Cuando la psicóloga Karyl McBride comenzó a leer libros sobre el vínculo madre-hija, no podía evitar llorar. Estos textos le despertaban recuerdos de su pasado, en los que trataba de encontrar situaciones que le recordaran el apego y la cercanía con su mamá. Detalles como el perfume que usaba, el sonido de su voz o la temperatura de su piel cuando la abrazaba. Pero no llegó a ninguno. Así fue como se hizo consciente de esta carencia y se dio cuenta de que, en la literatura, al menos, no había nada escrito para hijas de mujeres no maternales.  "A pesar de que esta es una relación que muchas veces deja grandes heridas, no encontré ningún escrito que hablara de ello. Las niñas no odiaban a sus madres y la maternidad era mostrada como una institución sagrada en la mayoría de las culturas", escribió después en su texto "Mi mamá no me mima: Cómo superar las secuelas provocadas por una madre narcisista" (2018). Este fue un proyecto que desarrolló como una suerte de catarsis: un viaje emocional a su infancia, momento en el que se sintió despojada de cariño y absolutamente invisible.  "Hay madres tan necesitadas emocionalmente y tan ensimismadas que son incapaces de dar un amor incondicional y un apoyo emocional a sus hijas. Vi que las turbulentas relaciones de mi pacientes con sus madres, así como mis propias relaciones con la mía, estaban claramente conectadas con el narcisismo materno", reflexionó.

¿Cuáles son las dinámicas de la relación entre una hija y una madre narcisista?

Las niñas criadas por una madre narcisista sienten la falta de empatía y la inhabilidad de su progenitora de sintonizarse con su mundo emocional. No se sienten reconocidas, escuchadas o vistas. Ellas describen que son invisibles para sus padres. Y aunque en algunos casos no hacen conscientes estas situaciones, sí crecen con la sensación de que sus necesidades emocionales no son completadas por los mayores. Pueden tener techo sobre sus cabezas, ropa, comida, todas esas cosas físicas aseguradas, pero sus emociones no son escuchadas ni validadas. La madre narcisista no demuestra su afecto hacia su hija al menos que esta la ayude en algo. El cariño es una retribución, algo que se da como moneda de cambio. No es incondicional. Entonces crece toda su vida alrededor de las necesidades del otro, intentando hacer feliz a su mamá, sin espacio para auto-construirse.

¿Cuáles son las consecuencias que tiene en la vida cotidiana de una adulta haber crecido con una madre narcisista?

Como la niña no logró hacer feliz a su mamá, internaliza un mensaje negativo de "no soy lo suficientemente buena", entre otros mensajes de falta de empatía o amor como "nadie me puede querer", "me siento vacía", "no confío en mis propios sentimientos", "me paralizan las dudas". Después, las hijas de madres narcisistas gastan tiempo y energía tratando de obtener amor, atención y validación del resto, sin resultado. Esto les causa tristeza, rabia, angustia y decepción. La necesidad primordial de sentirse unida a alguien se interrumpe y deja esa cicatriz, porque cuando la confianza se ve afectada en la infancia, se vuelve difícil confiar en otros en la adultez. Además, hace que la persona sea vulnerable a atraer inconscientemente a otros narcisistas en su vida, pero ahora en la figura de amigos o amantes, porque es la forma de querer que conocen.  La niña, ya adulta, no confía en sí misma y crece siempre dudando. La falta de validación por quiénes son y por sus emociones hacen que se traten a sí mismas como fueron tratadas por la madre narcisista. Esto incluye que sean duras con ellas mismas y que no se den crédito por nada de lo que logran. Si la persona no se somete a un tratamiento y se hace cargo de su recuperación, el resultado es parecido a los síntomas por trastorno de estrés postraumático.

 ¿Cómo se explica a una madre narcisista?

El narcisismo resulta por el trauma de infancia. Y no distingue géneros. Porque son adultos que fueron víctimas de un hogar narcisista también. Crecen sin hacerlo consciente, sin trabajar en sí mismos, no son responsables de sus propios sentimientos o comportamientos y, por lo tanto, transmiten lo que llamo el "legado del amor distorsionado". Como especialista decidí profundizar sobre la relación hija-madre, pero también hay padres e hijos, del género masculino, que son narcisistas.

McBride hace énfasis en la relación madre-hija, porque las niñas, a diferencia de sus hermanos hombres, se enfrentan a una dinámica que ellos no: la madre narcisista ve en la hija una extensión, no como a alguien independiente, con identidad propia. Por esto presiona a la niña para que actúe y reaccione tal como lo haría ella. Y por efecto, cuando la hija no recibe validación desde su más temprana edad, aprende que no tiene trascendencia en el mundo y que sus esfuerzos no tienen ningún efecto.

"Hay muchos temas de adultos a los que no se debería exponer a los hijos. Hay que permitir que sean niños, que se centren en las cosas que les importan. No se les debería cargar con preocupaciones de los más grandes. Los padres narcisistas involucran a sus hijos prematuramente en el mundo adulto. Una madre narcisista que constantemente le confía a su hija las dificultades que tiene en su relación con su marido, por ejemplo, no comprende lo doloroso que esto puede ser para la niña. La hija sabe que comparte rasgos con su padre igual que con su madre; por ello, una niña pequeña, interpreta las críticas a su padre como críticas a ella misma", dice McBride.

¿Cómo se rompe con el legado narcisista?

Al trabajar con un adulto víctima de una relación parental narcisista, primero se deben reunir los antecedentes, identificar el problema, entenderlo a un nivel cognitivo. Procesar los sentimientos relacionados con esto: llorar, sentir y reprogramar los mensajes negativos heredados. El concepto clave es la aceptación. El adulto debe entender las limitaciones de su madre y darse permiso para llorar por ella. Separarse psicológicamente de su progenitora y empezar a construir una conciencia auténtica. Preguntarse cuáles son sus derechos, reconocer su autoestima, su capacidad para asumir compromisos y desarrollar una madre interior: convertirse en alguien que puede nutrirse, amarse y mimarse a sí mismo. Después puede comenzar a llevar una relación sana con la madre, identificar los propios rasgos narcisistas y negarse a transmitir ese legado. Todos pueden cambiar.

Sin embargo, aunque el panorama es alentador, no es un camino fácil: "La terapia se necesita en este proceso para que el paciente pueda sentirse validado y reconocido. Es difícil para los pacientes enjuiciar a sus madres por la culpa y el tabú que despierta este tema. Pero el perdón es algo interno que viene tras procesar el trauma de la niñez difícil. Eso sí, usualmente recomiendo a mis pacientes que eviten confrontar con la madre o padre narciso porque no se harán responsables y la discusión terminará por encasillar al hijo como alguien equivocado o loco".

¿Y cómo se evita ser una madre narcisista?

Con empatía. Si te emocionas con los sentimientos de otros, no eres narciso. Así de simple. La empatía es la antítesis al narcisismo. Y por lo tanto, esa es la mejor manera de acercarse a un hijo.