Tan impredecible como el curso de un balón de fútbol es la carrera de Simón Elissetche (41). Desde siempre supo que su pasión era este deporte, pero consciente de que no sería jugador profesional, decidió que estudiaría Educación Física. La pelota, sin embargo, tomaría rumbo imprevisto. "Quedé en la UCV, pero justo ese año se formó el INAF y forme parte de la primera generación de técnicos, lo que siempre quise", recuerda.

Luego de un par de años con el club Litoral, de Maitencillo, además de las selecciones menores de Cabildo, su tierra putativa, y un paso fugaz por las juveniles de Everton, vino otro inaudito viraje: partió al Kendari Utama, de Indonesia, como ayudante de otro egresado del INAF. El bote del balón fue largo esta vez; en el inmenso y poblado país insular estuvo una temporada completa. Dejó algunos contactos y volvió a Sudamérica para seguir perfeccionándose. "Me fui a Argentina para un curso de técnico de dos años, además de empaparme de un fútbol y de una idiosincrasia que siempre me atrajo", dice.

De regreso a Chile, sin embargo, no halló espacio en el deporte. "Me fui como fiscalizador en una empresa de pescados y frutas en Estados Unidos, pero no aguante mucho, porque el bichito del fútbol era muy fuerte", explica. Así, a pesar que tenía futuro en la compañía, buscó su futuro junto a una cancha.

En pleno 2011, se las arreglaba trabajando para la Municipalidad de Cabildo y con un emprendimiento de gas licuado. Su pasión, no obstante, hizo que vendiera todo, comprara un pasaje solo de ida a Indonesia y partiera con una maleta repleta de ilusión. Al llegar, formó una escuela de fútbol hasta que dirigió al Bireuen, de Segunda División. Y lo hizo bien, salvando al club de un descenso inminente.

Desde ahí vivió en una montaña rusa, con clubes de tercera, segunda y primera división. Tuvo altibajos, despidos, buenas campañas, problemas organizativos (la FIFA suspendió a Indonesia por más de un año) y hasta dirigió prácticas en la arena por carecer de canchas.

Hasta el año pasado, cuando se le presentó la chance de la selección de Timor Oriental, con la que consiguió el segundo triunfo internacional del minúsculo país. "Jugamos un cuadrangular en Taiwán y les ganamos a los filipinos, primeros del sudeste asiático en el ranking FIFA y tenían siete nacionalizados. Nosotros estábamos últimos y solo con timorenses", sostiene (en la foto, celebrando la victoria).

"A pesar de que existieron y existen problemas, me di cuenta de que todos trabajamos por acercar a los dos países. Como chileno siempre fui bien recibido en ambos territorios", relata Elissetche. No es un dato menor para una nación que vivió dos independencias: en 1975, de Portugal, y en 2002, de Indonesia, tras un cruento conflicto, con miles de muertos en un país que no alcanza los dos millones de habitantes del tamaño de la Región Metropolitana. Timor Oriental, por cierto, es de habla portuguesa y católico; Indonesia, en cambio, tiene el bahasa como idioma principal y es predominantemente islámica.

La historia de Elissetche en el exterior se cierra en el Aceh United, de la Segunda División, que representa a una ciudad azotada por terremotos y tsunamis, con una devastación casi total. Allí permaneció hasta que el club cambió de dueño y, de rebote otra vez, de técnico.

Hoy, en Chile, Elissetche espera refrendar todo lo aprendido. La pasión permanece; la ocasión, falta.