La gran esperanza de la noche era Carlos Díaz. El fondista, que consiguió la marca para participar en los 5.000 metros de Lima a dos semanas de que se cerraran las inscripciones, comenzó a encender las aspiraciones de medallas nacionales. Y consiguió el bronce, con 13.54"43, alejado apenas del campeón, el mexicano Daniel Martínez (13.53"87)

En su espalda cargaba con el bronce de Víctor Aravena en la misma prueba, obtenido en los pasados Juegos. Y aunque él no lo veía como una revancha, sí sabía que el podio era su opción. Por eso es que desde el principio salió a atacar las medallas. Tomó la punta desde la primera vuelta, aunque ya en la tercera decidió escoltar al local José Luis Rojas.

Era el todo o nada para Díaz, que además llegó superando una lesión en la ingle. Por eso es que decidió hacer una carrera inteligente, de ritmo regular, pero nunca dejando el podio a un lado. La emoción fue total para los pocos chilenos que llegaron a alentar a sus atletas en la primera jornada de la prueba. Aunque Díaz corrió con el público en contra, su cara reflejaba la tranquilidad necesaria para aguantar las cuatro vueltas que le quedaban.

E instalado en el grupo de privilegio, todo fue más sencillo para Díaz. En las dos últimas vueltas aparecieron los favoritos, para poner el dramatismo en la carrera más emocionante en la noche de apertura del atletismo. Pareció que Díaz quedaba atrás, pero no. Zancada tras zancada, se llevó al límite para cumplir su promesa. Vino aquí a buscar el podio en una prueba que no es su favorita y no iba a claudicar en ello.

En la última ronda, cuando comenzaron los remates, Díaz no se dejó amedrentar. La emoción fue total, tan gigante que el público se puso de pie para recibir en la meta a los corredores. Y allí quería estar él. Quería sentir los aplausos. Necesitaba ese envión del que se hizo adicto en los Cochabamba, por eso no renunció.

Fue tan emotivo su remate que fue imposible no recordarlo y compararlo con el de Víctor Aravena en Toronto. Es la especialidad chilena: aguantar y rematar. Así viven los 5.000 metros los chilenos.

Por ahora, el atletismo ya le entregó un bronce al Team Chile. Y Díaz aún va por más. El jueves, a las 17.55, vivirá su prueba fundamental, los 1.500 metros. Allí confía incluso en colgarse el oro, para comenzar de una vez por todas a reescribir la historia del fondismo chileno.

Nulo, nulo, nulo

Nunca le había ocurrido. En su corta carrera, Claudio Romero, el campeón Mundial Junior en Kenia, jamás había sufrido un triple nulo como el de ayer. Ni en torneos escolares ni nacionales. Ni sudamericanos ni panamericanos específicos. Ayer, todo fue negro para el extrovertido discóbolo, que enfrentado ante los mejores del continente y el mundo, no pudo mostrar su verdadero potencial.

No fue el único. Sufriendo por el resbaladizo foso, el norteamericano Brian Williams también le pesó. El campeón fue el jamaicano Fredrick Dacres.

Otra que sufrió bastante fue Caterine Ibargüen. La colombiana, campeona olímpica, mundial y bicampeona panamericana en triple salto, apenas alcanzó los 6.54 metros, lejana a la campeona, Chantel Malone, de Islas Vírgenes (6.68 metros). Macarena Reyes apenas saltó tres veces. Fue 13ª con solo 6.14.