¿Cuánto y cómo afectará a los niños y niñas de todo el mundo la falta de clases presenciales durante la pandemia? Es la pregunta que angustia e inquieta a educadores, gobiernos, padres y expertos en todo el planeta, por la inédita experiencia global de cierres masivos de escuelas y cambio a la educación remota, sin transición.

Stephen Fraser, experto australiano que ha dedicado gran parte de su trayectoria a la educación, está intentando construir respuestas basadas en evidencia. Después de trabajar muchos años en el sistema educacional de su país, tanto como asesor del Ministerio de Educación como en el diseño de políticas de mejoramiento educativo, hoy dirige la Education Endowment Foundation, EEF, una de las ONG más importantes del mundo en educación y, especialmente, respecto del estudio de las brechas educativas entre niños y niñas relacionadas a su distinto nivel socioeconómico. Su trabajo se concentra en establecer esas diferencias, medirlas, y luego desarrollar propuestas -basadas en evidencia y testeos- que rompan el link entre el ingreso de la familia y el desempeño académico. También buscan ampliar el impacto de esos hallazgos a través de alianzas en distintas partes del mundo. De hecho, el EEF es parte del Programa de Equidad en educación de la Fundación BHP, un programa internacional que en el 2020 desarrolló en Chile la Red de Educación Digital, junto a varias organizaciones de la sociedad civil, como Enseña Chile, ComunidadMujer o Kodea, entre otras.

Desde Londres, donde vive, y vía Zoom, conversó con Tendencias de La Tercera sobre cómo están calculando los efectos de la pandemia en las brechas y desigualdades en educación y qué se puede hacer para mitigar ese impacto.

“El impacto en la educación, especialmente de los niños menos favorecidos, será enorme: se sentirá por muchos años. A menos que se tomen medidas drásticas y se destinen recursos para que se puedan poner al día. Hace mucho que el mundo no había vivido algo como esto. Entonces, necesitamos mirar otras situaciones (similares) para modelar y anticipar cuáles podrían ser las consecuencias”

Créditos: Carola Vargas

-¿Cuáles situaciones pueden analizarse en ese sentido?

-El ejemplo más obvio es el impacto en la enseñanza del cierre de los colegios durante las vacaciones normales. En todo el mundo, los colegios se cierran por vacaciones o por Navidad y fin de año, y podemos utilizar lo que les pasa a los niños en esos periodos para anticipar qué puede pasar cuando no tienen acceso a la escuela. Alrededor del mundo se llama usualmente “la pérdida de enseñanza del verano”. Y sucede por la diferencia que existe entre los recursos de los niños más aventajados en casa, comparado con los que vienen de hogares menos aventajados.

-¿En qué exactamente se expresa esa división?

-Acceso a libros, acceso a los padres, poder estar en la casa tranquilo haciendo actividades, y también el acceso a lo que llamamos capital cultural, la experiencia de poder hacer un viaje, ir a la playa o al campo, todas esas experiencias que los niños con más ventajas tienen y los otros no. Pues todo aquello son oportunidades de aprendizaje, oportunidades de experimentar algo diferente. Entonces ahí vemos -cuando los niños no están en el colegio- las divisiones que hay entre los dos grupos. Y es exactamente lo que hemos hecho para modelar lo que puede pasar (con la situación del coronavirus). Así como también otras circunstancias, como cuando los niños se ausentan por enfermedad, y las brechas que se producen ahí cuando ellos no van y sus pares siguen aprendiendo, y también tenemos alguna cantidad limitada de evidencia obtenida de desastres naturales y eventos climáticos extremos. Con todo eso, creamos modelos para anticipar qué puede significar esto.

-¿Y qué proyectan?

-El peor escenario es que la brecha entre los niños más aventajados y los que no lo son escale al 75%. El mejor escenario es que sea del 11%, y la mediana es del 36%. Ese tipo de brecha es muy grande. Tomará esfuerzo sostenido y masivo para poder ponerse al día.

-¿Las brechas que se experimentan en educación por el coronavirus están relacionadas con el acceso a la tecnología, u otros factores, como la presencia de los padres en la educación?

