Las hembras de estornino expuestas a pequeñas dosis de antidepresivos atraen menos a los machos, que les dedican menos cantos en el cortejo, según un estudio elaborado a lo largo de tres años por científicos británicos.

Los estorninos machos cantaban menos y eran más agresivos con las hembras a las que se les había administrado pequeñas dosis del antidepresivo fluoxetina, comúnmente conocido como Prozac, constataron investigadores de la Universidad de York.

Los científicos creen que el estudio -que se publicará en la revista Chemosphere- demuestra que estos cambios en el comportamiento podrían poner en riesgo la pervivencia de los pájaros canores.

Los resultados más visibles del estudio de los estorninos emergieron después de emparejar durante dos días a los varones con una hembra que había sido expuesta a bajas dosis de Prozac, con cambios típicos en su comportamiento.

"Los machos cantaban más del doble a las hembras no tratadas que a aquellas que habían estado recibiendo dosis bajas" del antidepresivo, explicó Sophia Whitlock, investigadora del proyecto.

Además, los varones eran más propensos a perseguir, picotear o arañar a las hembras expuestas al Prozac.

"Nuestros hallazgos sugieren que la exposición a un antidepresivo redujo el atractivo femenino", escribieron los autores del estudio.

Este informe "es la primera evidencia de que las bajas concentraciones de un antidepresivo pueden perjudicar el cortejo de los pájaros canores", dijo Kathryn Arnold, del departamento de medio ambiente de la Universidad de York.

"Es importante porque los animales que son lentos para encontrar una pareja no se reproducirán", alertó.

"Con muchas poblaciones silvestres en declive, tenemos que preguntarnos si no se podría hacer más para eliminar los contaminantes químicos como productos farmacéuticos de nuestras aguas residuales", añadió.

Los sistemas fluviales de todo el mundo circulan con residuos de medicamentos que perjudican el medio ambiente, según la conferencia de la Unión de Geociencias Europea celebrada en abril en Viena.

Si las tendencias persisten, la cantidad de residuos farmacéuticos que acabará en vías fluviales podría aumentar dos tercios antes de 2050, se menciona en la cita.