Como ya está anunciado, el futuro gobernador metropolitano hará su gestión desde el edificio del Gobierno Regional ubicado en calle Bandera, compartiéndolo con el Consejo Regional (CORE). Sin embargo, la resolución ha causado polémica: hay quienes protestan que un cargo de esta envergadura debería estar situado en el actual edificio de la Intendencia”. Así dice parte del texto de una noticia publicada en este mismo diario hace pocos días.

Para algunos, puede parecer una discusión superflua. Pero para quienes venimos hablando hace años acerca de la necesidad que tienen las grandes conurbaciones de Chile -especialmente la Región Metropolitana con sus 52 comunas y sus más de siete millones de habitantes- de una autoridad metropolitana, de un liderazgo que esté por sobre los alcaldes, de algo que se parezca a esa alcaldía mayor que tienen las ciudades más exitosas en cuanto a repartir los beneficios y costos de manera justa y racional, para todos aquellos que creemos en la importancia de este cargo y de su tremendo potencial, sí es relevante lo simbólico así como lo más concreto: las atribuciones con las que debutará este cargo luego de las elecciones de abril

Por primera vez elegiremos al gobernador regional de manera democrática y, además, el cargo durará cuatro años, sin que esta nueva figura pueda ser removida por el dedo abajo del presidente de turno. Eso es un tremendo logro. Aunque, claro, seguirá habiendo una especie de intendente que ahora pasará a llamarse Delegado Provincial, elegido por el Presidente y que podrá ser reemplazado en cualquier momento. Un chaparrón que, no cabe duda, intentará hacerle la vida difícil al gobernador regional.

Pero sigamos en la senda de lo positivo. Es un primer gran triunfo que se haya logrado llevar adelante el proceso para que exista esta elección. Eran muchos los que, sin decirlo públicamente, boicotearon de todas las formas posibles el hecho de que se pudiera crear este nuevo cargo. Le temen al poder del nuevo gobernador, especialmente al de la RM, que tendrá muchos votos, no podrá ser removido y podría transformarse automáticamente en un candidato presidencial, si hace bien la pega, claro. Pero momento. El cargo de gobernador regional nace modesto en cuanto a atribuciones y presupuesto. Sólo un 10% del dinero que se destina a las ciudades desde el Estado quedará en sus manos. El resto seguirá en ministerios y organismos centralizados. Será un proceso lento, tal como sucedió con los alcaldes una vez terminada la dictadura, para ir avanzando en cuanto a sus capacidades y el tamaño de la billetera. De hecho, ese tendrá que ser su principal rol en las primeras administraciones: lograr más facultades para así ampliar el tamaño de sus logros. Por eso, preocupa ver a candidatos al cargo de la Región Metropolitana prometiendo oro. Ejemplo: “Hay comunas de la RM que están muy arriba porque tienen parques y plazas de alto nivel, pero hay otras comunas en donde no hay nada. Eso lo vamos a corregir”, dice una candidata, que también promete sacar a los narcos de los barrios. Parece mucho más asertivo, en cambio, leer a otra candidata que dice que “una de las primeras medidas que tomaremos será solicitar atribuciones al Serviu, porque nuestra prioridad son las y los vecinos del gran Santiago”. Eso es. Hay que pedir, llorar, hacer lobby, usar la experiencia política (hay candidatos que tienen muñeca y experiencia para lograrlo) para aumentar el peso del buque llamado Gobernador Regional.

Luego vendrán las promesas con base, con asidero.

Y por eso, volviendo al punto inicial, no es un detalle el lugar físico, el espacio arquitectónico, el hito ciudadano donde empezará a funcionar este cargo. En el caso de Santiago, y por supuesto que también en regiones, un edificio con historia, con prestancia, incluso con belleza patrimonial, con carácter, con una ubicación musculosa en cuanto a su cercanía con el poder (el edificio de la Intendencia Metropolitana está a metros de La Moneda, en plena Plaza de la Constitución) le darán una imagen, un aspecto de fortaleza a una institución que nace golpeada por tanto intento de sabotearla.

Hay que llorar desde ahora, desde antes de abril, gritar a los cuatro vientos que, cuanta más importancia simbólica se le dé a este nuevo cargo, más rápido y más factible será conseguir que tengamos una verdadera autoridad metropolitana. La necesitamos. Y la merecemos.