La fecha clave es el 8 de diciembre de 2001. La noche de ese sábado Michael Peterson, un escritor de respetable éxito, llamó al 911 desde su casa en Durham, Carolina del Norte. “Mi esposa tuvo un accidente, todavía respira”, dijo al operador. “Se cayó por las escaleras. Todavía respira, por favor vengan”.

El cuerpo de Kathleen, su mujer durante los últimos 14 años, yacía en el hogar en una escena espantosa. “En un charco de sangre, tirada en el suelo, con la cabeza apoyada en el descanso de una escalera trasera”, consignó la policía. Costaba imaginar que su fallecimiento hubiera sido un simple accidente, como afirmó su marido por teléfono. La autopsia descubrió traumas y siete heridas que llevaron a concluir que inicialmente la mujer había sido golpeada hasta morir.

De acuerdo con lo que planteó durante el juicio que lo sindicaba como autor del homicidio, Michael Peterson explicó que había estado bebiendo una botella de vino junto a su esposa. Durante esa velada, sostuvo, ella además había ingerido Valium, lo que habría causado su caída en la escalera. Efectivamente, la policía halló una botella de vino y dos copas; sin embargo, las huellas dactilares de la mujer no se encontraron por ninguna parte y los exámenes arrojaron un bajo contenido de alcohol en su sangre.

Michael Peterson en The staircase. Foto: Netflix

Al (aparente) término del proceso judicial, en 2003, el escritor fue encontrado culpable de asesinato en primer grado y recibió la pena de cadena perpetua, pese a que su versión en todo momento fue que no había matado a su mujer. Pero este es caso que no admite cierres: en el giro definitivo de una trama alambicada y devastadora, Peterson desde 2017 goza de su libertad.

La historia completa se puede ver en los 13 capítulos de The staircase (Netflix), la serie documental del realizador francés Jean-Xavier de Lestrade, y ahora vuelve a la palestra con el estreno de una miniserie de ocho capítulos del mismo nombre, que cuenta con Colin Firth y Toni Collette en los roles principales. En la previa a su debut, este jueves 5 en HBO Max, revisamos otros pormenores del caso.

Un matrimonio casi normal

Separado de su primera esposa, Michael Peterson se mudó a vivir junto a Kathleen en 1987. Ella ya era madre de una joven, llamada Caitlin, pero además la pareja adoptó a dos niñas de un fallecido matrimonio amigo. La mujer trabajaba como ejecutiva de telecomunicaciones y él se desempeñaba como novelista e intentó sin éxito una carrera en la política local.

En 1999 el escritor intentó postularse como alcalde de Durhman, pero todo se fue el precipicio cuando se descubrió que había mentido al asegurar que, en reconocimiento a sus servicios en la guerra de Vietnam, había ganado una Estrella de Plata y una Estrella de Bronce. Un relato falso que reflotó cuando comenzó el juicio en su contra.

Durante ese periodo también se volvieron públicos otros antecedentes de su vida. La fiscalía expuso que la pareja sufría apreturas económicas y deudas, además de no tener sus impuestos al día. Eso sirvió para plantear como tesis que el novelista la había matado para cobrar un seguro que ascendería a US$ 1,8 millones.

Luego se instaló otra línea investigativa. Se supo que Michael mantenía comunicación con un prostituto de nombre Brad, quien luego, una vez citado a declarar, expuso que no había alcanzado a sellar un encuentro con el escritor. El escenario que se configuró fue que Kathleen había hallado los mensajes entre ambos y que habría encarado a su esposo, iniciando una discusión que terminó con su muerte.

Pero quizás la información más determinante vino desde Europa. Se reveló que durante los 80 el escritor vivió en las cercanías de Frankfurt, Alemania Occidental, junto a su primera esposa, Patricia. La pareja se volvió muy cercana a Elizabeth Ratliff, viuda y madre de dos niñas, que posteriormente, en 1984, fue encontrada muerta tras caerse de la escalera. La autopsia encontró heridas notablemente similares a las de Kathleen 17 años después. Otro dato: Michael adoptaría a esas dos jóvenes, que se transformarían en parte de la misma familia que luego formó con su segunda mujer.

Esa muerte –y presunto asesinato– se convirtió en evidencia clave en el caso que finalmente condenó al escritor a cadena perpetua. Aunque, a la larga, no alcanzó a cumplir una década privado de libertad.

En 2010 la Oficina de Investigaciones del Estado de Carolina del Norte fue acusada de prácticas cuestionables, en específico de parte de uno de los profesionales que testificó en contra de Peterson. A causa de esos cuestionamientos, el novelista fue liberado bajo fianza y quedó con arresto domiciliario, mientras se ordenó la realización de un nuevo juicio. Varias de las pruebas que antes parecían contundentes ahora estaban en duda, por lo que el proceso se dilató.

Finalmente, el hombre salió libre tras aplicar una declaración de culpabilidad de Alford, un recurso del sistema de Estados Unidos en que el acusado reconoce que las pruebas presentadas podrían llevar a que un juez o jurado lo declaren culpable más allá de toda duda razonable. De ese modo fue condenado a 86 meses, tiempo que ya había cumplido en prisión. Fuera de la cárcel, seguro se ha enterado del estreno de la primera ficción sobre su vida y el crimen de su esposa.