Yessica Ulloa: “Pagué mi carrera de abogada planchando camisas”

Crédito: Patricio Fuentes.

“En el ascensor, el profesor me dice: señorita Ulloa ¿qué anda haciendo por aquí, ya es abogado? Le respondí: No, ¿con qué plata? Me quedó mirando y me dijo: ¿Se acuerda que me dijo que era buena para planchar camisas?”.


Soy hija de un matrimonio que tuvo 5 hijos. Mi mamá murió cuando yo tenía 13 años, estaba en octavo básico. Vivíamos de allegados en un terreno de mi abuelo, en una mediagua con dos piezas. Mi papá era alcohólico y falleció hace casi un año.

Mi mamá siempre quiso que yo fuera a estudiar a una ciudad más grande, porque vivíamos en un pueblo rural llamado Reneico, donde las posibilidades de estudiar o trabajar eran nulas, sobre todo para gente pobre como nosotros. Mi papá decidió entonces respetar la voluntad de mi mamá y me mandó a estudiar a Angol, a un colegio técnico profesional. Siempre fui buena alumna. Me fui a Concepción a hacer mi práctica de Técnica en Educación Parvularia. Ahí estuve como 8 meses hasta sacar mi título.

Un día, una amiga que trabajaba con los Solari en Lo Curro me llamó por teléfono y me convenció de venir a Santiago a trabajar. Yo tenía 19 años.

Nunca olvidaré mi primer día en Santiago: me levanté a las 5 de la mañana en Cerro Navia para llegar a la entrevista de trabajo, me subí a la micro 206 que recorría toda la ciudad, me pasé horas y horas mirando los edificios enormes hasta que llegué a Las Condes. Llegué a trabajar de niñera a un departamento. El padre era un cubano gerente de una empresa importante. Sus hijos estudiaban en uno de los colegios del barrio alto. Trabajé allí 3 años y me conocía a todas las nanas del sector.

Esas amigas empezaron a desaparecer, a casarse y otras dejaron de trabajar porque no les gustaba. Un día me dije: “Tanto que hablo de sueños, de estudiar, de hacer mis cosas y no hago nada, sólo mando plata a la familia”. Renuncié de un día para otro y arrendé una pieza en Lo Prado, que no tenía ni ventanas. La primera noche dormí en el suelo.

Al otro día me compré una cama y luego me matriculé en la Universidad de Los Lagos para una carrera técnica jurídica. Encontré trabajo en un jardín de Ñuñoa y los fines de semana buscaba más pega porque no me alcanzaba para vivir. Volví a Santa María de Manquehue y a La Dehesa, porque tenía contactos. Los fines de semana iba a hacer aseo o planchar, aunque luego sólo iba a planchar: en ese momento entraba en mi mundo, me ponía audífonos, oía música, no pescaba nada. El planchado me gustaba, era más relajado, aunque el dolor del brazo en la tarde no era cosa poca.

Estudiaba y planchaba. Lo hacía en una casa grande, llena de cuadros. La señora con su marido estaban buscando irse a un departamento y empezó a eliminar cosas. Me ofreció quedarme con uno de los cuadros, era enorme. Me quedé hasta las 10 de la noche esperando a que la micro fuera vacía. Recorrí todo Santiago con mi cuadro nuevo y ahora es de las pocas cosas que tengo colgadas en mi departamento.

Un día en clases de derecho tributario, uno de mis profesores avisó que había prueba al día siguiente. Yo me enojé porque encontraba que no podían poner prueba con un día de aviso, sobre todo para quienes trabajábamos y estudiábamos. Su respuesta fue simple: no estudie, no más. Y yo, bien chora, le respondí: me carga el derecho tributario, pero soy seca planchando camisas. Como diciéndole: si quiero no estudio y me dedico a esto. El profe me dijo: haga lo que quiera.

Mi carrera duró 3 años y cuando la terminé me fui a trabajar de procuradora para el Banco del Estado. Tenía que andar en tribunales todas las mañanas, viendo expedientes, entregando escritos, pidiendo oficios, cosas así. Una mañana me subí al ascensor y me encontré con este profesor que me había hecho clases de derecho tributario. Me dice: señorita Ulloa ¿qué anda haciendo por aquí, ya es abogado? Ahí le respondí: ¿Con qué plata?, si como procuradores pagan una mugre, no da ni para comer. Me quedó mirando y me dijo: ¿Se acuerda que me dijo que era buena para planchar camisas?; vaya a plancharme las camisas si le pagan muy poco aquí.

Yo creo que me lo tiró como talla, pero agarré papa, le pedí su número y lo llamé. Empecé yendo una vez a la semana, cobraba 25 mil pesos por media mañana. Salió otro amigo de él que también necesitaba. En eso estuve como 2 años.

Me matriculé, en marzo de 2011, en Derecho en la Iberoamericana. Pagaba mi mensualidad y vivía en un departamento estudio. Recién ahí pude postular al Crédito con Aval del Estado: me dieron un porcentaje que me cubrió un poco de la carrera.

Como ya había planchado harto cuando estudié técnico, esta vez seguir planchando hizo que me diera tendinitis crónica. Tuve que dejar de trabajar, si no podía terminar en operación. Intenté utilizar más la mano izquierda y no tanto la derecha, pero fue inútil. Pero en ningún minuto dejé de trabajar. Cuando me vino la tendinitis me quedé corta de lucas de nuevo y conseguí otra pega. Andaba la mañana trabajando de procuradora, en la tarde a la universidad y cuando salía me iba a de vuelta a hacer aseo a una oficina.

Terminé de estudiar en el 2015, hice mi práctica de la que salí evaluada con sobresaliente, aprobé el grado y juré. En lo único que pensaba ese día era: Esto se acabó, voy a ir a jurar y a dormir, sin sentimiento de culpa. No siento que mi vida haya sido una tortura. Sí hubo momentos difíciles y uno piensa que ha nadado mucho y que te vas a ahogar antes de llegar a la orilla, pero siempre recordé lo que me decía mi abuela: el destino lo cambias tú, así que llora menos y avanza más. Por eso no tengo problema en decir que pagué mi carrera de abogada planchando camisas.

Mandé a enmarcar mi título y llamé a mi papá para contarle que iba a llevárselo a él. Se emocionó, me dijo que lo iba a colgar al lado de la foto de mi mamá. Mientras planificaba mi viaje al sur, le dio una pancreatitis y murió. No llegué a dárselo nunca.

Derecho es una carrera cara, es una carrera elitista y sigue siendo para hombres. Aunque pueden estudiarla personas que no pertenecen a la elite, en la práctica igual uno se encuentra con gente prejuiciosa y discriminatoria. Ahora tengo una carrera técnica, una carrera profesional, dos postítulos y hace 4 años que yo no le pido pega a nadie: trabajo de independiente y no necesito andar demostrando nada a nadie.


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