Banco Central

Economistas plantean que Banco Central compre deuda de empresas para enfrentar la crisis



Por Rolf Lüders, economista

La estabilidad macroeconómica es una de las condiciones necesarias para el crecimiento económico, y este último es un requisito para alcanzar el desarrollo. En esta materia Chile no tiene una buena historia, salvo durante la última década del siglo XX y los comienzos del actual. Es en este breve período en que se conjugó un grado razonable de disciplina fiscal con una excelente política monetaria, estrechamente vinculada a la autonomía del Banco Central.

La inflación chilena es probablemente la más larga del mundo contemporáneo. Data de 1879 y se prolongó por unos 110 años, hasta comienzos de la época de la Concertación (Tom Davis, 1963). La inflación se originó cuando Chile abandonó la banca libre, que permitía a los bancos comerciales emitir libremente billetes, pero los obligaba a convertirlos en oro. El abandono de esta convertibilidad se produjo cuando el gobierno de Chile requirió de recursos para financiar la Guerra del Pacífico y decidió endeudarse en el mercado local en vez de recurrir a tributación.

Durante esos 110 años de inestabilidad financiera -en que las tasas de inflación fueron muy variables y llegaron a superar el 500 por ciento anual- Chile experimentó agudos problemas de balanza de pagos y severas distorsiones de precios. Estas últimas deben haber retardado nuestro desarrollo y fueron mayores mientras más elevados fueran los aumentos de precios y mientras más pronunciadas fueron sus fijaciones. (Cerda y Lüders, 2011).

Tanto así, que desde mediados del siglo XX y hasta los años 80, en Chile el debate público en materia económica se centró en la inflación y sus consecuencias. Finalmente, la inflación se controló, pero solo después de haber aplicado disciplina fiscal, prohibido al Banco Central emitir en favor del Fisco, y aplicado políticas monetarias apropiadas por parte de un Banco Central técnico y constitucionalmente autónomo.

El Banco Central de Chile se creó recién en 1925 y fue evolucionando desde un banco controlado por un directorio representativo de diversos sectores, incluyendo el sector público, a -en los años 60- un banco manejado para todos los efectos prácticos exclusivamente por el Estado. En vista de que la inflación seguía siendo un problema mayor y considerando la experiencia internacional, el gobierno propuso darle autonomía, la que finalmente se materializó en 1989.

El orden macroeconómico es un bien público importante que requiere disciplina fiscal y monetaria. En Chile -como en muchos otros países- la autonomía del Banco Central, complementada con una clara definición de objetivos además de ciertas normas, como aquellas referentes a la composición de su directorio y las reglas de coordinación con el Ministerio de Hacienda, ha sido decisiva en lograr la estabilidad de precios (Céspedes y Valdés, 2006).

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