UNIVERSIDAD DE CHILE 2 - EVERTON 0

U. de Chile: J. Herrera 4; R. Echeverría 4, C. Vilches 3, R. Vaz 5, M. Rodríguez 4; Y. Leiva 4, R. Caroca 4, D. Pizarro 4 (29', G. Espinoza 4), F. Arancibia 4 (59', J. Beausejour 4); N. Guerra 4 (65', S. Ubilla 4), Á. Henríquez 6. DT: F. Kudelka 5.

Everton: C. Toselli 3; C. Rodríguez 4, M. Velásquez 4, C. Suárez 3, D. Zúñiga 4; B. Rivera 4, D. Orellana 4 (69', M. Leiva 4), Á. Madrid 4 (75', Á. Ramos 4); J. Cuevas 5, P. Rubio 3, Ó. Salinas 3 (54', P. Sánchez 4). DT: J. Torrente 4.

Goles: 1-0, 18', Henríquez, de autoritario cabezazo tras una buena asistencia de Arancibia; 2-0, 74', Henríquez anota de disparo cruzado luego de una gran acción individual.

Árbitro: Á. Hermosilla 5. Amonestó a Rodríguez y Beausejour (U) y a Rivera y Velásquez (E).

Estadio Nacional. Asistieron 17.201 personas.

Universidad de Chile quiere pelea. Otra cosa es que le alcance el calendario para darla, pero lo cierto es que el conjunto de Kudelka es hoy, gracias a su sólido y mínimamente lucido triunfo sobre Everton, el cuarto clasificado del torneo, a siete puntos de la UC y a solo uno de la fase previa de la Libertadores. Everton, aplastado por Henríquez, vuelve a complicarse la vida.

Apenas un cuarto de hora le duró al necesitado Everton la revolucionada determinación con la que saltó al césped del Estadio Nacional. Patricio Rubio (aclamado, por cierto, en su regreso a la que fuera su casa) y ávido por presentar sus credenciales para volver, remató a la madera en su primer contacto con la pelota. Se habían consumido solo dos minutos de juego.

Pero el intimidante arranque del conjunto viñamarino terminó por quedarse tan solo en eso, en una amenaza, especialmente porque la U (incapaz de llevar la iniciativa, pero los suficientemente ordenada y sosegada como para no sufrir en exceso) consiguió abrir la cuenta en la primera acción medianamente pulcra y bien hilvanada que presentó el encuentro.

Matías Rodríguez (de serio partido) cabalgó por la izquierda y se apoyó en Arancibia, que puso una pelota perfecta al corazón del área para que Henríquez la enviara al fondo de las mallas con un gran cabezazo picado. El gesto técnico del ariete, que hacía más de dos meses que no veía portería, fue probablemente lo mejor (por no decir lo único) que dejó el primer tiempo.

Un primer tiempo que el conjunto azul, con ventaja en el marcador, no tardó demasiado en conseguir llevar a su terreno, alargando las posesiones y empezando a jugar con las urgencias de su rival, que se diluyó con el devenir de los minutos. La perseverante obstinación de Cuevas, omnipresente y movedizo por todo el frente de ataque de la escuadra Oro y Cielo, no bastó a los pupilos de Torrente, que abusaron en exceso del juego aéreo a la hora de construir sus acometidas sobre el arco de Johnny Herrera. Con Pizarro teniendo que dejar su sitio sobre el césped a Espinoza por unas molestias musculares antes de la media hora de partido, con un disparo de Zúñiga que se marchó alto por muy poco y con Rafael Vaz achicando por arriba cada pelota que se atrevía a surcar el cielo de Ñuñoa, se alcanzó el entretiempo.

El complemento no alteró en demasía el trámite del duelo. Ingresó Beausejour, de larga y padecida ausencia, y eso sí que fue noticia. También el segundo gol de Ángelo Henríquez, a los 74 minutos, una maravilla. Un carrerón de 40 metros con la pelota conducida ante una maraña de defensores rubricada con una definición perfecta, de remate cruzado, imposible para Toselli.

Es cierto que el ex Dínamo de Zagreb no ve portería con toda la facilidad ni la frecuencia que se le supone a un ariete de su trayectoria, pero si la U sigue hoy en la pelea (y si Everton continúa hoy metido en apuros) es por Henríquez.

Los goles del delantero resolvieron en el Nacional en favor del cuadro estudiantil un encuentro alarmantemente plano, revistiéndolo además de contundencia. Y eso, a falta de cuatro fechas para el final del campeonato, ya es algo. Todo, además, a cuanto puede aferrarse el equipo de Kudelka.