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Opinión
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Actualizado el 08/01/2017
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Lo mínimo que se puede ofrecer

Autor: Ricardo Hepp

JAVIER DARÍO Restrepo, autor del libro “El zumbido y el moscardón”, y experto consultor en temas de ética periodística, sostiene que en esta materia “nadie es juez de nadie, salvo de uno mismo, porque solo uno sabe las motivaciones y circunstancias de sus acciones”. De allí que un consultorio de ética periodística sea, finalmente, tan solo una guía de opciones y recomendaciones para que cada quien tome la que considere como mejor decisión.

Lo anterior, a raíz de la consulta del lector Joaquín Velasco P., que pregunta si los frecuentes errores de ortografía o de redacción pueden ser considerados como faltas a la ética profesional.

Existen códigos de ética que incluyen normas al respecto, lo mismo que sobre el deber de hacer un buen uso del idioma. La ética periodística impone el deber de buscar la excelencia en el ejercicio profesional y es entendible que mal puede hablarse de excelencia periodística en trabajos con errores de ortografía o con una sintaxis defectuosa. Si un profesional desconoce o descuida su instrumento de trabajo -que es la palabra en todas sus formas- implica un ejercicio de mala calidad.

Comparto con Restrepo que la pérdida de credibilidad en algunos diarios puede estar relacionada con los descuidos y errores de redacción y sintaxis, porque un manejo correcto del idioma es lo mínimo que se le puede ofrecer a los lectores.

La palabra del año

El palabra “populismo”, originalmente neutra, se fue cargando de connotaciones hasta convertirse en un arma en el debate político. Días atrás, la fundación del Español Urgente, cercana a la Academia (RAE), la consagró como “palabra del año de 2016”. Tanto en Chile, como en otros países hispanoamericanos, el término “populismo” se ha situado en el centro del debate político y, desde el punto de vista lingüístico, parece vivir un proceso de ampliación y de cambio de significado, con connotaciones a menudo negativas.

La fundación ha detectado que en los medios de comunicación se está imponiendo una visión peyorativa del término, que se aplica a políticos de todas las ideologías, que tienen en común la apelación emotiva al ciudadano con la oferta de soluciones simples, y poco fundadas, a problemas reales y complejos.

Si buscamos la voz en el diccionario académico, “populismo” es la “tendencia política que dice defender los intereses y aspiraciones del pueblo”. Es una definición bastante neutra, aunque los diccionarios de uso adviertan hoy, a renglón seguido, que su sentido suele ser despectivo.

Pero, no siempre fue así. La Academia de la Lengua registró la palabra “populista” por primera vez en 1936 como “perteneciente o relativo al pueblo”. Pero con los años, la voz se fue cargando de connotación peyorativa. Así, algunos movimientos políticos que tratan de identificarse con los intereses del pueblo, o buscan el apoyo de las masas más allá de las instituciones tradicionales, reciben hoy el calificativo de “populistas”.

Es un término que está en evolución y hasta en disputa, y su verdadero sentido depende del contexto informativo y de quién lo use.

De allí su designación como “palabra del año de 2016”. Y quizá, a fuerza de hacer que signifique una cosa o la otra, termine no significando nada…

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