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Actualizado el 27/04/2014
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Las trabas que impiden que momias de Chinchorro sean Patrimonio de la Humanidad

Autor: Paulina Sepúlveda.

Tras seis años de negociaciones, el Estado no ha podido comprar terrenos de sitios arqueológicos, requisito para la postulación.

A mayor complejidad social, mayor sofisticación en los ritos funerarios. Es la premisa científica que se da, por ejemplo, en la cultura Egipcia, que momificaba a sus muertos.

Pero la cultura Chinchorro, que habitó el norte del país (ver infografía) no conformó un gran Estado, sino bandas de pescadores de unos 30 individuos. Pero su complejidad cultural, y no social, explican que también desarrollaran una rica técnica funeraria que incluye las momias más antiguas del mundo. “Practicaron de manera ininterrumpida, por 4.500 años, técnicas de momificación. La más antigua evidencia es de 7.000 años”, dice Sergio Medina, antropólogo de la U. de Tarapacá.

“El tratamiento de los cuerpos revela un complejo conocimiento de anatomía, un rasgo único y excepcional”, dice Vivian Standen, antropóloga de la U. de Tarapacá.

Son los primeros ejemplos conocidos del mundo de momificación artificial, dice a La Tercera Gary Urton, experto de la U. de Harvard. “Son la primera instancia de una larga tradición de momificación en América del Sur”, agrega.

Precisamente por esta excepcionalidad una iniciativa impulsada en 2007 por la U. de Tarapacá, busca que sean declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Para lograrlo, se debe elaborar un expediente donde se fundamenten las razones y la forma en que preservará el sitio, trabajo que coordina Medina. El proceso de postulación aún no comienza, explica. La confección del expediente se inició en 2008. En 2010 se realizó un seminario internacional donde se certificó el valor de Chinchorro. “La carpeta tiene 80% de avance. El 20% restante es el estatus jurídico de los sitios en que están los vestigios más antiguos, Camarones 14, en el valle de Camarones, y Morro 1, en Arica. Ambos terrenos son privados. El primero, de la empresa Ariztía y el otro, de Econssa”, dice Medina. Precisamente la propiedad de los terrenos traba la postulación. Unesco exige que si no se trata de un terreno fiscal, al menos se garantice el acceso del Estado a su manejo y conservación.

Hasta ahora, las negociaciones para comprar los terrenos se han extendido por más de seis años. Fuentes ligadas a la tratativas señalan que el principal escollo es el precio. Ariztía estaría exigiendo 20 veces más por hectárea de lo que el Estado chileno está dispuesto a pagar.

“Hay que tratar que el Estado haga permutas, pero es complejo. Hay muchos sitios en peligro”, dice Bernardo Arriaza, director del Instituto de Alta Investigación de la U. de Tarapacá.

Víctor Osorio, ministro de Bienes Nacionales, admite que la permuta por otro terreno fiscal es una alternativa en este caso. “Entiendo que hubo un proceso de diálogo en el anterior gobierno de Michelle Bachelet, pero no llegaron a buen puerto”.

Más fructíferas han sido las negociaciones con Econssa. Gabriel Caldes, gerente general, dice que ya accedieron a permutar el terreno. Según el ejecutivo, sólo resta firmar el contrato que se encuentra en la Contraloría General.

En Ariztía, también reconocen voluntad de acuerdo. “Es la posición que hemos tenido por años. Por el cambio de gobierno recién esperamos reunirnos para consensuar caminos”, dice Clemente Cerda, gerente general de Arica.

Pese a todo, Osorio es optimista. “Confío en que en los privados prevalecerá el sentido de responsabilidad social y van acceder a los intereses de todo el país”.

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