Patrick deWitt, escritor canadiense: “No he tenido un televisor en quince años”

Patrick deWitt ® Dan Monick

El autor acaba de publicar en nuestro país Despedida a la francesa, a través de la editorial Anagrama. En sus páginas, en tono de comedia, aborda la vida de una familia adinerada compuesta por madre e hijo, Frances y Malcolm, quienes, arruinados deben emprender otro comienzo en Paris. En charla con Culto, el autor se refiere a la novela y la influencia que en ella tuvo el formato sitcom. "Como la mayoría de mi generación, crecí inmerso en el entretenimiento televisado más bajo, y alguna región enterrada de mi estética es muy pro-risa".



La vida de la familia que conforman Frances Price y su treintón hijo Malcolm, que consiste en derrochar dinero como agua entre los dedos, lujosos hoteles y viajes por todo el orbe, en un momento llega inesperadamente a su fin. Están sin ni un mango en los bolsillos, y deben empezar desde cero. Algo que nunca habían tenido que hacer.

En una salida desesperada, Frances y Malcolm toman un trasatlántico y se embarcan rumbo a Paris, la ciudad luz, con la idea de reencauzar su acomodada vida. Los acompaña su gato, pequeño Frank, quien en rigor es un receptáculo canino de su difunto marido. Pero Frances esconde una decisión ya tomada sobre su futuro.

Usando muchos recursos de comedia, Despedida a la francesa es una ágil y entretenida novela y es lo nuevo del escritor canadiense Patrick deWitt y acaba de llegar a nuestro país vía Anagrama. El oriundo de Isla de Vancouver, en el Pacífico, es autor de cuatro novelas: Abluciones: apuntes para una novela (2009), Los hermanos sisters (2011, adaptada al cine por Jacques Audiard), El submayordomo Minor (2015) y la ya mencionada. En castellano ha sido publicado por la casa catalana y ha sido finalista del Premio Man Booker.

DeWitt reside actualmente en Oregon, y desde ahí responde las preguntas de Culto.

¿Cómo surgió la idea de esta historia?

Comenzó con la voz y carácter de Frances Price, quien llegó como ella misma al comienzo de la redacción del libro, lo cual fue afortunado y útil. Luego estaba Malcolm, con lo que Frances tenía a alguien con quien hablar. Una vez que esas dos voces estuvieron en su lugar, el resto de la historia se armó más o menos en secuencia.

Gran parte de la novela es bastante divertida e incluso cómica, con personajes algo excéntricos como Frances, Malcolm, Madame Reynard, Madeleine. ¿Cómo crear este tipo de personajes sin caer en la caricatura?

Cuando leí esta pregunta pensé: ¿Pero creo que sucumbí a la caricatura? Para estar seguro, busqué la palabra en el diccionario: una imagen o descripción en la que las peculiaridades de una persona o cosa son tan exageradas que parecen grotescas o ridículas. Entonces, sí, definitivamente lo hice! Me avergüenzo, supongo, pero, parafraseando una vieja canción de soul, si dedicarse a la caricatura está mal, no quiero tener razón.

A veces esta novela es como una sitcom, ¿pensaste en ese formato mientras escribías?

No puedo decir que lo hiciera, pero, como la mayoría de mi generación, crecí inmerso en el entretenimiento televisado más bajo, y alguna región enterrada de mi estética es muy pro-risa. No he tenido un televisor en quince años, pero mi exposición fue tan pronunciada en mi juventud que es imposible pensar que no me hayan corrompido en el nivel básico.

¿Algún libro o autor que se te haya pasado por la cabeza mientras escribía esta novela?

Sí, por supuesto. Mientras escribía el libro, leí o releí (o releí) a Muriel Spark, Natalia Ginzburg, Jean Rhys, Thomas Bernhard, Nancy Mitford, Jane Bowles y A Nest of Ninnies de John Ashbery y James Schuyler.

¿Qué opinas de la posibilidad de llegar a lectores de habla hispana?

¡Me gusta poder llegar a ellos! Y me alegro de volver a trabajar con Anagrama. De alguna manera nunca he estado en España, pero me gustaría intentarlo este año que viene.

El libro se lee como una crítica oculta a la sociedad consumista. ¿Crees en una forma de vida austera?

Bueno, me alegra que la gente lea las novelas de la forma que desee, pero nunca usaría mi trabajo para criticar algo tan difícil de manejar y fundamental como el consumismo. Sería como criticar el clima, un gesto inútil. Mi trabajo es un largo estudio de los comportamientos humanos, con las realidades políticas tan al margen como puedo dejarlas. Abordar los males de nuestra sociedad es el trabajo de otra persona. Mi objetivo es más pequeño, más pequeño, más austero, ¡sí!

¿Conoces algo de literatura chilena?

Muy poco, lamentablemente, más allá de Bolaño. Ahora me siento mal conmigo mismo. En mi miserable defensa diré que recientemente he visto y admirado varias películas del director chileno Sebastián Silva, pero estoy lamentablemente atrasado en términos de su literatura.

¿Que viene ahora?

Estoy trabajando en otra novela. El libro describe la historia de la vida de un bibliotecario profesional: agárrense. Además, al comienzo de la pandemia comencé a escribir poesía por primera vez en más de veinte años, y eso se ha convertido en parte de mi práctica. El sueño es que yo mismo sacaré un librito de 40 poemas, pero no me sorprendería en lo más mínimo si resultara que soy demasiado vago para terminar con esto.

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