-Una mezcla de todo lo anterior. La escuela puede ser uno de los grandes niveladores de la sociedad. Los niños, cuando están en el colegio, pueden tener acceso a los mismos recursos en la sala de clase, a los libros, excursiones, todas las experiencias. Si sacas al colegio de la ecuación, de pronto te enfrentas a toda la inequidad social que existe dentro de los hogares. Distinto nivel educacional de los padres, acceso a libros, música, acceso a internet, computadores, desayunos y comidas, espacios acogedores y seguros para hacer las tareas, todas esas cosas que son distintas. Todas las inequidades están más presentes en el ambiente del hogar que en el de la escuela. Y no es por falta de cuidado o preocupación: los padres de niños de ambientes desaventajados se preocupan igual de sus hijos que los otros padres, pero no tienen los mismos recursos para apoyar su aprendizaje.

-En ese sentido,¿cree que las medidas que se tomaron al principio de la pandemia de cerrar las escuelas completamente no fueron tan apropiadas, viendo los resultados en términos de brechas?

-No diría eso, porque el imperativo de la salud pública debe venir primero. Mantener a las personas seguras y evitar la expansión del virus debe ser la prioridad durante una pandemia. Pero creo que una vez que esos aspectos están lo más bajo control posible, entonces el siguiente imperativo es que los niños vuelvan al colegio lo más rápido posible, o proveer oportunidades de aprendizaje remoto que no aumenten las diferencias entre los niños. Muchos gobiernos a lo largo del mundo muy rápidamente se movieron para dar acceso a internet o computadores, u otros mecanismos. Muchos países en África subsahariana, por ejemplo, acudieron a la radio para poder hacer clases. La idea de al menos hacer la educación de calidad accesible para cada niño en el aprendizaje en la casa, es una medida correcta, pero que los niños vuelvan a la escuela lo más rápido posible debe ser la siguiente medida correcta.

-En Europa, en la segunda ola, muchos colegios no cerraron.

-Fue ciertamente el caso en muchos países europeos. Así fue en Inglaterra; Alemania ha tratado de que estén en la escuela lo más rápido posible, pero a veces han tenido que cerrar cuando el virus se ha expandido en ciertas partes del país.

-En Chile, el Colegio de Profesores y muchos padres se han opuesto a reabrir.

-Aún no sabemos lo suficiente de las consecuencias de salud de mantener las escuelas abiertas. Y la resistencia de la que hablas de parte de profesores y padres existe bastante también acá, porque temen contagiarse. Muchas escuelas han abierto pero la asistencia ha sido mucho más baja. Es muy complejo.

-¿Cuáles son las condiciones necesarias para la reapertura?

-Diría que las escuelas deberían estar abiertas siempre que sea posible, debido al impacto positivo de la escolarización para los alumnos más desfavorecidos, pero tener escuelas abiertas no debería ser a expensas de la salud y seguridad públicas. En cuanto a las condiciones necesarias para reabrir escuelas, estas son decisiones difíciles de tomar para los gobiernos y, lamentablemente, no tenemos pruebas sólidas que los orienten. Creo que hemos visto que el virus es impredecible y que incluso con las vacunas, tendremos que seguir ajustando la forma en que vivimos con el virus. Esto incluirá la forma en que operan las escuelas y cómo nos aseguramos de que los estudiantes, los maestros y la comunidad en general se mantengan seguros.

Créditos: Carola Vargas

-En Chile hay un gran debate hoy pues el gobierno quiere reabrir el 1 de marzo, con los profesores vacunados con una dosis de vacuna, y el Colegio no está de acuerdo. ¿Qué opina?

-Yo diría que las escuelas pueden estar abiertas si los estudiantes y los maestros se sienten seguros. No tiene mucho sentido abrir escuelas si la gente no se siente segura y si los maestros no asisten o los padres no envían a sus hijos a la escuela. Pero si, siguiendo el consejo de los profesionales de la salud, teniendo la primera dosis de la vacuna, junto con el protocolo adecuado y el distanciamiento social, puede significar que las escuelas puedan abrirse de manera segura, entonces podemos estar seguros de que el aprendizaje presencial será mejor para los estudiantes más desfavorecidos.

