El cambio de argumento de Bolivia en el juicio contra Chile en La Haya

La Paz enarboló primero el derecho al mar y luego exigió una negociación obligatoria con Chile. Ayer, sus abogados invocaron la Carta de la ONU y aludieron, más que al derecho internacional, a la justicia de su causa. Chile acusó a Bolivia de tergiversar la historia.


Los abogados que litigan por Bolivia fueron los primeros en llegar. Lo hicieron el lunes casi 40 minutos antes de que se diera inicio al primer día de alegatos de la fase oral del juicio en el que ese país busca que la Corte Internacional de Justicia obligue a Chile a negociar una salida soberana al mar, cuando aún reinaba la tranquilidad en el Palacio de La Paz, sede del máximo tribunal de La Haya.

Se bajaron en completo silencio de la van que los trasladó desde el Hotel Marriot, donde en el piso 9 la delegación boliviana ha montado una suerte de centro de operaciones, y entraron inmediatamente al salón que el tribunal destina para los demandantes, sin hacer declaraciones. Apenas un tímido “mar para Bolivia”, con el puño en alto, esbozó el abogado iraní Payam Akhavan, antes de desaparecer.

Poco después, el ingreso de una comitiva de tres automóviles, escoltados por seis policías holandeses en motocicletas, anunció la llegada al tribunal del Presidente Evo Morales. De inmediato, las medidas de seguridad y de protocolo, que suelen ser estrictas, se agudizaron en extremo. Nadie que no fuera parte de las delegaciones oficiales podía transitar por los pasillos entre el hall central y el pasillo a la sala de audiencia por donde caminan los magistrados, autoridades y abogados. El paso de la delegación boliviana, además, fue largo. En total, 45 personas -14 más que Chile- acreditó Bolivia para asistir al juicio.

Las expectativas sobre la forma en que Bolivia plantearía su caso eran altas. En los días previos, el equipo de la defensa chilena había dibujado múltiples escenarios. Y aunque algunos se acercaron en parte a lo que ocurrió, lo que presentaron los abogados, al menos en esta primera jornada, tuvo a los menos dos giros inesperados. Ambos se produjeron casi al final de esta primera audiencia, cuando el abogado británico Vaughman Lowe, considerado uno de los más experimentados del equipo boliviano, planteó a la corte: “Bolivia aduce que, además de la conducta que ha seguido Chile a lo largo de un siglo, el deber de negociar surge como cuestión general de derecho internacional, y como se estipula específicamente en las cartas de Naciones Unidas y de la OEA, todos los estados tienen la obligación de negociar en cuestiones de importancia vital que los estados vecinos les presente de manera oficial”.

Según Lowe, por el solo hecho de ser un Estado miembro de esos organismos surge “una obligación legal de negociar” sustancial y que “requiere más que de un cumplimiento superficial”. Para ahondar, el representante británico de Bolivia exhibió el párrafo 3 del artículo 2 de la carta fundante de Naciones Unidas, el que señala que los “miembros de la organización resolverán sus controversias por medios pacíficos de modo tal que no se ponga en peligro ni la paz, ni la seguridad, ni la justicia”; principios vinculantes que también estarían contenidos de manera similar en la carta de la OEA y en el Pacto de Bogotá.

Es allí, según el nuevo razonamiento boliviano, donde surgiría la obligación legal de Chile de negociar una salida al mar, además de los numerosos compromisos que adquirió Chile a lo largo de la historia. Es un tema de justicia y no de legalidad resolver las disputas de manera pacífica a través de negociaciones, remarcó Lowe, junto con señalar que “no es suficiente que un Estado diga que no tiene una obligación legal”. Bolivia argumentó que este principio es superior al estatuto de la corte, que fija que el tribunal resolverá conforme a derecho.

Con esto, Bolivia ajusta nuevamente su pretensión. En su memoria, La Paz reclamó un derecho preexistente a una salida soberana al mar. En ese primer documento, menciona en siete oportunidades el concepto del “derecho al mar”. Esto implicaba, en la práctica, que la obligación de negociar tenía por objeto obtener un resultado predeterminado: un acceso soberano al mar. Sin embargo, el tribunal desechó ambos temas en 2015, durante el fallo de objeción preliminar planteado por Chile.

