Los padres, madres y cuidadores actúan como modelos a seguir para sus hijos e hijas y pueden jugar un rol clave a la hora de traspasar hábitos y estilos de vida. Lo mismo sucede con la actividad física, según una investigación de la Universidad Autónoma de Chile aplicada a 100 jóvenes chilenos de entre 13 y 18 años que demostró que existe una relación directa entre el clima familiar deportivo –serie de comportamientos y actitudes más o menos positivas que padres y madres mantienen hacia el deporte y el ejercicio– y su nivel de actividad física.

Yeny Concha-Cisternas, académica de la carrera de Pedagogía en Educación Física de la Universidad Autónoma de Chile dice que lo que encontraron en esta investigación es que aquellos estudiantes que tienen un mejor clima familiar deportivo, es decir que más apoyo y estímulos de sus padres para realizar estas actividades; a quienes les hablan de deportes y sobre los beneficios que tiene, o quienes vienen de un núcleo familiar con mayor cultura deportiva, suelen practicar más actividad física en comparación con aquellos estudiantes a los que no se les inculca el deporte en sus casas. “Los niveles de actividad física en estudiantes del sistema educacional chileno son bajos en general, siendo la adolescencia una etapa crítica para el desarrollo de hábitos poco saludables”, agrega.

Según el estudio, son varias las medidas que se pueden tomar para fomentar la actividad física: facilitar el acceso a implementos deportivos, comentar deportes en familia y constatar la importancia de tener un buen estado físico.

Para el médico internista especializado en medicina deportiva, Luis Vergara, los padres y madres que tienen un mayor efecto sobre sus hijos en esta materia son los que se involucran de manera activa. “Lo ideal sería que no solo faciliten el acceso a la actividad física, sino también que ejecuten el ejercicio. El impacto y la influencia más positiva viene de quienes hacen ejercicio con sus hijos. Se muestra con actos que la vida activa es saludable. Los padres pueden hacer panoramas de este tipo, subir cerros, jugar en el parque, u otros ejemplos”, explica.

El estudio de la Universidad Autónoma destaca también que la dimensión que más efecto tiene en el interés de los jóvenes a realizar ejercicio es el apoyo. Esto no solo facilita el acceso de los adolescentes hacia este tipo de actividades, sino también incrementa la participación de ellos en diferentes entornos y agentes sociales, clave para tener un mayor bienestar psicológico y social. De hecho, según otra encuesta internacional realizada a fines de 2021 por UNICEF y Gallup entre niños y adultos de 21 países, un promedio de 1 de cada 5 jóvenes de entre 15 y 24 años dijo que a menudo se sentía deprimido o que tenía poco interés en realizar algún tipo de actividad.

“Eso es súper importante porque hoy sabemos que los niveles de actividad física de los adolescentes en el sistema educacional chileno ya eran bajos antes de la pandemia –sólo el 20% de los varones y el 9% de las mujeres cumplían con las recomendaciones de actividad física diaria, es decir 60 minutos de actividad moderada vigorosa, según la OMS–, después, por todas las restricciones de movilidad, disminuyeron mucho más. Por lo tanto, tener un fomento deportivo en el interior del hogar es necesario para que desarrollen este hábito”, dice Concha-Cisternas.

La experta destaca la cantidad de efectos positivos que reporta la práctica de actividad física en la adolescencia, como la disminución de aparición de enfermedades crónicas. “Es un factor protector para el desarrollo de muchas enfermedades y además mejora la calidad de vida”, explica. Pero también es clave para mejorar la salud mental. “Ayuda a las habilidades sociales; favorece el trabajo en equipo, el manejo de las frustraciones. Es una manera sana y saludable de manejar el estrés. Promueve la inclusión y las relación sociales e interpersonales”, agrega Vergara.