Columna de sismología: Especial del terremoto más grande de todos. Hoy, La respuesta de la cordillera

El terremoto de 1960 fue el más grande jamás medido instrumentalmente. Fue un evento enorme que tuvo un impacto global. También los volcanes de la cordillera de los Andes mostraron una respuesta, que se reflejó en los años con la mayor cantidad de erupciones desde que hay registro en Chile.


Las primeras noticias que comenzaron a salir después del megaterremoto de 1960 hacían referencia a que el sur de Chile estaba en los suelos, y que el maremoto había arrasado lo poco que había quedado en pie en la zona costera. La verdad es que no se cayó todo, aunque los daños sí fueron muy importantes. No es para menos, considerando el tamaño del sismo. Pero también hubo una información que hizo la portada de este mismo diario, y decía que el sur estaba hirviendo.

Las informaciones hablaban de 10 volcanes que estaban haciendo erupción después del megaterremoto. Y, ya que nuestra apreciación sobre las erupciones volcánicas tiende a ser bastante catastrófica, no es sorpresa que muchos creyeron que el infierno estaba en la Tierra, y que ya todo se acababa. Pero la verdad es otra, ya que sólo hay una erupción confirmada en el mes que siguió al terremoto: la del Cordón Caulle, que ocurrió apenas 38 horas después del sismo. Sin embargo, la estadística sí muestra un aumento en la cantidad de erupciones confirmadas en el año que siguió al terremoto. Nada más veamos la siguiente figura, que muestra los volcanes en erupción en todo Chile antes y después del terremoto de 1960.

Se puede ver claramente que la cantidad de volcanes en erupción aumentó drásticamente en los dos años que siguieron al terremoto ¿Cuáles fueron los volcanes chilenos que lo hicieron? Si contamos hasta mayo de 1962, de acuerdo al Programa Global de Vulcanología ellos fueron, en orden cronológico: Cordón Caulle, Copahue, San José, Tupungatito, Peteroa, Guallatiri, San Pedro-San Pablo, Calbuco, Tupungatito de nuevo, Copahue, Villarrica, Lautaro, y Peteroa repitiéndose el plato. Muchos, ¿no?. Allí nace la pregunta de si todos estos volcanes realmente respondieron al terremoto o simplemente hicieron erupción debido a que era su momento. La respuesta no es sencilla -y ya hablamos de ella-, pero en resumen tenemos que ver dos grandes detalles: cómo estaba el volcán cuando ocurrió el terremoto, y qué le hizo el terremoto al volcán. Por desgracia, no tenemos cómo saber si un volcán estaba alterado o no, a menos que hubiese estado haciendo erupción. Así que no nos queda otra que analizar lo que le hizo el terremoto a los volcanes.

Si miramos el mapa de Chile centro-sur, con los seis volcanes de esa zona que entraron en erupción en el año que siguió al terremoto, podemos ver fácilmente cómo el Cordón Caulle y el Calbuco estaban en una zona profundamente afectada por el. Y, dado que no hay registro de algún tipo de indicio de actividad antes, entonces sí podemos asumir que al menos la erupción del Caulle fue gatillada por el terremoto. Como dato: ese volcán no hacía erupción desde 1934. Con los otros las respuestas son más difíciles de ver, ya que los más al norte, como el Tupungatito y el San José, estaban bastante lejos de la zona de ruptura, y aún así entraron en erupción. Esa observación es muy intrigante, y la ligadura con el megasismo no es tan clara. Más dudas deja el hecho de que el terremoto abrió espacios debajo de 25 volcanes chilenos se estirara, por lo que el magma podría haber subido más fácilmente. Sin embargo, sólo seis lo hicieron en el espacio de un año. ¿Qué pasó con los otros? Hasta ahora no lo sabemos con certeza.

Hasta acá sólo les he mostrado a los volcanes con erupciones confirmadas. Pero no porque un volcán no esté en erupción significa que esté totalmente estable. Sin ir más lejos, hoy el Osorno no está en erupción, pero está en alerta amarilla. Por lo mismo, durante el transcurso de un año suele haber más volcanes mostrando inestabilidad que volcanes haciendo erupción. Eso lleva a pensar que seguramente muchos más que 8 volcanes mostraron algún tipo de respuesta al terremoto de 1960. Menos mal que no estábamos en esta era, si no tendríamos a mil charlatanes diciendo que algún planeta estaba apareciendo y generando que todos los volcanes se reactivasen al mismo tiempo.

Pero la influencia del evento de 1960 no se queda en esa década donde ocurrió. Hay investigadores que han ligado la erupción del volcán Hudson, ocurrida en 1991 y una de las más grandes de la historia de Chile, al megaterremoto de 1960. Y aunque existe controversia sobre si eso es cierto o no, es algo que como científicos podemos considerar como plausible, ya que el tamaño del terremoto fue tan grande que hasta el día de hoy estamos entendiendo su impacto. De hecho, miren esta imagen alterada del trabajo de Sergio Ruiz y sus colegas, que muestra la dirección en que se mueven las estaciones de GPS en el sur del país.

Después de un terremoto, que nos tira hacia el oeste, las placas se vuelven a bloquear, por lo que la placa oceánica debería empujarnos hacia el este y un poco hacia el norte. Eso se ve en las estaciones cercanas a la costa. ¿Ven cómo en la cordillera las estacione​​s van para otro lado, y aún se mueven como si estuviesen siendo “tiradas” por el terremoto de 1960?. Esto, más de 50 años después de que tal evento ocurrió. Impresionante.

Y es que en realidad el terremoto más grande de todos nos sigue dejando en claro cómo no somos nada al lado de el. Tanto, que aún no lo podemos entender por completo.

Cristian Farías Vega es doctor en Geofísica de la Universidad de Bonn en Alemania, y además profesor asistente en la Universidad Católica de Temuco. Semanalmente estará colaborando con La Tercera aportando contenidos relacionados a su área de especialización, de gran importancia en el país dada su condición sísmica.

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