Columna de Cristóbal Bywaters: Política exterior: mirar el bosque, no los árboles



Por Cristóbal Bywaters, director ejecutivo de Nueva Política Exterior

A seis meses de iniciado el gobierno, el balance de la política exterior es mucho más promisorio que lo que el incesante debate podría sugerir.

Como evidencia, la intensa agenda del Presidente y la Canciller en Naciones Unidas, se ha reparado con creces el daño reputacional heredado del gobierno anterior. El primer Mandatario es respetado y el país tiene un rol activo en importantes discusiones multilaterales. Ello es fruto, entre otras cosas, de la coordinación entre el Edificio Carrera, el segundo piso y la Misión en Nueva York.

Chile también realiza esfuerzos para superar la fragmentación de América Latina. A ello apuntó, por ejemplo, la participación en la LX Cumbre del Mercosur. Se han retomado las confianzas políticas con Argentina, existe sintonía con Colombia y se ha dado continuidad al diálogo de alto nivel con Bolivia. Qué tipo de integración queremos y cómo abordaremos colectivamente la cuestión migratoria aguardan respuesta.

El gobierno apostó por el recambio generacional en la política exterior. No es un cambio porque sí. Es clave para el futuro del país que la adecuada interpretación de sus intereses no recaiga exclusivamente en una brillante generación de internacionalistas, a cuyos hombros vamos. Se requiere más diálogo intergeneracional.

Acompaña a la Canciller un nuevo equipo calificado para su labor. Pese a las excepciones poco decorosas del complejo camino del relevo, un elenco paritario de rostros nuevos, conocidos y por conocer nos representa en el exterior. No obstante, la vacancia en embajadas claves requiere impostergable acción.

En política internacional no hay otra opción que actuar con estatura de Estado. El reciente encuentro con el embajador de Israel fortalece al Presidente.

Lo mismo ocurre con la modernización del acuerdo con la UE o el CPTPP. Los réditos internos que puede traer el dilatar aún más nuestro ingreso a este último deben ser sopesados con los eventuales costos en credibilidad internacional de ese enfoque. De esa credibilidad dependerá, en parte, la aceptación de las side letters. El aporte de la Subrei a la reactivación económica será medular en lo sucesivo.

Pero el repertorio del gobierno va más allá que tal o cual acuerdo. Al anclarse en el acervo diplomático nacional, la política exterior feminista y la diplomacia turquesa pueden aportar al sello distintivo y transformador que se busca. Sin descuidar las agendas tradicionales, pueden adquirir mayor protagonismo.

Una lección del fracaso de la Convención Constitucional es que el progresismo no puede renunciar a interpretar al país en su conjunto. Por su naturaleza nacional, la política exterior puede aportar a reencauzar el rumbo y renovar nuestra propuesta al país.

En lo inmediato, se requiere mayor prolijidad y fortalecer las prácticas de colaboración en política exterior en el oficialismo y con la oposición. En contrapartida, es preciso reducir la altisonancia de la discusión.

La “política de Estado” es una idea demasiado poderosa como para prescindir de ella.

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