Antes de que esto ocurriera y precisamente para evitar que la demanda pudiera ser considerada una manera oculta de modificar el Tratado de 1904, como alegaba Chile, Bolivia dejó de apuntar a un derecho preexistente en su réplica.

Ahora, señalan asesores de la delegación chilena, Lowe bajó aún más la expectativa de lo que Bolivia está solicitando a la corte, y que no sería otra cosa que se obligue a Chile a negociar por el solo hecho de lo que estipula la carta de Naciones Unidas y otros organismos.

Incluso, Bolivia alentó a la corte a aplicar la justicia y no el derecho internacional, lo que podría tener consecuencias sobre otras controversias de larga data, dijo Lowe, mencionando específicamente el caso de Palestina y el de Argentina con el Reino Unido por las islas Malvinas.

“Bolivia simplemente pide que Chile regrese a esta mesa de negociación de buena fe”, dijo el lunes el agente paceño Eduardo Rodríguez Veltzé al presentar el caso. El ex mandatario boliviano fue el primero en exponer, antes de dar paso a los alegatos de los abogados que siguieron una línea argumentativa que iba en función de lo que Lowe terminaría por exponer. “Chile prometió a Bolivia un acceso al mar” en numerosas ocasiones y ha “incumplido esa promesa”, añadió. “El caso ante esta corte representa una oportunidad histórica para reiniciar el diálogo constructivo”, dijo.

Serían los abogados Payam Akhavan y Monique Chemillier-Gendreau los que tomarían la posta para hacer una extensa reseña histórica de esas ocasiones en las que Chile planteó la voluntad de negociar con Bolivia, sin ahondar en ninguna de ellas. El tono de la abogada francesa fue, por momentos, irónico, a veces agresivo. Su rol principal era impactar a algunos jueces en términos de sensibilidad.

Algo en esa línea había esbozado Rodríguez Veltzé, cuando remarcó el daño económico y el retraso social que provocó a Bolivia la pérdida de su litoral. Pero Chemillier-Gendreau, a diferencia del agente, lo hizo en duros términos en contra de Chile, al que acusó de un “afán invasor”.

El uso de recursos con un sentido más sentimental quedó en evidencia cuando el abogado Akhavan, al hablar del acuerdo de Charaña, exhibió un mapa del “pequeño” corredor que Chile les ofrecía en comparación al enorme litoral que poseía Chile; o también cuando el abogado iraní habló de “injusticia histórica” que debe ser reparada, y que este tema pendiente “será una fuente de conflicto continua si es que no se resuelve”.

El segundo giro importante en la argumentación boliviana también ocurrió en el alegato de Lowe, cuando el abogado británico por primera vez en lo que va de la demanda señaló que la obligación de negociar de buena fe plantea condiciones a las dos partes y que Bolivia también deberá atender los intereses de Chile.

El cambio en la estrategia boliviana fue cuestionado por el canciller chileno, Roberto Ampuero. “Hay que tener mucho cuidado cuando a un tribunal se le pide que legisle no según la ley, sino principalmente lo que es la justicia, porque eso puede permitir decisiones que se aparten de lo que es el derecho internacional”, dijo.

Ampuero criticó que Bolivia argumentara que en la zona norte de Chile se viviera una situación de alta tensión con Bolivia, “la que no se ajusta a la realidad”. A su vez, el agente de Chile, Claudio Grossman, calificó de “tergiversación histórica y jurídica” parte del relato expuesto por Bolivia. “El relato histórico fue claramente tendencioso y erróneo”, señaló respecto de la causa de la guerra del Pacífico expuestas por Chemillier-Greandeu. “Esa tergiversación histórica nosotros jurídicamente la vamos a responder. No vamos a dejar pasar esta tergiversación histórica que ha hecho Bolivia”, remarcó el agente.

Hoy volverá a alegar Bolivia. Partirá el abogado Antonio Remiro Brotons. Y luego seguirá la inglesa Amy Sanders, quien ha trabajado estrechamente con Lowe, por lo que se presume que se explayará en las resoluciones de la OEA sobre el tema marítimo. Cerrarán las segunda jornada de alegatos Akhavan y el francés Mathias Forteau.

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