manera más lenta, el mundo empresarial también se ha abierto al cambio.

“La preocupación partió mayoritariamente por las empresas del retail. Están mucho más avanzadas. Mi hipótesis es que estas empresas son las que tienen mayor contratación y rotación de personas. Ese es el gran dolor del retail. Y se dieron cuenta de que al contratar una mujer o alguien de la diversidad sexual y tener todo el entorno protegido de la discriminación, esa persona tenía menos rotación”, dice Camila Ramos, quien es jefa de Proyectos en Acción, una ONG que trabaja con varias empresas del país en temas de desarrollo sostenible. Dentro de sus líneas temáticas de trabajo está la gestión para la diversidad en empresas.

En marzo de 2015, Acción presentó una guía para los empleadores en temas de orientación sexual e identidad de género. Por primera vez, incluyeron un instructivo para cambiar la comunicación interna y externa de sus socios. En total son 136 empresas que trabajan con Acción, pero de esas, solo 25 aceptaron adoptar estas nuevas estrategias para la inclusión. Entre las empresas que se sumaron están Walmart, IBM y BancoEstado.

La necesidad de adoptar un lenguaje que incluya a todo tipo de género ha llegado hasta el mundo del espectáculo. Durante la ceremonia de los Oscar, el animador Julio César Rodríguez fue duramente criticado por decir que “Daniela Vega era el primer actor chileno en ser presentador de un Oscar”. Posteriormente, el comunicador se defendió señalando que su comentario no hablaba del género masculino en particular, sino que era en general.

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El lenguaje inclusivo tiene varios formatos y, al no existir un documento oficial, depende netamente del criterio del emisor.

La forma más aceptada es similar a la que ha sido publicada en los manuales del gobierno. Este formato se limita instruir el cambio de ciertas palabras que puedan excluir géneros por otros conceptos neutrales. Por ejemplo, en vez de decir “los ciudadanos” o “los jóvenes”, lo recomendable sería hablar “de la ciudadanía” y “la juventud”.

Además, utiliza el cargo de ambos géneros. Es decir, se puede escribir “el Presidente” o “la Presidenta”.

Otros han optado por un lenguaje con una definición más rupturista. Acá se utilizan palabras que no existen en el diccionario para eliminar las que contengan una diferenciación de género. Por ejemplo, en vez de usar un “los” se utiliza el “l@s” y el “lxs”.

Grupos por la diversidad sexual también han introducido la “e” para agrupar también a las personas transexuales. Para ellos, en vez de decir “todos” o bienvenidos” se debería usar el “todes” o “bienvenides”. Palabras que no impliquen una definición solamente masculina o femenina.

El problema de estos nuevos conceptos es que aún no hay claridad en la forma de conjugar cada palabra o cómo se pronuncian. Por lo mismo, este tipo de lenguaje ha sido el más criticado por los académicos.

“Creo que el tema del género aparece como algo que evidentemente tiene que ser revisado. Y está siendo revisado. La polémica, hoy día, es por qué ha habido algunos excesos como ese”, dice el periodista Abraham Santibáñez, quien además es miembro de la Academia Chilena de la Lengua, institución que representa a la Real Academia de la Lengua Española en el país.

En noviembre del año pasado, el gobierno de Francia prohibió el uso del lenguaje inclusivo en sus textos oficiales. Al mismo tiempo, la Academia Francesa calificó esta nueva forma como una “aberración”.

“Nosotros estamos conscientes de que esto va en contra de las normas de la RAE, y que no nos interesa seguir las normas de una institución que desde su fundación ha tenido 30 directores y todos han sido hombres. Para nosotros esto también es una posición política, y lo hacemos con conciencia”, dice Eglé Flores, quien ha estudiado durante años sobre la función política del lenguaje y asesoró a la fundación Ciudadano Inteligente para crear su propio decálogo por un lenguaje sin exclusiones.

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El año escolar empezó de manera especial en el Liceo Femenino Tajamar, ubicado en Providencia.

Un gran cartel con letras doradas saludaba de manera especial el nuevo año académico: “Bienvenides”.

Este era un hito para un establecimiento tradicional. Por primera vez se utilizaba de manera oficial un mensaje de ese tipo.

“El nuevo centro de estudiantes me planteó una actividad que ellas tenían preparada para darles la bienvenida a todas las estudiantes en este año (…). Me dijeron que querían preparar un letrero con lenguaje inclusivo, le pregunté cuál era el lenguaje que iban a utilizar y apareció esa palabra y no le puse problema”, cuenta el director del Tajamar, Humberto Garrido, que asumió este año y con ese gesto buscó dar una señal de apertura.

La implementación de esta nueva manera de comunicarse es un tema para cualquier colegio. Por un lado, implica un beneficio al acoger a estudiantes que pudieran sentirse excluidos, pero al mismo tiempo significa adoptar formas que no están completamente aceptadas en el mundo académico.

Esta situación es más aceptada en colegios de enseñanza alternativa. En el colegio Colibrí, ubicado en Ñuñoa, adaptaron su lenguaje después del tránsito al género femenino que una alumna realizó durante el 2016.

“A raíz de ese caso nos abrimos más. La familia no es mamá y papá, puede ser solo papá, puede ser un abuelo o tío. Entonces, ahora cuando escribimos comunicaciones ponemos familia Colibrí. Hay algunas cartas que dicen niñas y niños, pero ya las últimas son los colibritos”, comenta su directora, Karimna Salah.

Ningún padre ni alumno puso problemas para esta nueva forma de expresión. Tampoco a los profesores, pese a los reparos que pudiera haber desde lo académico.

“A nosotros la discusión académica nos da lo mismo, mientras los niños y los papás entiendan y se sientan cómodos, nos da lo mismo”, dice Salah.

En los establecimientos tradicionales los profesores se han ido abriendo, pero de manera más cautelosa. Liceos emblemáticos como el Carmela Carvajal o el Liceo 1 han adoptado palabras nuevas, sobre todo gracias al trabajo de sus respectivos centros de alumnos.

En el Tajamar también se toman las cosas con calma: “Recién estamos iniciando este tema, y siendo conscientes, porque en los adultos cuesta más. En los estudiantes ya está instalado. Siempre que no esté en contra de la lengua, no habría problemas en incluirlo”, argumenta su director, Humberto Garrido.

Por lo pronto, el cartel de “Bienvenides” es un hito que esperan seguir repitiendo en otros colegios.

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