La nueva visita de Metallica a Chile -agendada para el 27 de abril en el Estadio Nacional- sigue atravesando por momentos críticos. Entre hoy y mañana la productora DG Medios -encargados de la cita- deberá tomar una decisión en torno al destino del espectáculo, luego que el pasado fin de semana el Instituto Nacional del Deporte (IND) declarara que de forma definitiva no cederá el coliseo de Ñuñoa, justificándose en los atrasos de los trabajos en las inmediaciones del recinto.

Por ahora, se sigue insistiendo con el estadio de Ñuñoa como el único espacio pertinente para congregar a 62 mil personas, número de boletos ya despachados para el espectáculo desde su fecha original en 2020, ya que otros sitios capitalinos o están ocupados en esa misma fecha o poseen condiciones técnicas menos favorables para un encuentro de tipo multitudinario.

Por consecuencia, el caso Metallica retrata también otro escenario: la falta de lugares que existen en Santiago para albergar eventos masivos en condiciones plenas.

performs on Lands End stage during the 2017 Outside Lands Music And Arts Festival at Golden Gate Park on August 12, 2017 in San Francisco, California.

El festival Lollapalooza fue otro ejemplo hace algunos meses. Luego que sus organizadores decidieran mudarse desde el Parque O’ Higgins al Parque Bicentenario de Cerrillos por conflictos con la Municipalidad de Santiago, la cita se desarrolló sin mayores inconvenientes, salvo por los problemas en las estrechas vías de escape que complicaron la salida de los asistentes y la falta de áreas verdes que acusaron algunos espectadores.

En el caso de Metallica, ante una negativa por parte del IND que se arrastra desde el 7 de marzo, la planificación giró de inmediato hacia el Estadio Monumental. Pero ese mismo día está ocupado para el partido de Colo Colo con River Plate por la Copa Libertadores. O sea, los estadios de fútbol tienen una condicionante para ser cedidos para un show: dependen también de las fechas agendadas para los encuentros deportivos.

Otra alternativa natural es el Club Hípico. Ahí mismo ya se presentó el cuarteto en 2010. Pero el recinto de calle Blanco Encalada presenta un aspecto de relevancia: la presencia de caballos impide que se utilice en algunos lapsos del día. De hecho, hay momentos en que no se pueden realizar montajes de escenario o que no se pueden emitir ruidos muy fuertes -como los de una prueba de sonido- para no molestar a los animales.

En ese caso, el Club Hípico es un reducto con singularidades específicas que hoy lo tienen sólo como una alternativa en caso de que no se puedan utilizar los estadios.

FOTO: LUCAS ALVARADO/ LA TERCERA

Además, tanto el Club Hípico como el Parque Bicentenario, son reductos que deben ser “adaptados” para un recital, instalando graderías y estructuras mecano que repliquen la distribución de localidades de un estadio, lo que muchas veces -según puntualizan desde la industria- es muy difícil, debido a la forma que possen esos sitios.

A propósito de estadios, tales recintos -aparte del Nacional y el Monumental- tienen capacidades mucho más acotadas y no podrían recibir recitales con más de 60 mil fans convocados. San Carlos de Apoquindo, Bicentenario de La Florida o Santa Laura exhiben aforos que rondan como promedio entre 20 mil a 25 mil personas espectadores.

Sucedió con la cantante Dua Lipa para su espectáculo del 16 de septiembre en La Florida. Como el Nacional ya estaba tomado con otros eventos, la fecha de la artista sólo pudo agendarse el estadio de la comuna del sector sur de la capital. La locura por conseguir boletos -se agotaron en 15 minutos- demostró que el interés era mucho mayor a la capacidad total del lugar y que perfectamente podría presentarse en un recinto más amplio, en caso que hubiera habido alguno habilitado para esos días.

Dua Lipa. REUTERS/Maria Alejandra Cardona

Mauricio Fonseca, ingeniero en prevencio de riesgo que trabaja para distintas productoras en el país, dice que hoy en la capital hay sólo dos recintos para más de 10 mil personas que están pensando netamente en los espectáculos: el Movistar Arena y el Espacio Riesco. Además, este último tiene zonas donde sólo se permite gente de pie. El resto de lugares hay que adaptarlos, acomodarlos y trabajarlos para que puedan recibir un show.

