Columna de Sismología: Especial del terremoto más grande de todos. Hoy, el Riñihuazo

En mayo se cumplen 58 años del terremoto más grande jamás registrado instrumentalmente: el de 1960 en el sur de Chile. En el capítulo final de esta serie hablaremos de una epopeya en la cordillera, el Riñihuazo.


El suelo de la zona sur de Chile se estuvo moviendo por más de 10 minutos aquel trágico 22 de mayo de 1960, cuando ocurrió el terremoto más grande jamás medido por instrumentos humanos. Un evento de tal tamaño, que el tsunami producido por el terminó matando gente en Hawaii. De hecho, fue después de él que se gestó una iniciativa para monitorear tsunamis en todo el mundo, el mismo que usamos hasta el día de hoy. En Chile, el sur sufrió muchísimo: ciudades quedaron gravemente dañadas por el terremoto y posterior maremoto. Muchos murieron, y más quedaron damnificados. La reconstrucción sería larga y dolorosa, pese a la ayuda internacional. Valdivia fue una de las ciudades más afectadas, y perdió gran parte de su industria y poder económico. Se configuró así un desastre.

Pero aún quedaba una amenaza más para Valdivia, una que se iniciaba en la cordillera. Tras el megaterremoto, tres derrumbes se generaron cerca del volcán Mocho-Choshuenco, tapando el cauce del río San Pedro. La ubicación de estos “tacos” se ve aquí, en esta figura hecha por Cristian Araya para la Sociedad Geológica de Chile.

Grandes derrumbes, ¿cierto? El problema es que el río cuyo cauce fue embalsado era la salida natural del lago Riñihue, por lo que el nivel del agua comenzó a subir rápidamente, sobre todo por las lluvias típicas de fines de mayo y principios de junio. Además, el San Pedro es un afluente del río Calle-Calle, que llega a Valdivia. Por lo mismo, el peor escenario era un rebalse del Riñihue, que iría destruyendo cada uno de estos tranques naturales formados después del terremoto, transportando una gran aluvión aguas abajo, lo que seguramente afectaría nuevamente a Valdivia con inundaciones potentes y los restos de un aluvión. Como fuese, era un mal panorama. Pero no era uno desconocido.

Como saben, en Chile sufrimos grandes terremotos. No es novedad que nos toquen sismos de magnitud mayor a 8. Y como también sabemos, en Chile parece haber distintas zonas que generan terremotos. La zona sur de Chile, desde Lebu hasta Aysén, es una de ellas. Antes del terremoto de 1960 hay registros de otros tres grandes terremotos, ocurridos en 1575, 1737, y 1837. En este caso, el que más se parece el megaterremoto de 1960 parece ser el de 1575. Los relatos de los españoles de la época hablan de una tremenda destrucción generada por un terremoto de larga duración, con un tsunami que arrasó con la zona costera de Valdivia, y que fue seguido del derrumbe de cerros en la salida del lago Riñihue, provocando un aumento en su nivel. Esa vez el resultado fue un tremendo aluvión que afectó mucho a la región, que no tenía la importante densidad poblacional que existe en la actualidad. Pero el aluvión y la inundación generada sobre el río Calle-Calle devastó el fuerte de Valdivia, que alojaba a los españoles en aquella época. Mismo fuerte que ya había sufrido profundos daños durante el terremoto de 1575. Fue una tragedia, en la que muchos perdieron su vida.

Cuentan los relatos que, a fines de mayo de 1960, los vecinos de la zona rápidamente se pusieron a pensar cómo podrían evitar el desastre que podría generar si el lago se rebalsaba. Quienes tenían máquinas se movilizaron, pero en un sur donde el invierno es lluvioso, quedaron rápidamente metidas en el barro. No quedaba otra alternativa salvo usar las palas, y la coordinación de muchas personas. Esto llevó a un gran despliegue de quienes vivían allí, así como el ejército, bomberos, carabineros, y expertos ingenieros de la época, sin importarles las condiciones climáticas. Al existir tres tacos generados por los derrumbes, hubo que generar canales pequeños en cada uno para ayudar al desagüe del lago y evitar que su nivel creciera. El último taco era enorme, de unos dos kilómetros de largo por un kilómetro de ancho, por lo que el trabajo era muy difícil. Dada la gran cantidad de lluvia caída, hacia fines de junio se estimaba que el nivel del agua había subido en más de 10 metros, y se veía cómo el pueblo de Riñihue, localizado en la costa del lago homónimo, estaba completamente inundado. En Valdivia las noticias de un potencial aluvión tuvieron a muchos en vilo, e hicieron mucho más difícil el proceso de recuperación de las personas tras el megaterremoto del 22 de mayo.

Tras dos meses de trabajos, llegó el momento de abrir aún más los canales para poder desaguar el lago Riñihue de modo controlado. Grandes masas de agua bajaron desde el lago e inundaron las zonas bajas de Valdivia, convirtiéndola en una pequeña Venecia por unos días, como se ve en la foto de más abajo, de Osvaldo Lamas. Sin embargo, todos estaban advertidos sobre lo que podía ocurrir, y la cantidad de agua que bajó fue mucho menor de la que podría haber llegado súbitamente en caso de un desborde del lago. Valdivia se salvó, y se evitó un desastre mayor.

Toda esta epopeya es conocida como el “Riñihuazo”. Fue un ejemplo de resiliencia, y de la organización en la respuesta de parte de toda una sociedad. Una en la que Chile realmente se unió, y se trabajó por meses en pos de un objetivo en común, que era evitar un mayor sufrimiento de aquellos que ya la estaban pasando mal. Es una historia que no debemos olvidar, y que nos puede servir para recordar que, cuando estamos todos unidos, podemos hacer grandes cosas.

Cristian Farías Vega es doctor en Geofísica de la Universidad de Bonn en Alemania, y además profesor asistente en la Universidad Católica de Temuco. Semanalmente estará colaborando con La Tercera aportando contenidos relacionados a su área de especialización, de gran importancia en el país dada su condición sísmica.

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