LA CLAVE, EL PROFESOR

-Ustedes han establecido que el factor más relevante en el proceso educativo son los profesores, incluso más que la tecnología u otros factores…

-Es exactamente así. Y creo que es una de las partes de nuestro trabajo más motivantes para la profesión de enseñar. Por muchos años, ha existido la idea de que la tecnología de alguna manera reemplazaría a la enseñanza. El acceso a internet, la búsqueda tan fácil de conocimiento, daban la idea que de alguna manera los profesores serían reemplazados por la tecnología. Y nuestro trabajo ha encontrado lo opuesto a eso. Los niños no aprenden solos, requieren una secuencia para aprender, el desarrollo del conocimiento. Y eso requiere estructura y un profesor experto, trabajando con una clase, observando, corrigiendo las concepciones erradas en el desarrollo de los niños, interviniendo apropiadamente. Esa intervención puede ser a través de instrucciones directas o a través de colaboraciones entre pares. Aprender tiende a ser una construcción social, donde los niños aprenden mejor cuando están junto a sus pares que cuando están solos. Entonces, el papel de los profesores de orquestar el aprendizaje dentro del ambiente de una sala de clase es extremadamente importante. Y es un trabajo muy complejo y difícil. Requiere que el profesor tenga una gran comprensión de la materia que enseña, y cómo un tópico se relaciona con otro, y a la vez, también debe tener un sólido conocimiento pedagógico, de cómo los niños aprenden. Deben ser expertos en más de una manera de enseñar, para que puedan intentar diferentes aproximaciones y métodos para ver qué funciona con cada niño. Cuando se describe así el trabajo de un profesor, se puede ver claramente que tener al frente una app o internet no llega ni de cerca a ese nivel de complejidad, como la interacción entre un adulto y un niño.

-Si el rol del profesor es tan relevante, ¿por qué en Chile y otros países el valor de su trabajo no es reconocido lo suficiente? Sus salarios son bajos, sus jornadas muy cansadoras, muchas veces en condiciones precarias.

-Es una pregunta fantástica y ojalá conociera la respuesta. Pienso que la pandemia posiblemente le esté mostrando a la sociedad el valor de los profesores, y la manera de cómo ellos se han arreglado para responder y ser adaptativos y flexibles. Espero que represente un punto de inflexión en la manera de cómo las sociedades -y, en particular, los gobiernos- ven el rol de la profesión de los profesores. Las consecuencias de la pandemia en la educación de los niños tendrá efectos profundos en la brecha creciente entre niños aventajados y los que no lo son, y eso es un gran problema para el próximo año o dos. Pero cinco o diez años más, las consecuencias económicas de esta brecha todavía podrán sentirse. Y eso es algo a lo que los gobiernos le darán cada vez más atención. Entonces, deben responder a esta crisis ahora, asegurándose de que esas brechas no se abran aún más. Y eso requiere inversión.

-¿Inversión en qué, exactamente?

-En el conocimiento y destrezas de los profesores, en reclutar más personas para el profesorado, pero si no se hace ahora, las sociedades y economías estarán pagando esas consecuencias por los años que vienen. Espero que la manera como han respondido los profesores haya abierto los ojos a la sociedad y el gobierno a la necesidad de invertir en los profesores, dado el impacto que tiene su rol.

-En Chile estamos ad portas de escribir una nueva Constitución, y garantizar la educación de calidad como un derecho social efectivo es uno de los temas clave. ¿Cómo puede hacerse?

-Una cosa es escribir esto en una Constitución y otra, implementarla. Y es la diferencia entre la igualdad y la equidad. Lo primero es que todos tengan lo mismo, y lo segundo, la equidad, es que todos obtengan el mismo resultado. Y para lograr esto último necesitamos pagar más por ciertas cosas. Si un niño, por ejemplo, está en un ambiente rural, donde es difícil encontrar profesores, habrá que pagar salarios más altos para atraer a los mejores candidatos por esos cargos. Así se trabaja en equidad de resultados más que en igualdad de recursos.