Columna de María Jaraquemada: Corrupción con cara de mujer

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Por María Jaraquemada, directora ejecutiva de Chile Transparente

Con la discusión y deliberación del borrador de nueva Constitución se ha puesto en el tapete distintos temas relacionados con el género, tal como la paridad y la justicia con perspectiva de género. En el mundo de la lucha contra la corrupción, esta perspectiva también está presente y, de hecho, Transparencia Internacional lo ha tomado como una de sus prioridades y banderas de lucha.

Pero, ¿puede realmente la corrupción afectar de modo diverso o más a las mujeres? Es un hecho que la corrupción afecta de mayor modo a las personas más vulnerables y pobres. Cuando los recursos públicos se desvían y no llegan a programas sociales o hay que pagar sobornos por ellos, las mujeres se ven más afectadas, porque en proporción son más pobres, reciben menores remuneraciones, tienen menos acceso a servicios financieros y además son principalmente las sostenedoras de los hogares.

Además, hay un tipo particular de corrupción -la sextorsión- que afecta mayoritariamente a mujeres, ya sea para conseguir un trabajo, un ascenso, una hora al médico, acceso a servicios públicos a cambio de “favores” sexuales. Estos hechos en muchos países no tienen una mayor sanción y, por su particularidad, hay aún más dificultades de que las mujeres quieran levantar la voz y denunciarlos.

Por otra parte, hay ya algunos estudios; por ejemplo, de Transparencia Colombia, que alertan sobre que las mujeres denuncian menos la corrupción que los hombres, ya sea por temor, por discriminación en contra de ellas o por estereotipos de conductas. Esto invisibiliza la corrupción que sufren y además dificulta su detección y sanción. Por esto, los canales de denuncia deben considerar estos impedimentos para revertir estas barreras.

Finalmente, hay otra variante sobre corrupción y género que se ha intentado responder varias veces: ¿son las mujeres menos corruptas que los hombres? Algunos estudios han sugerido que sí, ya que en algunas encuestas mostrarían menos tolerancia a la corrupción o países donde hay mayor equidad de género en su participación política son menos corruptos. Sin embargo, en el segundo caso, no necesariamente lo primero es causa de lo segundo y más bien puede deberse a que países con mayor desarrollo humano y socioeconómico, instituciones y Estado de Derecho más fuerte -y además más equitativos- suelen ser menos corruptos (¿cuál es el huevo y la gallina en esta ecuación?).

Probablemente, en nuestro país aún no podamos llegar a conclusiones sobre lo anterior simplemente porque no hay el número suficiente de mujeres en posiciones de poder o directivas como para poder realmente sacar conclusiones.

Como sea, no cabe duda, es clave tener una perspectiva de género para avanzar realmente en la tan deseada equidad y ser más efectivos en la lucha contra la corrupción.

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