Columna de Romina Cannoni: Los JJ.OO. más esperados

Foto: AP



Por Romina Cannoni, editora MT La Tercera y ex seleccionada nacional de natación.

Finalmente, la llama olímpica arde en el antiguo Estadio Nacional en Shinjuku, donde se llevó a cabo la inauguración de los JJ.OO. de Tokio. Y la encargada de encender el pebetero fue la tenista japonesa Naomi Osaka, cerrando unas de las ceremonias más increíbles y emotivas que se hayan visto en las últimas décadas.

A pesar de la ausencia de público; de que las delegaciones tuvieron que presentar un número reducido de participantes en el desfile; de las estrictas medidas sanitarias; y de que hasta hace solo unos días la certeza de la realización de la máxima cita deportiva del orbe pendió de un hilo, las cuatro horas de la ceremonia fueron, de principio a fin, un torbellino de emociones, en unos Juegos Olímpicos que pasarán a la historia.

¿Por qué pasarán a la historia? Primero, porque se debió postergar en un año su realización debido a la pandemia, lo que significó una tremenda incertidumbre entre los atletas, los mismos que debieron entrenar en sus casas, encerrados, sin técnico y muchas veces sin los implementos adecuados. Eso trajo consigo una igualdad nunca vista y donde los valores del olimpismo debieron salir a relucir en todo su esplendor en quienes hoy se encuentran en Tokio.

Segundo, pasarán la historia como los juegos con mayor paridad de género, con un 48,8% de participación femenina según los cálculos del COI, lo que supondrá el mayor número de mujeres deportistas en la historia de las olimpiadas modernas.

Tercero, la cita de Tokio se convertirá en los JJ.OO. más caros de la historia (el presupuesto inicial era de US$ 12.600 millones, pero producto del retraso ya suma US$ 15.400 millones), quedando por encima de Londres 2012 y solo superado por los Juegos de Invierno de Sochi (Rusia) de 2014, que costaron US$ 21.890 millones.

Cuarto, será el primer evento olímpico que no contemple público en las tribunas, en ninguna competencia. Quinto, porque serán, por lejos, los con mayor repercusión mediática y superarán ampliamente a los de Río 2016, que tuvieron una audiencia cercana a los 3.000 millones.

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