“Hoy no tenemos un recinto con capacidad suficiente para albergar una banda como Metallica en Chile”, puntualiza Fonseca. Luego sigue: “No hay ningún lugar que se parezca al Estadio Nacional. Es el único con características para una banda de estándar internacional. Tiene excelente accesibilidad, está cerca del metro, está situado en el centro de la ciudad sin generar demasiado impacto en el lugar, es muy amaigable, tiene locomoción colectiva... Chile ha crecido en centros deportivos que se pueden habilitar para conciertos, pero no en espacios que puedan estar consagrados netamente a los espectáculos”.

En otras ciudades del mundo, los estadios de fútbol también se usan con frecuenca para espectáculos multitudinarios, como sucede con el estadio de River Plate en Buenos Aires o el Morumbí de Sao Paulo. También pasa en Nueva York y en capitales europeas. Pero ahí, dicen desde la industria de los shows nacionales, la variedad es mayor y hay arenas con capacidades superiores, que bordean las 20 mil personas, y que permiten por ejemplo que una megabanda toque varias noches en un lugar techado antes de depender de una sola fecha en un estadio.

Jorge Ramírez, gerente general de la Asociación Gremial de Empresas Productoras de Entretenimiento y Cultura (AGEPEC), asegura que en general el estado no ha facilitado las condiciones para construir reductos dedicados a la música.

“El estado tiene una deuda con el espectáculo desde hace cinco décadas. Ha sido capaz de construir recintos deportivos, pero nada para la cultura y los espectáculos, pese a que en algún momento se habló de remodelar el court central o de hacer un arena en el sector del velódromo. Se han construido muchos estadios para el fútbol, pero no se ha tenido la misma vara para la música y los shows. Se han hecho teatros, lo que es un buen deseo, pero con un mal desenlace: se vuelven caprichos de un alcalde de turno y con programaciones que muchas veces dependen de otros factores. Es encomiable, pero no es rentable. Mientras sigamos así, vamos a seguir dependiendo de estadios que son del estado y que están sujetos a externalidades que no responden a los espectáculos”.

Jorge Toro, productor independiente y responsable del próximo show de La Renga en el Movistar Arena, ha ocupado lugares como la Pista Atlética del Estadio Nacional para algunos de sus recitales. Ahora dice: “Nuestra experiencia con recintos de alta convocatoria, siempre ha habido una necesidad de coordinación, hay que entender las otras actividades que se realizan. En el caso del Estadio Nacional, siempre se nos han topado con actividades deportivas de carácter comunal o de carácter público, ya sea un entrenamiento de ciclismo, una actividad paralímpica, una actividad de atletismo, y así puedo nombrar varias más que siempre están en las fechas en que reservaste el recinto, así que sí o si tienes que coordinarte con ellos, o bien, no puedes realizar el evento porque esas otras actividades tienen prioridad. No digo que eso esté mal, pero siempre los eventos conviven con eso y quedan en esta tercera fila, eso limita que los eventos culturales se puedan programar con tanta libertad. A veces tenemos todos los permisos y los acuerdos con los recintos, pero siempre hay cláusulas que, a la menor situación de este carácter, tenemos que adecuarnos nosotros”.

Ramírez recuerda algunos intentos que han existido en los últimos años por levantar espacios en la capital que vengan a compensar la excesiva dependencia del Nacional o el Movistar Arena. Por ejemplo, en 2013 se anunció un arena frente a Espacio Riesco, el que tendría capacidad para 12 mil butacas y estaría asociado a una marca de consumo masivo. El Grupo Barter, ligado a Jorge Bas, y el ex gerente del domo del Parque O”Higgins, Jaime Solar, crearon la empresa administradora de recintos IADR, la que estaba detrás del proyecto.

Sin embargo, por diversos problemas estructurales y de ubicación, la iniciativa nunca se concretó. Quedó en nada.

La falta de reductos idóneos para recibir grandes shows le jugó una mala pasada al país hace más de una década, cuando AC/DC agendó fechas en Sudamérica a fines de 2009. En el caso local, sólo querían tocar en el Nacional, único lugar que encontraban adecuado para montar la infraestructura de su puesta en escena.

Pero el estadio justo en esa etapa entró en fase de remodelación hasta 2010 y no se pudo ocupar. No hubo más alternativas. Los hombres de Thunderstruck finalmente desistieron de pasar por la capital.

Sigue leyendo en Culto: