Uno de los desafíos más grandes que tienen los Cóndores es enfrentar la exigencia de este nivel con sus vidas privadas, ya que el rugby no es un deporte profesional en Chile. El capitán Felipe Brangier así lo refleja: "Ése es un bonito problema, porque es un deporte que está tocando las puertas del profesionalismo, pero todavía falta". Este es el dilema que viven hoy los seleccionados, por lo que eldeportivo se acercó a hablar con algunos de ellos para saber cómo resolverán el entuerto: un Mundial en el horizonte, Hong Kong en el calendario para la primera semana de abril y el Sudamericano de Bolivia entre mayo y junio. La selección nacional de rugby siete se replantea cómo afrontará este 2018.

El capitán es quien más tiempo lleva en la selección. Es ingeniero comercial y trabaja en Santiago, por lo que su agenda cambia en 180°. "En este momento estoy feliz por la clasificación, pero la verdad es que aún no sé cómo lo voy a hacer", afirma mientras intenta asimilar que Chile ya tiene su boleto asegurado para San Francisco, quien contrasta su caso con el de Franco Velarde, que juega a nivel profesional en Barcelona.

En tanto, Ignacio Silva trabaja en una empresa familiar, por lo que cuenta con la libertad de entregar más tiempo al deporte. "Tengo el apoyo de mi familia, que es mi principal auspiciador. Gracias a ellos puedo compatibilizar mi vida con el deporte", comenta.

Martín Verschae tiene un restorán con un socio y desde ahí intenta equilibrarlo con el rugby. "Me la paso entre el restorán y Santiago, voy y vengo para entrenar. Estoy a full, pero cuando se acercan las competencias me centro más en el rugby", afirma.

Distinto es el escenario para Francisco Urroz, quien estudia medicina en la Universidad de Chile y acaba de terminar quinto año. "Prefiero tomarme este año para dedicarme por completo al rugby y luego volver a hacer el internado", dice el 10 de la selección. Julio Blanc, que estudia ingeniería comercial, decidió cambiarse de universidad, ya que su antigua casa de estudios no lo apoyaba. "Este año voy a tomar menos ramos, para poder continuar con el rugby. Pero no pienso congelar por nada del mundo, porque subirme al ritmo del estudio después va a ser complicado", dice.

Los Cóndores tendrán estas dos semanas de vacaciones para luego volver a compatibilizar la vida personal con el deporte. "Pusimos a Chile en el Mundial y ahora con todo el compromiso vamos a enfrentar lo que se viene", cierra Brangier.